Columna: Punto Crítico.

BREVE HISTORIA DEL PRESIDENCIALISMO EN MÉXICO DESDE IMPERIO DE ITURBIDE

 

 

Por Miguel Á. Coronado.

Todos recordamos con mucho valor histórico el movimiento independentista de 1810 que acabo con los privilegios virreinales de la Nueva España. La filosofía jacobina marco un buen motivo en America del Norte y México. Inspiro la insurgencia para marcar una nueva génesis de Estado; un nuevo estilo de gobernar, un nuevo fin republicano. Agustín de Iturbide contrario a las convicciones de la libertad social sembrada, se declara monarca en 1822 violando los principios ideológicos recién creados, para que en forma posterior y con el mismo cinismo político, Santa Ana, “Su Alteza Serenísima”, gobernara el país durante diez y seis años, y quien estando preso por motivo de la guerra contra EE.UU., negociara su vida con la entrega poco ética de la mitad de nuestro territorio nacional y la venta de la Mesilla.

Distinguidos estadistas y verdaderos conocedores de la ciencia política, vendrían después para corregir abusos, como es el caso de Benito Juárez a quien se le debe la base constitucional republicana de 1857 a partir de las leyes de reforma (separación de la iglesia del Estado). También se le aplaude la defensa de la nación frente a las fuerzas francesas invasoras e intereses austro-húngaros con Maximiliano de Habsburgo (2do imperio).

  • presi
  • .
  • Para 1872 muere Juárez con honra y aparece un dictador mas destruyendo los ideales liberales previamente construidos, y nos referimos a Porfirio Díaz, aunque algunos lo glorifican por haber aperturado el comercio y la industrialización del país, pero con una entrega soberana de nuestro mercado domestico al interés extranjero, y sin beneficio cierto para el país como actualmente sucede. Se dice que Juárez era masón; sin embargo los legados históricos dan muestra de su dignidad humana. Así que observe que esos treinta años que llevaron a Porfirio Díaz a engrandecerse en sus distinciones honorarias, riqueza y orgullo, dejaron en la vil miseria a obreros y campesinos en las tiendas de raya hacia 1910.

    La intención de relegirse para un periodo más, pondría a prueba la fuerza política del Plan de San Luis de Francisco I. Madero para lograr exiliarlo y declararlo muerto para la patria. Sin embargo el apóstol de la democracia como Presidente tan solo permanecería en su cargo un año tres meses debido a la traición militar de Victoriano Huerta, usurpando el poder para servirse de él tras un golpe de Estado, aunque con una permanencia efímera también tras devenir la reacción carrancista con el Plan de Guadalupe, y así promulgar la constitución de 1917 que actualmente nos rige y declarar Presidente a su ideólogo, aunque Zapata y Villa no lo reconocen en la Convención de Aguascalientes por la falta de una verdadera representación hacia la pobreza. Pero la triada sonorense compuesta por Adolfo de la Huerta, Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles, consolidarían sus ideales políticos a la postre con el carrancismo, aunque con el  Plan de Agua Prieta en Sonora, terminaría con la vida de Carranza en 1920 y en manos de su propia guardia presidencial.

    Así que observemos que las sucesivas traiciones por la obsesión presidencial ya eran evidentes, ya que también en 1919 y 1923 Zapata y Villa son eliminados para siempre de la política social para ofrecerle así a Obregón la definición de su gobierno, y aparecer con una verdadera investidura militar y terminar con las sucesivas insurrecciones, sucediéndole en el cargo Plutarco Elías Calles a quien se le debe el nacer de las instituciones y el gobierno de Estado en su carácter “humano”. Sabemos de su guerra personal contra el clero católico arguyendo que la constitución siempre estará por arriba de cualquier autoridad papal y de cualquier autoridad eclesiástica.

    Así que la guerra cristera seria su principal conflicto y motivo por desear cuidar la autonomía nacional y definir el sentido del sexenio presidencial. Lázaro Cárdenas continuaría con la visión del “evangelio político de Calles”, instituyendo ayudas sociales hacia en 1940, pero con un distanciamiento poco entendible con su mentor, ya que lo enviaría al exilio. Nace entonces un México nuevo y “más justo”, aunque distorsionado por la avaricia civil naciente de los presidenciables que se extiende y se vuelve obsesión hacia 1970 con las políticas represoras, y en vísperas de una nueva falacia política neoliberal.

    Por tanto,  en esa estela de reacción, la presidencia debiera recoger esos principios de libertad histórica y hacerlos propios. No obstante, con el reciente fraude electoral parece continuar gris el escenario social con los ajustes macroeconómicos supeditados a los protocolos marcados en los tratados internacionales para romper soberanías.

    Correo: mcorona94@hotmail.com