LA POBREZA Y EL HAMBRE EN EL MUNDO.

Por Martín Carlos Ramales Osorio.

Para el economista inglés Thomas Robert Malthus (1766-1834), uno de los tres grandes clásicos de la ciencia económica junto con Adam Smith y David Ricardo, y quien plasmó sus ideas en su ya famoso y seminal Ensayo Sobre el Principio de la Población (1798), llegó a sugerir que la pobreza es inevitable, simple y sencillamente porque planteó una carrera muy desigual entre el crecimiento de la producción de alimentos y el crecimiento natural de la población, muy al estilo de la clásica carrera entre la tortuga (producción de alimentos) y la liebre (crecimiento de la población).

De manera específica, para el economista inglés la población tiende a crecer de manera geométrica (es decir, como 1, 2, 4, 8, 16, 32, 64, etc.), en tanto que la producción de alimentos tiende a hacerlo de manera aritmética (o sea, como 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, etc.). El resultado neto, escasez de oferta de alimentos pero en contrapartida exceso de oferta de trabajo, efecto dual que explicaría el empobrecimiento de amplios sectores de la población humana del planeta. Lo anterior, porque la escasez de oferta de alimentos empujaría los precios de éstos hacia arriba, en tanto que el exceso de oferta de trabajo empujaría los salarios hacia abajo, conduciendo a amplios sectores de la sociedad humana al mero nivel de subsistencia.

Con toda seguridad, la población mundial ha tendido a crecer pero no tan rápido como lo llegó a sugerir Thomas Robert Malthus, en tanto que la producción de alimentos no ha aumentado tan despacio como lo llegó a sugerir el gran economista inglés. Muy probablemente, en las regiones rezagadas del planeta, ahí donde los adelantos de la ciencia y la tecnología aplicadas al campo no son posibles, ahí donde prevalece la falta de instrucción y el analfabetismo, así como el hacinamiento, las previsiones de Malthus parece que se hacen realidad. En dichas regiones prevalece la pobreza y, por tanto, el hambre o la desnutrición.

Al respecto, y según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO por sus siglas en inglés) en su informe El Estado de la Inseguridad Alimentaria en el Mundo 2010, en 2009 el número de personas con hambre alcanzó los 1 023 millones, y se esperaba que esa cifra disminuyera hasta los 925 millones de personas en 2010. Como era de esperarse y suponer, la mayoría de las personas con hambre del mundo, el 98 por ciento del total, vive en las regiones pobres de la llamada economía mundo.

Los datos proporcionados por la FAO en el mencionado informe son sugerentes y reveladores: la mayoría de las personas con hambre del mundo se concentra en los países más poblados del planeta. En China y la India vive más del 40 por ciento de la población con hambre del mundo, en tanto que dos terceras partes habitan en tan solo siete países (Bangladesh, China, la República Democrática del Congo, Etiopía, la India, Indonesia y Pakistán).

A un nivel un tanto más general, los 925 millones de personas con hambre del mundo que la FAO estimaba para 2010 se repartían entre los distintos continentes que conforman el planeta de la siguiente manera: Asia y Pacífico, 578 millones; África Subsahariana, 239 millones; América Latina y el Caribe, 53 millones; Cercano Oriente y África del Norte, 37 millones, y países desarrollados, 19 millones. Que 925 millones de personas en el mundo padezcan hambre es inaceptable desde todo punto de vista, y en todo caso muestra el fracaso de la comunidad internacional, integrada por agencias especializadas de la ONU y por gobiernos de países desarrollados y en desarrollo, en sus intentos por reducir el hambre en el mundo; objetivos o intentos que la comunidad internacional se comprometió a cumplir en el Primer Objetivo de Desarrollo del Milenio (ODM1) y en el Objetivo de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación (CMA) de 1996.

Al respecto la misma FAO apunta más al fracaso que al éxito en los objetivos internacionales por reducir el número de personas con hambre en el mundo cuando establece que: “… Los países en desarrollo en su conjunto han registrado un retroceso generalizado en cuanto al objetivo de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación (de los 827 millones de personas subnutridas en 1990-92 se pasó a 906 millones en 2010), mientras que se han realizado ciertos progresos hacia la consecución del ODM1 (la prevalencia del hambre disminuyó desde el 20 % en 1990-92 hasta el 16 % en 2010)”. Lo anterior sin considerar que el número de personas hambrientas en 2009 se ubicó en 1
023 millones.

Sería ingenuo, sin embargo, decir que el hambre en el mundo se debe sólo a una desigual carrera entre la producción de alimentos y el crecimiento natural de la población; muy por el contrario, es el resultado lacerante de un conjunto de factores tales como los siguientes: la lógica de funcionamiento del sistema capitalista mundial que tiende a concentrar la mayor parte de la renta internacional total en un muy reducido número de naciones, o que tiende a agrandar las diferencias de renta entre países desarrollados y en desarrollo (los primeros se hacen cada vez más ricos en tanto que los segundos son cada vez más pobres, a pesar de la globalización y de un comercio internacional en ascenso); al monopolio de las grandes transnacionales de la alimentación (tales como Monsanto, Aventis, Novartis, DuPont, Bayer, Hi-Breed, Pionner, Astra-Zeneca, Nestlé y McDonald´s, entre otras muchas más), algunas de las cuales declaran utilizar la biotecnología con el objetivo único de erradicar el hambre del planeta, a las cuales no les interesa nutrir a los habitantes de los países ricos ni muchos menos alimentar a los pobres y hambrientos de los países en desarrollo, pues su objetivo único es la obtención de ganancias estratosféricas gracias a la venta de comida chatarra y de semillas transgénicas que pueden ser nocivas, según los especialistas, para la salud humana.

Inseguridad alimentaria del mundo que podría recrudecerse gracias a dos factores adicionales: uno, el calentamiento global, que según Lester Brown citado por Fidel Castro en sus Reflexiones del 30 de enero de 2011, “hace que resulte más difícil aumentar la cosecha mundial de granos con la rapidez suficiente para ir a la par del ritmo sin precedentes de la demanda, los ecologistas que se ocupan de los cultivos tienen su propia regla generalmente aceptada: por cada elevación de un grado Celsio en la temperatura por encima del nivel óptimo durante la temporada de crecimiento cabe esperar un descenso del 10% en el rendimiento de los granos”; y dos, el desvío creciente de granos desde la alimentación humana hasta las destilerías de etanol a fin de producir combustible para los automóviles (al respecto, Lester Brown citado por Fidel Castro proporciona los siguientes datos que son muy reveladores de una realidad que se hace cada vez más evidente: “en los Estados Unidos, donde se cosecharon 416 000 000 de toneladas de grano en 2009, 119 000 000 de toneladas se enviaron a las destilerías de etanol a fin de producir combustible para los automóviles. Eso bastaría para alimentar a 350 000 000 de personas al año”).

Resulta claro, en consecuencia, que la producción mundial de granos es más que suficiente para alimentar a las casi 7000 millones de personas que actualmente habitamos el planeta, pero Norteamérica prefiere gastar más en guerras inútiles y en mantener su confortable modo de vida que en alimentar a los pobres y hambrientos del mundo.

El panorama del hambre a nivel mundial se antoja cada vez más difícil e incierto. En México todo bien, poco más 22 millones de mexicanos viven en condiciones de pobreza alimentaria. El gobierno de Calderón subestima el problema: daños colaterales de la crisis financiera y económica internacional diría.

mramales2000@yahoo.com.mx