Panorama general de la condición de la mujer en México: numeraria.

 

Por Ricardo García Jiménez/APIM/UTM.

El Día Internacional de la Mujer (8 de marzo) constituye  una ocasión para reflexionar acerca de las condiciones sociales, políticas, laborales, económicas y educativas del grupo de mujeres que constituye nuestra sociedad mexicana. Reflexión que nos remite a preguntar en qué punto se encuentran las mujeres mexicanas hoy; cuestionamiento que nos lleva hacer un balance entre aquellos temas relacionados con la igualdad, la paz y el desarrollo de este grupo social.

A lo largo de las dos últimas décadas, una porción del grupo de mujeres mexicanas han sido promotoras del reconocimiento de sus derechos humanos que las han llevado a visibilizar, cabildear y proponer leyes que les permitan equiparar su situación de desventaja con respecto a otros sectores sociales del país. Esto las ha impulsado a iniciar una serie de campañas y manifestaciones públicas para colocar en el centro del debate nacional la importancia de la igualdad de género dentro de la agenda de las políticas públicas pendientes de nuestra nación.

Un grupo nutrido de activistas mujeres han exigido el reconocimiento de los derechos de todas las mujeres para que sean reconocidos como derechos humanos, y que la violencia contra ellas y las niñas sea considerada siempre en el marco de los derechos humanos.

 

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  • De ahí que cualquier tipo y forma de violencia contra las mujeres es limitar los esfuerzos canalizados a la reducción de la pobreza y la promoción del desarrollo de toda la sociedad. Las formas y modos de violencia dificultan la organización y la productividad de las mujeres, destruye su salud, impide que las niñas asistan a la escuela y que este grupo en general estén seguros sus derechos, ese ha sido parte de la cultura imperante en nuestra nación.

    Ante esta realidad México y la mayoría de los Estados Americanos han adoptado leyes y políticas públicas para eliminar la discriminación de género en áreas como la salud, la educación, empleo y política.

    A nivel mundial al menos 89 Estados Nacionales poseen alguna provisión legislativa dirigida a abordar la violencia de género. La violación de las mujeres es ahora un delito en casi  todos los países, y la violación conyugal puede ser sanciona da en al menos 104 naciones. Ello ha demostrado que a nivel mundial, y en el caso de México, se han tenido avances relativos en la materia, pero estos siguen siendo insuficientes.

    Pero cuál es la realidad de México en materia del respeto a los derechos humanos de las mujeres y la equidad de género. ¿Cuál es la situación demográfica, fecundidad y anticoncepción, salud materna infantil, mortalidad, nupcialidad, educación, entre otros rubros de la mujer mexicana?

    A continuación daremos una panorámica general bajo una base estadísticas que dan cuenta de las condiciones y la realidad de la mujer mexicana.

    Aspectos demográficos.

    Según datos obtenidos del Censo de Población y Vivienda 2010, en México hay 57.5 millones de mujeres y 54.9 millones de hombres, esto en otras palabras señala que más de la mitad de la población son mujeres (51.17%); lo anterior lleva a una relación de 95 hombres por cada 100 mujeres.

    Las entidades con la mayor presencia relativa de mujeres son el Distrito Federal, Oaxaca y Puebla con 92 hombres por cada 100 mujeres. Este fenómeno se puede explicar en parte por dos variables: primero, en las entidades señaladas, la migración es una de las causas que incide para que localidades sean habitadas mayoritariamente por mujeres, ancianos y niños, debido a que los hombres emigran por la necesidad de obtener mayores y mejores recursos económicos para el sustento de sus familias; y dos, porque en muchas de las localidades de estas entidades la tasa de mortalidad de hombres está asociada a crímenes o delitos perpetuados hacia el sector masculino.

    Un dato que resulta revelador es que las mujeres tienen una estructura relativamente más envejecida en relación con la de los hombres, así la edad mediana de las mujeres en el país es de 26 años, mientras que la de los hombres es de 25 años.

    Lo anterior también puede ser explicado a partir de factores demográficos tales como el número de nacimientos de hombres es mayor al de las mujeres. Mientras que las mujeres registran una mayor sobrevivencia ante enfermedades y situaciones de migración y delincuencia que los hombres, de ahí que el número de mujeres sea mayor en ciertos grupos de edades.

    En una distribución por grupos de edad se puede observar que, en el grupo de menores de 15 años la proporción de mujeres es de 28.2%, mientras que la de los hombres es de 30.5 por ciento. En contraparte, en los grupos de 15 a 59 años y de 60 años y más la tendencia se revierte. En estos grupos la proporción de mujeres es de 62.3 y 9.3%, respectivamente.

    Distribución porcentual de la población por sexo,
    según grandes grupos de edad 2010.

    grafico01

    Fuente: Elaboración propia con datos del  INEGI. Censo de Población y Vivienda 2010

    Con datos obtenidos de la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID) 2009, más de la mitad de la población de mujeres hablantes de lengua indígena (1 526 069) de 5 a 29 años de edad no asisten a la escuela (48.7%). Por nivel de instrucción, 3 de cada 10 (29.1%) hablantes de lengua indígena de 15 años y más no cuenta con instrucción alguna, es decir, más de 20 puntos porcentuales respecto al total de mujeres de este grupo de edad; una de cada diez mujeres (9.6%) cuenta con un nivel medio superior y superior. Como resultado de lo anterior el promedio de escolaridad de las mujeres indígenas es de únicamente 4.5 grados situación que las coloca como un grupo vulnerable.

    Por otra parte, el 5.7% de las mujeres de 5 años y más hablan alguna lengua indígena. Esta es una población con una estructura demográfica envejecida donde más de la séptima parte (15.2%) tiene 60 años y más, sólo una cuarta parte (25.2%) tiene de 15 a 29 años, una quinta parte (18.4%) tiene de 5 a 14 años y la mayor proporción (41.2) tiene de 30 a 59 años. Otro dato que se puedo obtener de la ENADID señala que del grupo de mujeres indígenas de 12 años y más que forman parte de la PEA, el 98.8% se inserta al mercado laboral, en tanto que el 1.2% restante son mujeres que buscan empleo.

    En relación con la fecundidad y anticoncepción, y a partir de la ENADID, más de la mitad de las mujeres en el país (53%) se encuentran en edad fértil (de 15 a 49 años), de las cuales, dos de cada tres han estado alguna vez embarazadas. Más de la tercera parte (34.9%) no ha tenido hijos nacidos vivos, 15.6% ha tenido uno, 19.7% ha tenido dos, y 29.8% ha tenido más de dos hijos.

    Por otra parte, la tasa global de fecundidad en el país para el año 2010 era de 2.3 hijos por mujer. En el mismo sentido, la tasa de fecundidad por entidad federativa muestra que  Chiapas y Guerrero poseen 2.7 hijos por mujer;  Aguascalientes y Oaxaca 2.6, Estas entidades presentan las tasas de la fecundidad más alta del país; en tanto que el Distrito Federal (1.8) y Baja california Sur (2.0) tienen tasas por debajo del nivel de reemplazo y renovación poblacional.

    Con respecto a la anticoncepción, en la actualidad existe una amplia gama de métodos para planificar el número de hijos que se desean tener. Los datos obtenidos ENADID indican que las mujeres en edad fértil, el 98%, conoce al menos un método para evitar o retrasar un embarazo, pero sólo el 72.5% de las mujeres que viven en pareja lo utilizan. Por tipo de método, casi la mitad de las usuarias en edad fértil (48.8%) están operadas para no tener hijos; 28% usan métodos no hormonales; 14.2% utiliza métodos hormonales, 6.3% recurre a los métodos tradicionales y 2.7% de las parejas de estas mujeres optaron por que sus parejas se realizaran la vasectomía. Cabe destacar este último punto, ya que por cuestiones de tipo cultural la mayoría de los hombres del país no utilizan algún método de anticoncepción o protección para prevenir enfermedades de trasmisión sexual, dejando esta responsabilidad a las mujeres. 

    Salud Materno Infantil.

    En otro rubro, y partiendo también de la ENADID 2009; en el periodo 2004-2009, el 45.1% de las mujeres entre 15 a 49 años reportó al menos un embarazo. Así el 97.3% de éstas tuvo revisión prenatal, y de ese total, la mayoría fue revisada por personal capacitado (98.1%). El número promedio de revisiones asciende a 7.4, cifra que supera al mínimo recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

    La información de la ENADID 2009 revela que el 7.7% de los últimos embarazos ocurridos en el periodo señalado terminaron como aborto. Por grupos de edad, esta proporción es de 9.2% entre las jóvenes de 15 a 19 años, en el grupo de 20 a 24 años se incrementando paulatinamente y en grupos posteriores este fenómeno se incrementa en relación a la edad. Al final del ciclo reproductivo, más de la cuarta parte de las mujeres de 45 a 49 años ha experimentado una pérdida antes de que el producto fuera viable. Esto plantea la necesidad de una instrumentalización de políticas públicas en el sector salud para la atención de embarazos de alto riesgo en los grupos de mujeres en etapas finales de su vida reproductiva.   

    De los partos ocurridos entre 2004 y 2009, 56.8% fueron normales, 21.1% fueron por cesárea programada y 22% por cesárea de emergencia. Durante el mismo periodo, casi dos terceras partes (63.2%) de las mujeres en edad fértil que tuvieron un embarazo se realizaron una revisión posparto en los primeros quince días después de haber ocurrido el evento, el porcentaje restante nunca acudió a revisiones post parto por diversas causas, resaltando la falta de recursos económicos o de servicios de salud próximos a sus localidades.

    salud

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  • Mortalidad.

    Con respecto a la tasa de mortalidad, se estimó sobre la ENADID que para el año 2010 la esperanza de vida en México fue de 77.9 años para las mujeres y de 73.2 para los hombres. La brecha de casi cinco años se explica por la mayor mortalidad masculina ocurrida principalmente en edades jóvenes y adultas por los factores ya antes citado. En 2009, el grupo de edad de los 15 a los 49 años la tasa de mortalidad de los hombres era de 2.8 por cada mil, es sensiblemente mayor que la de las mujeres que es de 1.1 por mil. El siguiente cuadro ilustrar mejor este fenómeno socio-demográfico.

    Tasas de mortalidad y sobremortalidad masculina por grupos de edad
    según sexo 2009


    GRUPOS DE EDAD

    TOTAL

    HOMBRES

    MUJERES

    SOBREMORTALIDAD1

    Total
    Menores de 15 años
    15 - 49
    15 - 29
    30 - 59
    60 y más

    5.32
    1.4
    1.9
    1.2
    3.7
    37.5

    5.9
    1.5
    2.8
    1.8
    5.0
    41.4

    4.5
    1.2
    1.1
    0.6
    2.6
    34.3

    131.1
    132.4
    246.5
    288.3
    193.5
    120.7

    1. Razón de las tasas de mortalidad de hombres y mujeres por grupos de edad.
    Fuente elaboración propia con estimaciones con base en INEGI. Estadísticas de defunciones 2009. Base de datos y CONAPO.
    Proyecciones de la población de México 2005-2050.


    Las principales causas de muertes atribuidas a enfermedades entre la población de mujeres es la diabetes mellitus. Para el periodo 2007 a 2009, en cada año fallecieron alrededor de 39 mil mujeres por este padecimiento, esto es una de cada seis de las muertes femeninas totales; le siguen las enfermedades isquémicas del corazón con 26 mil defunciones promedio anual; la tercera causa de muerte son las enfermedades cerebrovasculares que provocan el deceso de 16 mil mujeres cada año.

    Nupcialidad.

    Otro de los fenómenos asociado a la condición de mujer es la nupcialidad. Acorde a los mismos datos de la ENADID 2009, en el país seis de cada diez mujeres de 15 años y más están casados o viven en unión libre; tres se encuentran solteras, y una es separada, divorciada o viuda. Resulta interesante el dato porque del el podemos inferir que casi el 60 por ciento de las mujeres del país mantienen algún tipo de relación en pareja, ello no necesariamente establece una correlación con los índices de fecundidad  Mientras que, en general, los hombres vuelven a unirse, las mujeres tienden a permanecer sin pareja una vez que se disolvió su vínculo conyugal, lo cual se refleja una mayor proporción de mujeres separadas, divorciadas o viudas.

    Entre la población de 15 años y más, las mujeres se unen o se casan por primera vez a edades más jóvenes que los hombres con una diferencia de 2.8 años. Conforme aumenta la escolaridad, la postergación de la unión es mayor, en las mujeres con estudios superiores llega a ser de 28 años en adelante.

    Según las Estadísticas Vitales del año 2008, en México se registraron 589 mil 352 matrimonios, que reflejan una tasa bruta de nupcialidad en el país de 5.5 matrimonios por mil habitantes. Lo más común es que el varón sea mayor que su cónyuge, sobre todo en las parejas donde éste tiene 50 años o más (87.6%), esta proporción disminuye si el varón tiene de 30 a 49 años (78.5%) y llega a 62.8% cuando es menor de 30 años.

    La distribución de las personas que contrajeron matrimonio según su nivel de escolaridad, se concentra en ambos sexos en el nivel de secundaria o equivalente (alrededor de 34%); no obstante, en 20.8% de las parejas, el hombre tiene una escolaridad mayor a la de la mujer; en 57.5%, ambos tienen la misma escolaridad, y en 21.7% la mujer cuenta con una escolaridad mayor.

    Nupcialidad

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  • Conforme a su condición de actividad económica, 96% de los varones trabajaban al momento de contraer matrimonio, en tanto que sólo 40% de las mujeres lo hacían. Además hay que señalar que para el 2008, los procesos de divorcio concluidos ascendieron a 81 mil 851, esto es que por cada 100 enlaces registrados ocurrieron 13.9 divorcios; del total de divorcios, 84.3% se resolvieron por la vía judicial y 15.7% por la administrativa.

    De los divorcios judiciales, en 13 mil, esto es 18.9%, fue la mujer quien lo solicitó. En 63.8% de éstos el motivo del divorcio fue la separación del hogar conyugal, en 17.7% por abandono del cónyuge sin causa justificada, mientras que en 6.4% la pareja se negó a contribuir al sostenimiento del hogar.

    Educación.

    Existen casi por cuantificación universal la evaluación de si un pueblo o nación se encuentra ubicado en los límites de la marginación y la pobreza a través de variables como los índices de educación posee su población. La condición de la educación reflejada en México y para el sector femenino de los últimos años muestra que las mujeres han logrado un mayor acceso al sistema educativo y por tal razón su nivel de escolaridad ha aumentado moderadamente, como lo muestran las cifras de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) al segundo trimestre de 2010.

    El dato obtenido revela que 40 de cada 100 mujeres de 15 a 29 años tienen algún grado de la educación media básica, mientras que 5.6% no cuenta con escolaridad o tiene primaria incompleta. En contraste, 57.6% de las mujeres de 60 años y más no tienen instrucción o no terminaron la primaria. Lo anterior refleja un problema de ruptura generacional entre los grupos de edad de las mujeres, ya que a mayor edad menor instrucción educativa.

    Pero esta realidad se acentúa y sesga en poblaciones indígenas. Es en ese sector donde las mujeres presentas los rezagos educativos más agudos del país. Datos obtenidos del CONAPO señalan que más de la mitad de las mujeres hablantes de lengua indígena de 5 a 29 años de edad no asisten a la escuela (48.7%). Por nivel de instrucción, 3 de cada 10 (29.1%) hablantes de lengua indígena de 15 años y más no cuenta con instrucción alguna, es decir, más de 20 puntos porcentuales respecto al total de mujeres de este grupo de edad; una de cada diez mujeres (9.6%) cuenta con un nivel medio superior y superior. Como resultado de lo anterior el promedio de escolaridad de las mujeres indígenas es de únicamente 4.5 grados. 

    educacion

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  • Con información obtenida de la ENOE, el porcentaje de mujeres de 15 años y más, en ámbito nacional, que no estudiaron o bien no aprobaron algún grado del nivel medio básico es mayor respecto al de los hombres en casi tres puntos porcentuales (37.8 y 34%, respectivamente); en contraste en los niveles medio superior y superior la proporción de mujeres es menor a la de los hombres (28.8% y 34.4%, cada cual).

    En consecuencia el promedio de escolaridad de los varones (8.8) es mayor que el de las mujeres (8.4), pero en una distribución por entidad las mujeres que habitan en los Estados del sur de país sus niveles de escolaridad son menores. Lo anterior nos permite inferir que el derecho a la educación, el acceso a los sistemas de instrucción formal y los servicios educativos de calidad acorde con la realidad del país, se dan de manera desigual en todo el territorio nacional, sesgando la viabilidad educativa en aquellas entidades del sur del país y de aquellas que concentran un importante núcleo de población hablante de lengua indígena.

    Trabajo y desarrollo económico.

    En otro orden de ideas, la participación de las mujeres en el mercado de trabajo conjuga por una parte, una actividad productiva redituable en términos económicos y la realización de quehaceres domésticos lo que implica una situación complicada para el desarrollo socio-profesional de las mujeres. Conforme a datos obtenidos de la ENOE 2010, para segundo trimestre, el 42.5% de las mujeres de 14 años y más forman parte de la población económicamente activa (PEA), de las cuales, sólo 96% combina sus actividades extra-domésticas con quehaceres domésticos, aspecto que resulta contrastante con el de los varones, donde 57.2% cumple con esta doble condición.

    trabajo

    Las mujeres que participan en la producción de bienes y servicios (población ocupada) representa 94.8% del total de la PEA femenina, en tanto que 5.2% corresponde a mujeres que buscan trabajo y no lo encuentran (tasa de desocupación). En cuanto a la población ocupada, dos terceras partes de las mujeres (64.8%) son subordinadas asalariadas, una cuarta parte (25.8%) son trabajadoras independientes (empleadoras o por cuenta propia); en los varones la proporción de empleadores es mayor a la de la mujer, 6.2% contra 2.4%, y el porcentaje de mujeres que trabajan sin pago (9.4%) es cuatro puntos porcentuales mayor al de los varones (5.1 por ciento). Los datos muestran en esencia una inequidad en cuanto a los derechos laborales de las mujeres mexicanas. 

    Como dato complementario, la inserción de las mujeres en el mercado laboral se ha concentrado en actividades del sector terciario, de las cuales destacan: 31.7% son comerciantes, 27.4% son trabajadoras en servicios personales y 14.4% son oficinistas.

    Por nivel de instrucción, dos terceras partes de las mujeres ocupadas cuentan con secundaria completa o su equivalente, o bien con nivel medio superior y superior, proporción que resulta mayor a la de los varones en más de cinco puntos porcentuales.

    El ingreso por hora trabajada en todos los niveles educativos es mayor en los hombres y se hace más pronunciado cuando el nivel de escolaridad es mayor, las mujeres con instrucción medio superior y superior ganan 5.4 pesos menos por hora que los varones con la misma instrucción; cabe señalar que, es en este nivel donde el porcentaje de mujeres que desempeñan un trabajo calificado supera las dos terceras partes (68%) de la población ocupada, es decir, ocho puntos porcentuales más que el de los hombres (60.4 por ciento).

    Hogar.

    Otro dato que se pudo obtener de la ENOE es el relacionado con la relación de las mujeres y el hogar, donde se expresa que de cada cuatro hogares (25.5%) es encabezado por una mujer; de éstos, 8.4% de las jefas tienen menos de 30 años, 37.3% tienen de 30 a 49 años, 20.9% de 50 a 59 años, mientras que la tercera parte (33.4%) son adultas mayores.

    Los hogares con jefatura femenina tienen en promedio 3.2 integrantes, tamaño que es menor al de los hogares con jefatura masculina (4 miembros). De los hogares con jefatura de mujeres, 18.3% son unipersonales, mientras que entre los dirigidos por un varón dicho porcentaje es de 6.5 por ciento.  

    De los hogares dirigidos por una mujer, 80.8% son de tipo familiar (donde al menos uno de los integrantes tiene relación de parentesco con ella), de éstos, menos de la mitad (46.5 por ciento) se componen por cuatro o más integrantes. Los hogares encabezados por un hombre son predominantemente de tipo familiar (93.1%), de los cuales dos de cada tres tienen cuatro integrantes o más.

    hogar

    Participación política y toma de decisiones.

    Fue 17 de octubre de 1953 cuando apareció publicado en el Diario Oficial el decreto que permitía que las mujeres mexicanas tuvieran derecho a votar y ser votadas para ocupar puestos de elección popular. Esto hecho de la vida política de las mujeres fue el resultado de un largo proceso de lucha por parte de este sector social que había comenzado muchos años atrás con los movimientos de la Revolución Mexicana y algunos otros que demandan el reconocimiento constitucional de la plena ciudadanía de millones de mujeres. Ciertamente que durante la Revolución Mexicana, la anexión miles de mujeres al movimiento fue importante, no sólo como acompañantes de los soldados quienes desempeñaban las tareas tradicionales como lavar, cocinar y cuidar a sus hijos, sino que también tuvieron actividades militares participando en batallas y en la toma de decisiones políticas.

    politica

    Aun cuando la historia de nuestro país muestra que las mujeres han tenido una presencia relevante en los movimientos políticos y sociales, su participación en las tareas de gobierno y toma de decisiones posterior a la gesta revolucionaria de 1910 ha sido limitada. Hasta ahora, todos los presidentes mexicanos han sido varones y sólo en cinco ocasiones se han postulado mujeres como candidatas a la presidencia de la república.

    No se diga en otros cargos de representación popular como diputaciones federales y locales, senadurías y gubernaturas. Y todavía es más cerrada y limitada la presencia de mujeres en el ejercicio de presidencias municipales y regidurías.  

    En las seis últimas administraciones federales –de 1976 a la fecha– han ocurrido 227 cambios en los gabinetes legales, 5 incluyendo los nombramientos al inicio de cada gestión, pero sólo en 17 de estos se consideró a alguna mujer para ocupar una secretaría de Estado o la jefatura de la Oficina Presidencial, esto equivale a 7.5% de todas las designaciones.

    En el nivel estatal, en los últimos 30 años, sólo cinco mujeres han gobernado alguna entidad federativa (Colima, Tlaxcala, Yucatán –en dos ocasiones– y Zacatecas), y una encabezó el gobierno del Distrito Federal.

    De acuerdo con los resultados de la Encuesta Nacional de Gobierno, Seguridad Pública y Justicia Municipal 2009, sólo 129 municipios de un total de 2,457 municipios y 16 delegaciones del Distrito Federal, estaban gobernados por una mujer.

    En el poder legislativo federal, desde 1953 cuando se aprobó el voto femenino en nuestro país y hasta la fecha, ha habido 159 senadoras, 925 diputadas, esto significa que a lo largo de estos más de 58 años las mujeres han ocupado sólo el 14% del total de curules en el Congreso. De los mil 137 diputados, que en febrero de 2011 integraban los congresos de los estados y la Asamblea del Distrito Federal, 23.7% son mujeres. El congreso local con mayor proporción de mujeres es Quintana Roo con 40%, mientras que el de menor proporción es Aguascalientes con 7.4 por ciento.

    A nivel municipal, 7 de los 2 mil 543 síndicos registrados a nivel nacional, 357 eran mujeres (14 por ciento); mientras que de los 17 mil 336 regidores que integraban estos mismos gobiernos, 4 mil 757 (27.4%) eran mujeres.

    Al igual que en los otros poderes, la participación de las mujeres en el Poder Judicial es muy reducida: de los 11 magistrados que integran la Suprema Corte de Justicia, sólo dos son mujeres. En el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, sólo una de siete magistrados es mujer y ninguna forma parte del grupo de seis consejeros que, en febrero de 2011, integraban el Consejo de la Judicatura.

    En lo que corresponde a los Tribunales Colegiados y Unitarios de Circuito así como a los Juzgados de Distrito, de cada diez puestos de ministros, magistrados y jueces, solo dos son ocupados por mujeres. Lo anterior denota un importante rezago de equidad en participación en la actividad política y la toma de decisiones del sector femenino.

    Muerte por violencia intencional.

    En los últimos 6 años, la violencia hacia las mujeres ha cobrado miles de vidas que han sido etiquetados como Feminicidio, de los cuales las autoridades federales y locales han muchos de estos casos denunciados. Sin duda alguna la violencia más grave es aquella que busca acabar con la vida de las mujeres, ya sea de manera directa o indirecta, de ahí la importancia de contar con datos que den cuenta de los homicidios y suicidios, y de todas aquellas formas de violencia ejercida hacia este sector de la sociedad.

    Algunos datos proporcionados por algunas procuradurías estatales y la federal dan cuenta que del total de muertes por violencia registradas en el país en 2009, cerca de 3 mil, fueron de mujeres y 22 mil de hombres, lo que arroja una tasa de 5.3 y 41.7 decesos intencionales por cada 100 mil, respectivamente.

    En las muertes por violencia, el homicidio ocupa el primer lugar como causa de muerte y en segundo lugar se encuentra el suicidio. Los suicidios tienen un peso porcentual mayor dentro de las muertes por violencia de mujeres (33.9%), en comparación con las de la población masculina (19.1%), en tanto que la proporción es inversa en el caso de los homicidios, para 2009 entre los varones esta causa representó 80.9% de las muertes por violencia y en las mujeres el 66.1 por ciento.

    De 2005 a 2009 la tasa de homicidios por cada 100 mil mujeres pasó de 2.4 a 3.5 muertes, mientras que la de suicidios pasó de 1.8 a 2.2 muertes por cada 100 mil mujeres de 10 años y más, registrando su nivel mayor en el grupo de mujeres de 15 a 19 años de edad: 4.7 suicidios por cada 100 mil mujeres de esas edades. Estos datos, aunque las tasas pudieran representar un incremento moderado, en términos reales las muertes van en aumento constante.  

    violenciamujeres

    En la actualidad el Estado Mexicano no cuenta con cifras confiables que permitan estimar la magnitud de los homicidios dolosos contra mujeres y niñas en el país.  Los datos oficiales manejados por algunos órganos de gobierno, como las  Procuradurías de Justicia Estatales, no coinciden con las cifras difundidas por las instancias Federales y mucho menos con las maneja das por las organizaciones de mujeres y de defensa de los derechos humanos.

    Para el año de 2007 el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF) inició la  investigación sobre la violencia feminicida en el país, con el propósito de visibilizar este grave problema y contribuir a la creación de mecanismos eficientes para su prevención, sanción y erradicación. A lo largo de dos años, de enero de 2007 a diciembre de 2008, el OCNF documentó, 221 homicidios dolosos contra mujeres y niñas en 12 entidades. El análisis reveló que la violencia ocurre con mayor frecuencia en mujeres de 21 a 40 años de edad, con 530 víctimas (43%), seguida por las mayores de 40 años, con 294 homicidios (24%), y por las niñas y jóvenes menores de 20 años, con 285 víctimas (23%). Una de cada cuatro mujeres (26%) murió como consecuencia de un disparo de arma de fuego (314 casos), mientras que un poco menos de la mitad (43%) perdió la vida como consecuencia de actos que implican el uso excesivo de la fuerza y las agresiones físicas, tales como la asfixia, las heridas punzo cortantes y el traumatismo craneoencefálico (522 víctimas).

    Es importante destacar que en 841 homicidios dolosos de mujeres documentados en 2007 y 2009 (69%), no se cuenta con información para establecer el motivo que desencadenó el asesinato. De los 380 homicidios que contienen dicha información, destacan los originados por problemas familiares y de pareja (97 víctimas), la celotipia (57 casos) y la misoginia (39 casos).

    La investigación también mostró que de los 553 casos (45%) que registraron información sobre la relación de la víctima con el homicida, la mayoría se refiere a asesinatos cometidos por personas con quienes las niñas y mujeres tenían una relación, como la pareja (246 víctimas), algún familiar cerca no (120 víctimas) o un conocido, vecino o integrante de la familia política (94 casos).

    Conclusión.

    De la información presentada podemos concluir que la condición de las mujeres mexicanas a tenido avances importantes pero siguen existiendo retrasaos en la implementación de políticas públicas que traten de suavizar esas asimetrías que existen entre géneros. Ciertamente que México sigue siendo un país permeado por una cultura machista que tiende a menoscabar los derechos de las mujeres en todos los ámbitos y quehaceres de este sector. La información presentada solo rescata de manera general esa vulnerabilidad que persiste en cada una de las mexicanas.

    Existe casi de manera sistemática una negación y omisión de información sobre la violencia, formas de discriminación, asesinatos y deterioro de los derechos de las mujeres y niñas por parte de las autoridades encargadas de esclarecer este tipo de crímenes y discriminaciones que constituye un acto de Violencia Institucional, según la Ley General de Acceso a las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, en su capítulo IV. En ella se establece que la Violencia Institucional implica actos u omisiones de las y los servidores públicos de cualquier orden de gobierno, que discriminen o tengan como fin dilatar, obstaculizar o impedir el goce y ejercicio de los derechos humanos de las mujeres, así como su acceso al disfrute de políticas públicas destinadas a prevenir, atender, investigar, sancionar y erradicar los diferentes tipos de violencia y formas de discriminación.

    Esa es la realidad de las mujeres mexicanas.