Columna: Punto Crítico.

 

DÍA INTERNACIONAL DE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN.

Por Miguel A. Coronado/APIM.

 ¿Qué encierra este derecho? Yo creo que cualquier ser humano comprende la libertad; la libertad de expresarse en público o en privado sobre la atención de cualquier tema, asunto o materia de interés, y en cualquier lugar o sede, sin ninguna restricción, más que la que perturbe la necesidad de un silencio programado.

El ser humano habla y se expresa porque tiene la necesidad natural de hacerlo, tiene el sumo interés de comunicar un sentimiento que le incomoda, y desea proclamarlo a más de una concurrencia, a un interlocutor o confidente. Eso es entender la libertad de expresión. Y es por tanto que no debe existir mordaza jurídica alguna que impida ese derecho consagrado en el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Así que tenemos una necesidad de divulgar lo que nos incomoda, y que no es propio para los que albergan sentimientos injusticia humana.

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  • Por tanto, resulta muy natural que el ciudadano proteste por el mal proceder de la política, de la economía, e incluso, de la religión mercantilista que esclaviza. Así que en virtud de tanta injusticia humana, de tanto materialismo, el ser humano tiene el derecho inalienable y el deber moral de expresarse en contra de lo que le parece una violación a sus principios de existencia, ya que el poder reposa en el pueblo que le da vida a la política de un país como asamblea representativa y el representante político su súbdito, pero en la arquitectura política de hoy no se ve ni se entiende de ese modo, ya que la materialidad reposa sobre el corazón de los individuos que aman la avaricia más allá de la norma, así que de ese modo la injusticia humana aumenta desproporcionadamente en tanto se concentra el capital, siendo evidente que los representantes políticos del pueblo en cada parlamento debieran ser los auditores de la función política de un gobierno para sanar las democracias; más sin embargo, el poder corrompe y viola derechos humanos; viola la estabilidad social de un país, de una comunidad ante la oferta extraordinaria de dinero.

    Y así está el mundo de hoy cuartando el interés de la crítica, disminuyendo el interés de la profesión periodística, y en base a una opinión que no se tolera, que no es aceptada ante la pasión de pensamientos liberales, dándose por hecho reclamos de intimidación y amenazas de muerte, o tal caso intervenciones de correos electrónicos y/o celulares, o vigilancia extraordinaria de nuestros actos humanos para fincarnos responsabilidades, y en fin, hasta amenazas contra la familia, lo cual no es justo; porque si se restringe el derecho de opinar, se volverá sucia la convivencia humana. Eso es importante dilucidar en el entorno, aun cuando sea evidente la relatividad en este mundo. Pero en que radica la verdadera importancia de la libertad de expresión. Pues diríamos que en el interés de conocer las cosas en su extendida probidad, lo cual permite auscultar los sentimientos del yo interior en procuración de entender la justicia humana.

    Decía Elbert Einstein: “El verdadero valor de un ser humano puede hallarse en el grado en que ha logrado liberarse de sí mismo”  Es decir, de su sentimiento egoísta, de la corrupción, del celo; y de todo aquello que no permita la tolerancia, ya que en medio del poder material que nos envuelve, la sociedad queda reprimida, o incluso las capacidades físicas e intelectuales en los miembros de una familia por virtud del totalitarismo, merman.

    Un hogar machista o feminista en el contexto de lo que se habla, no permite libertades de ninguna especie. Así también cuando el poder de un gobierno se materializa en ese sentimiento frío de solo yo, pierde la noción de lo que significa justicia humana. Por tanto no podemos permitir que la libertad de expresión en la era global muera, porque entonces estaremos expuestos al sueño totalitario de Adolfo Hitler, Mussolini o Franco en una nueva dimensión. Las libertades que nos heredó el tratado de Westfalia en 1630 significan mucho para el futuro.

    Así que no es bueno un retroceso a la esclavitud del siglo XV. El pensar y expresarse libremente es parte de la diversidad que hoy vivimos, y tenemos que afrontarlo como tal. Mi opinión vale como cualquiera otra, aunque no esté en la misma simetría del interés de otras opiniones. Es válido que se me escuche y se me lean mis posturas de opinión. Al igual que un periodista tengo derecho a divulgar lo que para mí es de interés humano. Esa es mi libertad de prensa, mi libertad de opinión. Un escritor por igual, tiene todo el derecho de escribir sobre sexo, religión, o incluso, si es de su interés, promover la adoración al diablo, y nadie le debe de impedir su inquietud cultural. Estarán algunos no muy de acuerdo en sus posturas, pero debe ser tolerado. Por tanto la diversidad nos hace únicos en esta transculturización del mundo. Así que celebremos la libertad de opinar para equilibrar la conciencia humana.

    Correo: mcorona94@hotmail.com