ECONOMÍA MEXICANA: AUSENCIA DE CRECIMIENTO ECONÓMICO EN 2013

 

Por: Martín Carlos Ramales Osorio/APIM.

Es posible que durante febrero de 2014 el PIB de la economía mexicana en comparacion de 2013 que creció 1.1 por ciento, tenga un crecimiento, muy por debajo del crecimiento de la población de 1.3 por ciento según el Consejo Nacional de Población (CONAPO, www.conapo.gob.mx), situación que condujo a una caída del ingreso real por habitante (González Amador, 2014/02/21: www.jornada.unam.mx/ultimas/2014/02/21/crecio-la-economia-1-1-en-2013-menos-de-una-tercera-parte-del-avance-de-2012-5576.html).

Dicho desempeño del mencionado indicador del crecimiento económico en el año que recién terminó, es resultado de un crecimiento particularmente lento durante el primer trimestre de 2013, de 0.6 por ciento con respecto al mismo periodo del año anterior (2012); de un ligero repunte durante el segundo trimestre, que registró un crecimiento de 1.6 por ciento; de una ligera desaceleración en el tercer trimestre, que registró un incremento de 1.4 por ciento y, finalmente, de una desaceleración bastante pronunciada del crecimiento económico durante el cuarto trimestre del año que recién terminó, mismo que se ubicó en 0.7 por ciento con respecto al último trimestre de 2012 (INEGI (BIE), 2014: www.inegi.org.mx/sistemas/bie/).

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  • De manera tal que durante el primer año de la gestión de Enrique Peña Nieto, la economía mexicana experimentó un comportamiento errático, al igual que un desempeño muy pobre en términos del PIB total y en un retroceso significativo en términos del ingreso real por habitante. Lo anterior, cuando la economía mexicana requiere de un crecimiento económico alto y sostenido para generar los empleos necesarios y suficientes que requiere el incremento de la Población Económicamente Activa (PEA), así como para elevar el ingreso real de las personas y de las familias, ambas condiciones indispensables para mejorar el bienestar social.

    Según la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHyCP), misma que dirige el conservador economista Luis Videgaray, el escaso crecimiento del PIB en 2013 es atribuible a la disminución de exportaciones manufactureras a Estados Unidos, al retraso en el ejercicio del gasto público durante el primer semestre de 2013 y a la crisis por la que atraviesa la industria de la construcción. En el mismo tenor, según analistas del Grupo Financiero Banorte-Ixe el escaso crecimiento del PIB de la economía mexicana en 2013 es explicado por los siguientes factores: el débil crecimiento de la economía estadounidense en el primer semestre de 2013, la severa caída del sector de la construcción de vivienda, el estancamiento del gasto del sector público y el escaso dinamismo del gasto de los consumidores (Rodríguez Israel, 2014/02/16: www.jornada.unam.mx/ultimas/2014/02/16/en-2013-el-crecimiento-economico-de-mexico-sera-de-entre-1-1-y-1-2-por-ciento-5022.html).

    Es decir, que el escaso crecimiento económico de 2013 es explicado por la debilidad, por el escaso dinamismo de casi todos los componentes de la demanda agregada (las exportaciones netas, el gasto público y el gasto en consumo de las familias). En la medida en que el principal mercado de exportación de México son los Estados Unidos, toda vez que la economía de este país ve desacelerar su crecimiento económico o entra en una recesión a la economía mexicana le va muy mal ya que ve disminuir sus exportaciones hacia el vecino del norte; y al disminuir las exportaciones de México a los Estados Unidos, el crecimiento económico de México se ralentiza también.

    Desafortunadamente con el TLCAN México subordinó su desenvolvimiento económico a los vaivenes de la economía norteamericana que no es precisamente muy dinámica y muy estable, toda vez que está dominada por los designios del poderoso capital financiero transnacional que tantas crisis recurrentes le ha infringido a la economía mundial globalizada en los últimos años.

    Por otra parte, el estancamiento del gasto del sector público es otro de los factores que mantienen estancada a la economía nacional. Estancamiento del gasto público que seguramente obedece al objetivo gubernamental de presupuesto equilibrado (o “déficit cero” en la terminología de Luis Videgaray), o mejor todavía, superávit presupuestal (entendido como el exceso de ingresos sobre gastos públicos). Objetivo éste que contribuye al logro de la famosa estabilidad macroeconómica que se viene procurando, manteniendo y presumiendo desde los tiempos de Miguel de la Madrid (1982-1988) hasta nuestros días. Estabilidad macroeconómica que ha tenido su contraparte: estancamiento económico, desempleo, pérdida de poder adquisitivo del salario, pobreza y déficit en balanza comercial.

    Por último, el escaso dinamismo del gasto de los consumidores se explica fácilmente por el desempleo y por la pérdida de poder adquisitivo del salario, así como también por las expectativas pesimistas acerca del futuro económico mediato e inmediato: las personas retienen efectivo en previsión de un recrudecimiento de las condiciones económicas adversas que prevalecen en el presente.

    Lo anterior, toda vez que la política económica de Enrique Peña Nieto es más de lo mismo: profundización de medidas de corte neoliberal que se vienen aplicando desde el primero de diciembre de 1982 y que han consistido en privatizaciones de empresas públicas (solamente faltaban PEMEX y la CFE) y en la apertura comercial y financiera de la economía mexicana que seguramente irá más allá de profundizarse el TLC con los Estados Unidos y el Canadá (para eso la Cumbre de Toluca entre Obama, Harper y Peña).

    ¿Qué nos debe hacer pensar que con Peña a los mexicanos nos irá mejor cuando está ensayando precisamente las mismas medidas de política económica que aplicaron De la Madrid, Salinas, Zedillo, Fox y Calderón en su momento y que tantos saldos negativos le han acarreado a la economía y a la sociedad mexicana? ¿Cómo creerle a Peña que las reformas aprobadas durante su primer año de gestión (la hacendaria, la de telecomunicaciones, la energética, la financiera y la reforma política) terminarán, ahora sí, con el estancamiento económico, con el desempleo, con la concentración del ingreso en las manos de unos cuantos empresarios acaudalados, con la pobreza, con los grandes monopolios y con la falta de democracia, cuando dichas reformas se circunscriben en la misma lógica neoliberal de sus antecesores de menos Estado de bienestar y de más mercado desregulado para acrecentar la rentabilidad del gran capital privado nacional y transnacional? ¿Cómo no debemos los mexicanos extremar precauciones y mostrar frugalidad en el gasto cuando Peña Nieto nos está recetando el mismo medicamento amargo que nos recetaron sus antecesores en el mismo cargo? ¿Cómo va a “mover a México” con medidas de política económica que han conducido a millones de mexicanos a la más absoluta postración y desesperación? Por lo pronto, las leyes económicas han actuado en consecuencia: al mantenimiento de una política de estabilidad macroeconómica le ha correspondido de manera natural y lógica la ausencia de crecimiento económico. A los flamantes economistas de Peña Nieto se les olvida un concepto muy importante y básico de la ciencia económica: el de costo de oportunidad. O lo que es lo mismo, no se puede hablar y comer pinole al mismo tiempo bajo el riesgo de morir ahogados…