Columna: Las otras verdades.

VIL VANDALISMO

 

Por Eduardo Cruz Silva/APIM.

Finalmente el plazo se cumplió y el pasado primero de Diciembre, el priísta Enrique Peña Nieto, asumió la titularidad del poder ejecutivo federal. Con el nerviosismo tal vez de su primer acto como presidente de la república, el mexiquense presentó con algunos tropiezos verbales los ejes rectores que marcaran las ancas de su futuro gobierno. Ofreció un discurso lleno de buenas intenciones que ya será motivo de otra entrega para analizar.

Por ahora, nos circunscribimos en el tema que el sábado acaparó la atención de las redes sociales y medios de comunicación; los actos de protesta por la toma de posesión de Peña Nieto.  Que llámese como se le quiera llamar, pero no fue otra cosa más que un bien preparado acto de vandalismo.

¿Como se puede explicar o entender que desde horas antes, muchos cibernautas de los autodenominados  # yo soy 132, ofrecieran por las redes sociales instrucciones detalladas para elaborar “bombas molotov” y cañones para petardos?  Es obvio, que la intención manifiesta era el agredir y provocar un enfrentamiento directo con las fuerzas del orden que resguardaban el palacio legislativo de San Lázaro y las zonas aledañas a Palacio Nacional.

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VANDALISMO.

Tras las primeras agresiones, apareció el líder nacional de MORENA Manuel Andrés López Obrador, quien fiel a su cinismo patológico  dijo: “no había motivo para que se usara la fuerza bruta contra los jóvenes y de los estudiantes. No había ninguna razón para utilizar balas de goma contra los estudiantes (…)  ¿Por qué tanta prepotencia? ¿Por qué ese afán autoritario?”.

Resulta ofensivo a la inteligencia que López Obrador, se  rasgue vestiduras culpando al nuevo gobierno por la agresión y todavía diga: “inclusive, consideramos que la violencia, en vez de destruir el autoritarismo, lo perpetúa; y es que eso es lo que le conviene a los de la mafia del poder, el que haya enfrentamientos, el que haya violencia, porque así se imponen, porque así ejercen su vocación autoritaria”.

López Obrador olvida, que ha sido él y su grupo más cercano de fanáticos seguidores los que a lo largo de más de 6 años han ido lanzando semillas de odio por todo el territorio mexicano y al igual que la parábola del sembrador, muchas de esas semillas han caído en terreno fértil y hoy empieza a ofrecer sus primeros frutos al surgir grupos anarquistas y vandálicos que simplemente no tienen respeto alguno al estado de derecho y las instituciones del estado mexicano por imperfectas que estás sean.

No hace mucho, escuchamos decir al dirigente del Movimiento de  Izquierda Libertaria Gerardo Fernández Noroña, que ser joven y no ser rebelde es casi hasta antinatural y podemos coincidir con esa sentencia. Pero la rebeldía natural de la juventud cuando es condimentada con un adoctrinamiento político de odio y desprecio a las instituciones y al estado de derecho, más temprano que tarde empieza a eclosionar en individuos con una visión fundamentalista, “si piensas como yo, eres igual. Sino eres enemigo”.

La intención de empañar la toma de posesión de Peña Nieto era el objetivo y se logró medianamente. Por desgracia en este juego, muchos medios de comunicación se dejaron llevar por prontitud con la cual se empezaron a difundir las imágenes del enfrentamiento entre manifestantes y la fuerza pública federal.

Y al igual como ocurre cuando se recoge una declaración de algún entrevistado y se toma alguna cita fuera de contexto, que da la apariencia de decir algo que tiene otro sentido. El uso de imágenes también puede sacarse fuera de contexto. Y en este caso, lo que en apariencia podría observarse como un enfrentamiento entre la policía y un grupo de manifestantes. En el contexto real, fue una clara y directa agresión a las fuerzas de orden y con el trascurrir de las horas se transformó en vil vandalismo.

Si queremos  encontrar a los verdaderos responsables de lo que vergonzosamente  ocurrió en la Ciudad de México el pasado sábado, no es necesario que López Obrador y sus huestes extiendan el brazo para señalar culpables, simplemente  basta que doblen el dedo y se apunten a si mismos. En el Distrito Federal fueron apenas unas horas de vandalismo, Oaxaca ya lo vivió por 6 meses en 1986 y a nadie de los agredidos se le ha hecho justicia.

 

educruzsilva@hotmail.com