Columna: El País de las Nubes.

 

LA TRAGICÓMICA HISTORIA DE LA IZQUIERDA MEXICANA

 

Por Ramón John/APIM.

Hace varias semanas en Huajuapan de León tuvimos de visita del ex diputado federal por el PT Gerardo Fernández Noroña, su objetivo fue promocionar la conformación de un nuevo partido político bajo su dirección, el Movimiento de Izquierda Libertaria (MIL).

Por su parte Andrés Manuel López Obrador incidía en la separación del PRD con la conversión de Morena en partido político, ahora lo refuerza con mayor empeño. Mientras el PRD al mando de los “chuchos” asimila el concepto de moda que en los noventas el PAN y el Carlos Salinas y lo ponen en práctica: la llamada concertacesión, la forma de negociar el avance gradual, se convierte en la vía a seguir.

Este contexto indica las distintas vertientes que la izquierda partidista mexicana ha asumido en estos momentos, la carencia de unidad es la constante en su historia, muchas veces se ha insistido en que el mayor enemigo de la izquierda es la propia izquierda ante la visión y las perspectivas que adquiere cada grupo según las metas que se proponen dentro de ese amplio espectro ideológico (llámense trotskistas, leninistas, maoístas, marxistas, espartacos, etcétera, etcétera).

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  • A este marco, en el pasado mes de octubre los gobernadores de “izquierda” (Oaxaca, Gabino Cué; Guerrero, Ángel Aguirre; Morelos, Graco Ramírez; Tabasco, Arturo Núñez; y DF, Miguel Mancera) se reúnen con Enrique Peña Nieto y aceptan de facto su condición de presidente electo para trabajar una agenda común, con lo que el posible surgimiento de un liderazgo de un gobernador para dirigir una oposición al estilo de la izquierda partidista (Cuauhtémoc Cárdenas-López Obrador) queda neutralizado, lo que generó un tema demasiado polémico dentro de ese sector ideológico. En una segunda maniobra política que profundiza más esa división, Peña Nieto logra el Pacto por México con la aprobación de las tres principales fuerzas políticas del país: PRI, PAN y PRD.

    Entre la atomización y la concertación política como parte de vida democrática, la izquierda mexicana apunta a una escisión  que parece mucho mayor de lo que ahora se puede contemplar. Recordando y parafraseando a José Agustín con su Tragicomedia Mexicana, estos reacomodos en los últimos meses sin duda benefician a la clase política en el poder para continuar con el proyecto globalizador de corte neoliberal dominante en las últimas tres décadas. Salvo la propuesta de Fernández Noroña y de López Obrador –que debe someterse a un riguroso análisis-, no se vislumbra una izquierda crítica que sea la caja de resonancia de los grandes problemas nacionales, o bien que se proponga como meta la configuración de un modelo propio de desarrollo sin aplicar las recetas emanadas del Consenso de Washington que sumisamente han adoptado los últimos cinco presidentes.

    Falta todavía hacer un balance de los diputados federales y locales, “representantes” del pueblo que con la bandera de la izquierda han asumido una posición demagógica con su supuesta lucha contra la pobreza, pero que en la realidad solo buscan cotos de poder para mantener sus privilegios políticos y económicos, que como los chapulines brincan en la menor oportunidad para sacar mejor provecho de la situación. Lo tragicómico radica en que mientras existen auténticos liderazgos sociales, esa clase política de “comprobada militancia de izquierda” no hace sino repetir los mismos patrones de conducta que tanto critica, la lista sería bastante larga, pero la ciudadanía y la sociedad en general no verían con malos ojos cómo la búsqueda de puestos políticos intenta ocultar el mismo pillaje que sucede en los otros partidos políticos.