Artículo.

LOS PAÍSES EN DESARROLLO Y EL COMERCIO INTERNACIONAL: MÉXICO EN EL TLCAN Y EN OTROS ACUERDOS COMERCIALES, 1994-2010

 

Por Martín Carlos Ramales Osorio/APIM .

Para los economistas convencionales ortodoxos (Adam Smith, David Ricardo, Robert Torrens, John Stuart Mill, Heckscher y Ohlin, Paul Samuelson y Ronald Jones, Paul Krugman y Tutti Quanti) el comercio internacional libre de trabas, esto es, libre de aranceles a las importaciones y de subsidios a las exportaciones, beneficia a todos los países participantes por igual a través de la especialización a que da lugar; especialización que a su vez promueve el crecimiento económico al interior de cada país y, por tanto, el crecimiento de la economía mundial en su conjunto. Bajo esas premisas, el ex presidente Carlos Salinas de Gortari firmó un Tratado de Libre Comercio con sus similares de Estados Unidos (George Bush padre) y de Canadá (Brian Mulroney); y después, México firmaría otros acuerdos de libre comercio con otros países y regiones del mundo: con Costa Rica; con Colombia y Venezuela (Grupo de los Tres con México); con Bolivia; con Nicaragua; con Chile; con Uruguay; con El Salvador, Guatemala y Honduras (el CA3); con los 15 de la Unión Europea; con Israel; con la Asociación Europea de Libre Comercio (AELC, conformada por Islandia, Liechtenstein, Noruega y Suiza); y más recientemente, el Acuerdo para el fortalecimiento de la Asociación Económica entre los Estados Unidos Mexicanos y El Japón, mismo que entró en vigor el primero de abril de 2005.

La realidad, sin embargo, es otra muy distinta. El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), así como los otros acuerdos comerciales, más que beneficiar a México lo han perjudicado. La economía mexicana más que crecer ha tendido al estancamiento económico durante los poco más de 17 años de vigencia del TLCAN, el acuerdo comercial más importante para México (Ver Cuadro 1: en 17 años de vigencia del mencionado acuerdo comercial, la tasa de crecimiento media anual (TCMA) de la economía mexicana ha sido de apenas el 2.5 por ciento; que tomando en cuenta el crecimiento natural de la población, significa estancamiento y demora). El TLCAN y los otros acuerdos comerciales, más que ayudar a generar empleos han generado el efecto contrario: aumentar de manera alarmante el desempleo, que a todas luces es de carácter totalmente involuntario. Más que contribuir a generar oportunidades de empleo para los jóvenes en la economía formal los expulsa y los obliga a incorporarse en una economía de carácter francamente criminal.

Cuadro 1. Tasas de crecimiento del PIB a precios constantes1 de México, 1994-2010


Año

Tasas de crecimiento económico (%)

Año

Tasas de crecimiento económico (%)

1994

4.5

2003

1.3

1995

-6.2

2004

4.2

1996

5.1

2005

2.8

1997

6.8

2006

4.8

1998

4.9

2007

3.3

1999

3.9

2008

1.2

2000

6.6

2009

-6.1

2001

-0.2

2010

5.4

2002

0.8

TMCA1

2.5

1 TMCA: Tasa media de crecimiento anual
Fuente: elaboración propia con base en INEGI (Banco de Información Económica, BIE): series que ya no se actualizan (producto interno bruto trimestral, base 1993) e indicadores económicos de coyuntura (producto interno bruto trimestral, base 2003), disponible en http://dgcnesyp.inegi.org.mx/cgi-win/bdieintsi.exe/NIVA05#ARBOL, consultado el miércoles 23 de noviembre de 2011. 1 De 1994 a 2007, tasas de crecimiento del PIB a precios de 1993; y de 2008 a 2010, tasas de crecimiento del PIB a precios de 2003.


¿Por qué si el libre comercio internacional beneficia a todos los países por igual, entonces por qué la balanza comercial de México es deficitaria pero en contrapartida la balanza comercial de los Estados Unidos y de los otros socios comerciales del país son superavitarias con respecto a México? (Ver Gráfica 1: el déficit comercial acumulado del país durante 17 años de vigencia del TLCAN y de 5 años de vigencia del último acuerdo comercial firmado por México con el Japón, asciende a la estratosférica cifra de 486 mil 852.4 millones de dólares; lo anterior, descontando exportaciones petroleras, ya que éstas no son explicadas por los acuerdos comerciales, y también las exportaciones de la maquila, ya que ésta importa el 97 por ciento de los insumos que utiliza en el país, por lo que más que exportar producción nacional exporta producción pero del extranjero; si entre 1993 y 2010 el comercio exterior (exportaciones e importaciones) de México con los Estados Unidos se ubicó en promedio entre el 70 y el 73 por ciento, el déficit comercial del país con los Estados Unidos ronda entre los 340 mil 796.7 y los 355 mil 402.2 millones de dólares) ¿No se supone que las balanzas comerciales de México y de sus socios comerciales deberían estar equilibradas partiendo del supuesto teórico de los economistas convencionales de que todos los países se benefician del libre comercio internacional?

La realidad, sin embargo, es que la balanza comercial de México sigue siendo deficitaria con todo y sus múltiples acuerdos de libre comercio que tiene firmados con diversos países y regiones del mundo, una muestra palpable de que está perdiendo lo que sus socios comerciales están ganando (Ver Gráfica 1). Desde esa perspectiva, se trata más bien de un juego de suma cero en el que unos ganan (sobre todo los Estados Unidos de América, que es el principal socio comercial del país) los que otros pierden (sobre todo los Estados Unidos Mexicanos), más que tratarse de acuerdos de complementación comercial en los que todos los países involucrados ganan.

saldo 

Fuente: elaboración propia con datos de Banco de México: Estadística: política monetaria e inflación (otros indicadores: balanza de pagos, comercio exterior, resumen (sin apertura de maquiladoras)), disponible en http://www.banxico.org.mx/SieInternet/consultarDirectorioInternetAction.do?accion=consultarDirectorioCuadros&sector=1&sectorDescripcion=Balanza, consultado el martes 22 de noviembre de 2011.

 

Como resultado de lo anterior, México se sigue viendo en la urgente necesidad de recurrir a los mercados internacionales de capital para captar ahorro del exterior en sus modalidades de inversión extranjera directa (sobre todo maquiladoras, mismas que importan el 97 por ciento de las materias primas que “transforman” en México en bienes de consumo final, por lo que agregan escaso valor y contribuyen poco por tanto al crecimiento de la economía nacional; pero eso sí sobreexplotan el trabajo de muchos mexicanos necesitados a través de magros salarios, cero prestaciones sociales e intensas jornadas laborales, además de contaminar el medio ambiente de las localidades en las que se instalan para supuestamente contribuir al progreso de México), inversión extranjera de cartera (una forma de financiamiento para los países en desarrollo en extremo peligrosa, puesto que se trata de capitales que vienen a la bolsa mexicana de valores atraídos por las altas tasas de interés que en un momento determinado prevalecen en el sistema financiero del país, pero que al menor signo de inestabilidad económica, política y social se retiran del país iniciando una fuerte corrida contra el peso que finaliza en devaluación, tal como sucedió en diciembre de 1994) y en menor medida al endeudamiento externo (mismo que genera también un peligroso circulo vicioso que mantiene a México sumido en la pobreza porque hay que pagar intereses sobre los préstamos obtenidos para financiar el desequilibrio comercial con el exterior; endeudamiento e intereses que se pueden incrementar sin en un momento determinado las autoridades monetarias de los Estados Unidos deciden incrementar sus tasas de interés domésticas).

De esa manera, y hoy como ayer bajo el modelo cerrado de industrialización por sustitución de importaciones (ISI) que los tecnócratas neoliberales han criticado hasta la ignominia, México sigue siendo un país profundamente subordinado y dependiente en materia tecnológica, económica y financiera del país más industrializado, con mayor desarrollo tecnológico y más rico del planeta: Los Estados Unidos de Norteamérica.

Por si todo lo anterior fuera poco para México, su equitativo y solidario socio comercial, o sea los Estados Unidos de Norteamérica, el autoproclamado campeón del mundo libre y democrático, recurre al más descarado proteccionismo comercial: por un lado subsidia a sus agricultores con cuantiosos y considerables recursos financieros, nada comparables a los recursos que a través de PROCAMPO el gobierno mexicano pretende ayudar a nuestros campesinos; y por el otro lado recurre a las famosas barreras ecológicas para bloquear la entrada de productos mexicanos como el atún, el aguacate y el jitomate a su mercado interno, acciones con las que contribuye a la debacle total del campo mexicano. Respecto a los subsidios a los agricultores, según datos del estudio “Los subsidios agrícolas en los países del TLCAN” del Centro de Estudios de las Finanzas Públicas (CEFP) de la Cámara de Diputados, entre 1998 y 2005 el gobierno estadounidense otorgó subsidios a sus productores agrícolas por un monto total de 372 mil 696 millones de dólares; es decir, casi ocho veces superiores a los otorgados por el gobierno mexicano durante el mismo periodo, que ascendieron a 49 mil 222 millones de dólares, y casi 10 veces mayores a los subsidios otorgados por el gobierno canadiense a sus respectivos productores agrícolas, que durante el periodo en cuestión apenas superaron los 38 mil millones de dólares (38 mil 238 para ser exactos).

Así las cosas, y gracias al TLCAN, hoy en día nos hemos quedado sin industria y sin agricultura, los motores más potentes de cualquier economía para mantener y elevar el vuelo o el crecimiento económico generador de empleos bien remunerados (Ver Gráfica 2: el campo ha ido perdiendo importancia gradual en la generación de valor agregado: en 1960 generaba el 15.6 por ciento del PIB total, para el 2005 el 8.2 por ciento, para 1993 el 7.3 por ciento, para el año 2000 el 5 por ciento y, finalmente, para 2010 únicamente generaba el 3.6 por ciento de la producción nacional, es decir, entre 1960 y 2010 el sector primario de la economía perdió 12 puntos de participación en el PIB total, y entre 1993 y 2010 3.7 puntos porcentuales de participación; la industria en su conjunto, por su parte, ganó participación en el PIB total entre 1960 y 1980, y la mantuvo entre este último año y 1993, para después declinar su participación en 6.5 puntos entre 1993 y el año 2000, y entre 2000 y 2010 recuperó  3.5 puntos porcentuales de participación en la generación de valor agregado; la industria manufacturera, en cambio, ganó participación entre 1960 y 1980, y la mantuvo entre este último año y 1993, pero entre 1993 y 2000 perdió 2.8 puntos porcentuales de participación en el PIB total, y entre 2000 y 2010 perdió otros 2.3 puntos en la generación de valor agregado, entre 1993 y 2010 la industria manufacturera ha perdido 5.1 puntos porcentuales de participación en el PIB total del país). Ojalá que  algún día los mexicanos concientes decidamos recuperar nuestro campo y nuestra industria eligiendo gobernantes comprometidos con las mejores causas del país: la soberanía alimentaria, el desarrollo tecnológico, la independencia económica y financiera, el crecimiento económico generador de empleos bien remunerados y corrector de las graves desigualdades sociales que actualmente imperan en el país, la seguridad nacional y la paz social. Lo anterior, renegociando un acuerdo comercial más justo y equitativo para los pueblos, que no únicamente para las grandes empresas transnacionales de Estados Unidos y Canadá, de los tres países. Lo anterior, porque el mercado de Norteamérica es el más importante para México, y la mayor parte de la inversión extranjera que entra a México proviene de los Estados Unidos y del Canadá.

evolucio

 

Fuente: elaboración propia con base en datos de INEGI (Banco de Indicadores Económicos, BIE): series que ya no se actualizan (estadísticas de contabilidad nacional base 1980, PIB por gran división, división y rama de actividad económica, series desde 1960; y base 1993, Sistema de cuentas Nacionales de México, cuentas de producción por gran división de actividad económica) e indicadores económicos de coyuntura (Producto Interno Bruto Trimestral, base 2003, series originales), disponible en http://dgcnesyp.inegi.org.mx/cgi-win/bdieintsi.exe/NIVA050240#ARBOL, consultado el miércoles 23 de noviembre de 2011.

  

 Referencias y fuentes estadísticas

 

* Economista académico con especialidad en política económica (macroeconomía) y en integración económica global y regional (economía internacional), Facultad de Economía de la UNAM y Universidad Internacional de Andalucía (UNIA), miembro activo de la APIM desde 2007.

Tratados de Libre Comercio, Aduana México, disponible en http://www.aduanas.sat.gob.mx/pv_obj_cache/pv_obj_id_B9CBBB4434D2E702D0E15D787A87BF3146C40000/filename/GI07_06.pdf, consultado el martes 22 de noviembre de 2011.

En su edición del domingo 26 de diciembre de 2010, el periódico La Jornada revelaba lo siguiente al respecto: “la primera década del siglo XXI, en la que el PAN ha gobernado el país, concluye con un saldo de 2.6 millones de mexicanos en el desempleo y un alza de 333 por ciento en el nivel de desocupación desde que Vicente Fox empezó su gestión, con 612 mil personas. A quienes en este momento no tienen trabajo se agregan otros 5.4 millones que de plano se desistieron de buscar porque consideran que no tienen posibilidades de encontrar, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE). Si bien ambos grupos están conformados por mexicanos sin ocupación, y en conjunto suman 8 millones (10 por ciento de la población mayor de 14 años o 19 por ciento de la empleada), para el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), responsable de la ENOE, se trata de casos diferentes. De cualquier manera, si sólo se toma en cuenta la población que las autoridades consideran como desempleada, ésta se cuadriplicó en los 10 años de gobierno del PAN, y sólo en el último cuatrienio, correspondiente a la administración Felipe Calderón Hinojosa, se disparó 65 por ciento (un millón 50 mil más), ya que cuando asumió el poder la población desocupada era de 1.6 millones”. Podemos deducir, que los 5.4 millones que ya se desistieron de buscar empleo, son las personas que se quedaron sin empleo durante el gobierno de Ernesto Zedillo (1994-2000), por lo que el saldo en términos de desempleo durante 17 años de TLCAN y 5 años del Acuerdo Comercial con Japón es de 8 millones 50 mil personas que actualmente no tienen empleo (González G., Susana: Subió 333% el desempleo en 10 años de gobiernos del PAN, señala el INEGI, La Jornada Edición Electrónica Sección Economía, domingo 26 de diciembre de 2010, disponible en http://www.jornada.unam.mx/2010/12/26/index.php?section=economia&article=019n1eco, consultado el miércoles 23 de noviembre de 2010).
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Al respecto, Alberto Arroyo Picard establece lo siguiente: “el superávit comercial con Estados Unidos se debe básicamente al petróleo y la maquila cuya dinámica es independiente del TLCAN. Las exportaciones de petróleo realmente no han aumentado significativamente. Previo al TLCAN (1988-1993) el promedio de exportación diaria es de 1.37 millones de barriles diarios y durante el TLCAN (1994-2002) es de 1.47 millones de barriles diarios. En volumen las exportaciones de petróleo sólo han aumentado 7.26%. Este tipo de exportaciones responden a una necesidad y no dependen de las reglas del TLCAN (…) Las maquilas si han aumentado durante el tiempo de vigencia del TLCAN sus exportaciones; pero no debido al TLCAN…” (Ver Arroyo Picard, Alberto: El TLCAN en México: promesas, mitos y realidades, disponible en http://www.rmalc.org.mx/documentos/balance_tlcan_bis.pdf, consultado el martes 22 de noviembre de 2011).

Los subsidios agrícolas en los países del TLCAN, Centro de Estudios de las Finanzas Públicas (CEFP) de la H. Cámara de Diputados, diciembre de 2007, pp. 12 y 13 (Cuadro Subsidios agropecuarios en los países miembros del TLCAN, 1998-2005), en www.cefp.gob.mx/intr/edocumentos/pdf/cefp/cefp0952007.pdf, consultado el miércoles 23 de noviembre de 2011.