Columna: Las otras verdades.

¿ASÍ SOMOS?

 

Por Eduardo Cruz Silva.

Hace muchos años,  cuando ocurrió la revuelta social del 1976-1977 en el estado de Oaxaca  y que propició la caída del Gobernador  Manuel Zarate Aquino, recuerdo  que mi padre  expresó una frase que se me quedo grabada en la memoria “el  problema más grave de Oaxaca, son los propios oaxaqueños”. Pasaron los años y no alcanzaba a comprender lo que quiso decir mi progenitor. Hoy creo que empiezo a encontrar respuestas a esa aseveración y aunque es una sentencia subjetiva tiene un  profundo mensaje de verdad.

Desde ese movimiento político-social que aglutinó a estudiantes, locatarios de mercados, militantes de partidos políticos, organizaciones obrero-campesinas etc. En Oaxaca quedó sembrada la semilla de las movilizaciones de protesta ganando la calle, para exigir la atención a  todo tipo de demandas. Las aguas de la agitación política se tranquilizaron por un tiempo tras la llegada a la gubernatura del General Eliseo Jiménez Ruíz.

Sobrevendría después, la lucha magisterial, que buscaba en un principio la democratización en el proceso de elección de sus dirigentes sindicales y que los llevó a un enfrentamiento directo con Carlos Jonguitud Barrios, quien fiel a la cultura política de ese entonces, trato de imponer a sus allegados.

 

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  • Hoy día, la historia y las estadísticas ya empiezan arrojar un balance negativo sobre el estado que guarda la educación en Oaxaca, gracias esta lucha que por más de 30 años sigue manteniendo el magisterio oaxaqueño.

    En el ensayo del investigador Jacobo Arellano Amaya, titulado “Aportaciones: Mirando el Movimiento Social en Oaxaca.” Enfatiza que: -La realidad del territorio oaxaqueño enfrenta factores adversos de índole social, económico y productivo, carencia de infraestructura para la producción, vías de comunicación insuficientes y deterioradas, descapitalización permanente, falta de fuentes de empleo, práctica de una agricultura de subsistencia en tierras empobrecidas o no aptas para la actividad, que arroja escasas o nulas opciones de sobrevivencia y un proceso permanente de migración.

    Es poco lo que se podría agregar a la fotografía que nos regala el investigador Arellano Amaya. El Estado de Oaxaca, reúne condiciones de rezago en casi todos los sentidos. Factores que aunados al bagaje cultural de un pueblo multiétnico que ha enfrentado desde la colonia la explotación y depredación de sus recursos naturales, han convertido al oaxaqueño en un individuo inconforme y desconfiado acostumbrado a luchar diariamente por su subsistencia.

    Si hacemos un repaso de la historia de Oaxaca, cíclicamente en algún punto de su territorio se presentan conflictos de diversa índole y en muchos de los casos, con derramamiento de sangre. Pocos han sido los gobernantes que han logrado mantener un clima de paz y trabajo en toda la geografía oaxaqueña. Somos en si, una entidad federativa en constante efervescencia política y social.

    Tras la Revolución Mexicana, que tampoco trajo un mejoramiento a las condiciones de vida de los oaxaqueños. En la gubernatura del estado han desfilado personajes, que van desde aquellos que entendieron la realidad del pueblo de Oaxaca  y trabajaron incansablemente a su favor, hasta aquellos que solamente vieron al Estado como un botín.

    En décadas recientes, los logros que el magisterio oaxaqueño ha obtenido en sus jornadas de lucha que puntualmente realizan desde 1982, y que le ha arrancado a los gobierno en turno una buena tajada de su presupuesto, posiciones políticas y casi el control absoluto del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca IEEPO.  Se ha convertido en modelo a seguir por cuanta organización y grupúsculo surge en Oaxaca exigiendo atención a sus demandas.

    En el trascurrir de años recientes el magisterio oaxaqueño ha radicalizado sus métodos de lucha, violentando el derecho de terceros: con la toma de oficinas gubernamentales, bloqueo de carreteras, centros comerciales, instituciones bancarias, etcétera y prácticamente secuestrar el centro histórico de la Cd. De Oaxaca, cada año por espacio de varios días o semanas.

    No ha existido hasta ahora poder humano que pueda tapar el boquete que el magisterio ha abierto a la gobernabilidad y paz del Estado. Ya que con su ejemplo, cualquier hijo de vecino se siente con el derecho suficiente de lanzarse a la calle para protestar o exigir el cumplimiento a alguna demanda o cuanto se les ocurre.  Ni bien concluye un conflicto y a la vuelta de la esquina ya viene marchando otro.

    Cada gobernador que ha llegado al poder, viene acompañado de un legajo de ofrecimientos y propuestas bajo el brazo. Casi todo eso se disipa al paso de unos cuantos meses o años. Algunos han tenido la habilidad de cooptar a líderes y dirigentes de aquellas organizaciones que pueden representar un dolor de cabeza, con canonjías, prebendas o vulgarmente con dinero que a final de cuentas son recursos del erario.

    Tan efectivos han sido estos métodos de presión y lucha y se han corrompido de tal manera, que ya podemos decir que tenemos toda una industria del chantaje y la extorsión política en Oaxaca.

    Nadie hasta ahora, ha podido subsanar heridas ni mucho menos ha logrado recomponer el tejido social de Oaxaca. No existe para los Oaxaqueños un objetivo común en ningún aspecto de su vida productiva, no existe identidad de unión en los 570 municipios que conforman el estado, nadie ha trazado un camino que indique donde estamos y a donde queremos llegar, cada quién parece que vive en una isla en un inmenso mar de retos y rezagos.

    La Guelaguetza que llegó a los 80 años de escenificarse como un homenaje racial a las 7 regiones de Oaxaca, en realidad no representa ninguna unión solidaria de los oaxaqueños, es tan sólo  un poco de circo. Es mucho lo que hemos dejado de hacer, permitiendo que cualquiera y en cualquier momento maltrate nuestros derechos. No ha existido autoridad ni ley que nos resguarde y cuando eso ocurre se vive en los umbrales  de la anarquía.

    Tal como ocurrió en el año de 1986 cuando la lucha magisterial, se fue contaminando con la presencia de otros actores, que conformaron la APPO (Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca) que convulsionaron la capital Oaxaqueña y se entró casi a una lucha  de guerrillas. De los abusos y denuncias penales que en su momento se presentaron en relación a estos acontecimientos nada ha pasado. Así ha sido y sigue siendo el violentar el estado de derecho en Oaxaca. La total impunidad.

    Hemos sido nosotros, los mismos Oaxaqueños nuestros propios enemigos. Sólo basta salir más allá de nuestras fronteras, para darnos cuenta que otras entidades, con sus propios problemas y aún asoladas por los grupos del crimen organizado van empujadas por una inercia de unión y trabajo que las ubica en un camino de desarrollo y de bienestar para sus pueblos que ya quisiéramos.  Tal vez  hasta ahora,  alcanzo a comprender lo que  quiso decir mi padre cuando me dijo “el  problema más grave de Oaxaca, son los propios oaxaqueños”. En verdad, ¿así somos?