Opinión.

 

EL SER ASALARIADO NO GARANTIZA DEJAR DE SER POBRE.

Por Ricardo García Jiménez/APIM.

En este país futbolero y devoto que es México su población económicamente activa posee algún grado de marginación y pobreza. En contraste el mercado laboral sigue exhibiendo niveles de desempleo superiores a los previos de la crisis 2008-2009, al mes de mayo pasado —con cifras desestacionalizadas—, que albergó a 2 millones 633,000 personas sin poder contar con una fuente de trabajo, informó el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). En su reporte mensual el Instituto, detalló que el comportamiento anual del desempleo se mantiene en los mismos niveles del 2013, con una tasa de desocupación de 4.92% de la Población Económicamente Activa (PEA), mientras que un año antes fue de 4.93 por ciento.

Dicho reporte informó que la población subocupada, medida como aquella que declaró tener necesidad y disponibilidad para trabajar más horas, representó 8.2% de la población ocupada, proporción menor en 0.4 puntos a la registrada un año antes. El porcentaje de subocupación es más alto en los hombres que en las mujeres, correspondiendo a esta categoría 9.1% de la población ocupada masculina frente 6.5% de la femenina, en mayo pasado. Esta tasa se situó en 57.21% de la PEA en el quinto mes de este año; en igual mes de un año antes se estableció en 59.67 por ciento.

Los datos analizados hacen suponer entonces un crecimiento del trabajo precario, donde el salario disminuye en comparación a la canasta básica que puedan ayudar a subsistir a una familia promedio de tres miembros. Aunada a ello con las reformas en materia laboral, el salario es suprimido por los  derechos laborales que se impusieron a la clase trabajadora que los imposibilita a recuperar su capacidad de compra por lo percibido por jornadas de más de 12 horas de trabajo real.

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  • En nuestro país aumentan las trabajadoras y trabajadores con empleo, pero con sueldos de pobreza. Actualmente se esfumo la creencia de que tener un empleo supondría un bienestar para el trabajador y su familia. Por el contrario, tener un trabajo ya no evita la pobreza de esta nación futbolera.

    Poco más de un millón de personas se agregaron a la población ocupada en México durante 2013, aunque una gran parte de ellos tuvieron cabida en empleos que remuneraron entre uno y dos salarios mínimos, reveló el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

    De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo al cierre del año pasado, 6.8 millones de trabajadores en el país percibieron por sus actividades productivas hasta un salario mínimo, es decir, no más de mil 943 pesos mensuales. La cifra resultó superior a los trabajadores con un ingreso similar en 2012, cuando entonces se contabilizaron en esa condición 6.4 millones de personas. Estos datos revelan ese crecimiento de trabajos mal pagados con jornadas extenuantes.

    Lo anterior revela que el número de personas que trabajaron por menos de un salario mínimo creció en un solo año en 442 mil 892 casos. Sin embargo, la mayor concentración de trabajadores en México se ubican en aquellos que ganan entre uno y hasta dos salarios mínimos diarios (de mil 943 a 3 mil 886 pesos mensuales); en ese rango remunerativo se registraron 11.7 millones de empleados. Lo anterior indica que de 2012 a 2013 el número de empleados que ganaron entre uno y dos salarios mínimos diarios creció en 467 mil 165 casos.

    Las cifras que el INEGI reporto para el caso de los empleos que están en la parte alta del rango remunerativo, es decir, aquellos trabajos que brindan un reembolso mayor a los cinco salarios mínimos presentó una disminución en 2013, respecto a 2012. Misma que al cierre de 2013 se contabilizaron 3.6 millones de trabajadores que obtienen mensualmente más de cinco salarios mínimos; sin embargo, en 2012 la cifra de personas en este nivel de ingresos era de 3.9 millones.
    Es decir, en tan solo un año se perdieron 267 mil 112 plazas de las mejor remuneradas en el país.

    Además las cifras del INEGI dieron cuenta que de las más de 50 millones de personas ocupadas en el país, 31.8 millones no tienen acceso a las instituciones de salud, por solo 18 millones que sí. También se reportaron 12.8 millones de trabajadores subordinados que no cuentan con ningún tipo de prestación. Así como 15.1 millones que ni siquiera tienen un contrato escrito con su empleador.

    En un recorrido por la ciudad de Huajuapan de León, Oaxaca, México, empleados de tiendas departamentales, pequeños comercios de ropa, comida, y comercios diversos, manifestaron que perciben en promedio $500.00 semanarios con jornadas de trabajo de más de 12 horas y trabajo de 6 días y con trabajar un domingo para cubrir guardias. Las y los entrevistados señalaron que no gozan de ninguna prestación social o algún apoyo u incentivo. Por el contrario externaron que sus patrones les descuentan la comida que les dan y misma que tienen que consumir en media hora dentro de su jornada de trabajo.    

    Lo que se percibe en México y en esta región Mixteca donde se ubica esta ciudad de Huajuapan de León es que no existe realmente un modelo de crecimiento económico que armonice con el retorno de un crecimiento y poder adquisitivo salarial, por el contrario, el desarrollo y crecimiento económico de esta parte de la entidad Oaxaqueña, se basa precisamente en la precariedad laboral y los salarios de penuria que son pagados. Lo que podemos percibir sin mucho análisis es que los comerciantes, empresarios y sector productivo han aplicado bien las reglas de la Plusvalía absoluta o relativa para acentuar su acumulación originaria. Los fuertes recortes sociales son la otra base del escaso crecimiento.

    En el país los asalariados necesitan ayuda alimenticia para sobrevivir, porque la pobreza ha crecido y ya es superior a la de hace veinte años. Sabemos que esta desigualdad creciente es el resultado de las políticas neoliberal sistemáticas que han intensificado su instauración con el regreso del Partido Revolucionario Institucional (PRI) al gobierno federal. Mismos y siendo fieles a las directrices que Christine Lagarde, directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), presionara en su reciente visita a nuestro país, para que se intensifiquen y se profundicen aún más.

    Intuimos que Lagarde exhorto al gobierno de Erique Peña Nieto a defender a ultranza los intereses de bancos, fondos de inversión y multinacionales. Recortar el gasto público y reducir derechos sociales y laborales. Y, por supuesto, salarios más bajos, cada vez más bajos. Además de menos reglas de control del sector bancario y más privatización de lo público. Así como limitar las libertades civiles y políticas. Es decir que un futuro cercano se dejara sentir más represión en elación proporcional al crecimiento de la pobreza.

     

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