Opinión.

LA RESPONSABILIDAD.

 

Por Ricardo García Jiménez/APIM.

La responsabilidad puede ser definida como un valor humano, que gracias a ella, nos permite convivir en sociedad de manera pacífica y equitativa. Pero la responsabilidad en su nivel más elemental es el cumplimiento de lo que se debe hacer, de lo comprometido o asignado por ley a realizar. Es una actitud personal que define en gran medida la voluntad por hacer los que me toca hacer. Pero hay una responsabilidad mucho más sutil (y difícil de vivir), que es la del plano moral.

La responsabilidad (o la irresponsabilidad por antonomasia) es fácil de detectar en la vida diaria, especialmente en su faceta negativa: vemos que el plomero no hizo correctamente su trabajo; observamos que el carpintero no llegó a pintar las puertas el día que se había comprometido; advertimos que el joven estudiante no cumplió con sus tares y en consecuencia bajan sus calificaciones; el arquitecto que no ha cumplido con el plan de construcción para un nuevo proyecto; el diseñador de paginas web que no ha cumplido con subir la información que él mismo había solicitado al portal, el reportero no acudió a la conferencia de prensa o a la fuente a obtener la información necesaria para hacer la nota del día, etc. Y en casos más graves el funcionario público que no ha cumplido lo prometió cuando en campaña aseguro que las cosas cambiarían.

resp

  • La responsabilidad puede ser definida como un valor humano, que gracias a ella, nos permite convivir en sociedad de manera pacífica y equitativa..
  • Pero ¿Qué es la responsabilidad? La responsabilidad es una obligación, ya sea moral o incluso legal de cumplir con lo que se ha comprometido uno ha realizar. Un elemento indispensable dentro de la responsabilidad es el efectuar un “deber” con cabalidad.

    La responsabilidad tiene un efecto directo en otro concepto fundamental inherente en la persona: la confianza. Confiamos en aquellas personas que son responsables, que cumplen. Ponemos nuestra fe y lealtad en aquellos que de manera estable cumplen lo que han prometido.

    La responsabilidad es un signo de madurez, pues el cumplir una obligación de cualquier tipo no es generalmente algo agradable ni fácil de realizar, pues implica esfuerzo e inversión de tiempo.

    ¿Por qué es un valor la responsabilidad? Porque gracias a ella, podemos convivir pacíficamente en sociedad, ya sea en el plano familiar, amistoso, profesional o personal.

    ¡Ah…! Pero cuando alguien cae en la irresponsabilidad, dejamos de confiar en esa persona. En el plano personal, aquel marido que durante una convención decide pasarse un rato con una mujer que recién conoció y la esposa se entera, la confianza quedará deshecha, porque el esposo no tuvo la capacidad de cumplir su promesa de fidelidad. El esposo puede preferir el gozo inmediato de una conquista, y olvidarse de que a largo plazo, su matrimonio es más importante.

    La irresponsabilidad tiene su origen en la falta de priorizar correctamente sus proyectos o actividades. Por ejemplo, el reporteo que no fue a la fuente a tomar la nota porque llegó su “compadre” y decidieron tomarse unas cervezas en lugar de ir a cumplir el compromiso contraído con la empresa, ello denota claramente la irresponsabilidad. Vemos que el reportero tiene mal ordenadas sus prioridades, pues prefirió tomarse una cerveza que es algo sin importancia, que bien puede esperar, pero este hombre (y tal vez su familia), depende de su trabajo.

    Todos podemos tolerar la irresponsabilidad de alguien ocasionalmente. Es más, todos en algún momento hemos sido irresponsables. Empero, no todos toleraremos la irresponsabilidad de alguien de forma sistemática. La confianza en una persona en cualquier tipo de relación (laboral, familiar o amistosa) es fundamental la responsabilidad, pues es una correspondencia en el cumplimiento de los de deberes.

    El costo de la irresponsabilidad es muy alto. Para el carpintero significa perder un cliente y perdida de dinero, para el marido que quiso pasarse un buen rato puede ser la separación definitiva de su esposa, para el gobernante que usó mal los recursos públicos puede ser la cárcel.

    Si le prestamos a un amigo un libro y no lo devuelve, o si una persona nos deja plantada esperándole, entonces perdemos la fe y la confianza en él. La pérdida de la confianza termina con las relaciones de cualquier tipo: el chico que a pesar de sus múltiples promesas sigue obteniendo malas calificaciones en la escuela, el marido que ha prometido no volver a emborracharse, el novio que sigue coqueteando con otras chicas o el amigo que suele dejarnos plantados. Todas estas conductas terminarán agotando la tolerancia que practicamos hacia los otros.

    Ser responsable es asumir las consecuencias de nuestras acciones y decisiones. Ser responsable también es tratar de que todos nuestros actos sean realizados de acuerdo con una noción de justicia y de cumplimiento del deber en todos los sentidos.

    Recordemos que los valores son los cimientos de nuestra convivencia social y personal. La responsabilidad es un valor, porque de ella depende la estabilidad de nuestras relaciones. La responsabilidad vale, porque es difícil de alcanzar por cualquiera, ello nos diferencia entre aquellos irresponsables y aquellas personas que con cabalidad cumplen lo prometido, y por lo tanto los definen como seres dignos de confianza.

    ¿Qué podemos hacer para mejorar nuestra irresponsabilidad?

    El primer paso es percatarnos de que todo cuanto hagamos, todo compromiso, tiene una consecuencia que depende de nosotros mismos. Nosotros somos quienes decidimos cómo y qué hacer por mejorar.

    El segundo paso es lograr de manera estable, habitual, que nuestros actos correspondan a nuestras promesas. Si prometemos “hacer lo correcto” y no lo hacemos, entonces no hay responsabilidad.

    El tercer paso es educar a quienes están a nuestro alrededor para que sean responsables. La actitud más sencilla es dejar pasar las cosas: olvidarse del carpintero y conseguir otro, hacer yo mismo el trabajo de plomería, despedir al empleado, romper la relación afectiva. Pero este camino fácil tiene su propio nivel de responsabilidad, porque entonces nosotros mismos estamos siendo irresponsables al tomar el camino más ligero.

     ¿Qué bien le hemos hecho al carpintero al despedirlo? ¿Realmente romper con la relación era la mejor solución? Incluso podría parecer que es “lo justo” y que estamos haciendo “lo correcto”. Sin embargo, hacer eso es caer en la irresponsabilidad de no cumplir nuestro deber y ser iguales al carpintero o al marido infiel. ¿Y cual es ese deber? La responsabilidad de corregir.

    Vivir la responsabilidad no es algo cómodo, como tampoco lo es el corregir a un irresponsable. Por lo tanto, nuestro deber es asegurarnos de que todos podemos convivir armónicamente y hacer lo que esté a nuestro alcance para lograrlo.