Opinión.

 

A 46 AÑOS DE TLATELOLCO, EL “NUEVO” PRI Y AYOTZINAPA.

 

Por Martín Carlos Ramales Osorio/APIM.

El 2 de octubre de este año se cumplieron 46 años de la masacre perpetrada por el gobierno represor y dictatorial del PRI, encarnado en la figura de Gustavo Díaz Ordaz (titular en ese entonces del Ejecutivo Federal) y en su secretario de gobernación Luis Echeverría Álvarez (un personaje megalómano, demagogo y para variar también, represor y autoritario), en contra de jóvenes estudiantes universitarios que únicamente demandaban democracia y terminar con la dictadura instaurada por el partido oficial desde 1929 y que para 1968 cumplía 39 años de vigencia e imposición (de imponer en la Presidencia de la República a personajes funcionales al sistema y que a la sazón debían cumplir con el perfil de autoritarios, represores y enemigos de las libertades democráticas).

  • Nada en el sistema político mexicano ha cambiado. La alternancia panista de nada sirvió. Los gobiernos panistas de Vicente Fox y Felipe Calderón resultaron peores que los gobiernos del PRI en corrupción, impunidad, violación a los derechos humanos y falta de respeto al voto ciudadano para elegir autoridades. Vicente Fox operó un fraude electoral en contra de López Obrador para imponer en la Presidencia de la República a un dipsómano como Felipe Calderón que sumió al país en un verdadero baño de sangre bajo el pretexto de iniciar una “guerra contra el narcotráfico”. Fraude perpetrado al mejor estilo del PRI (aunque un tanto burdo y torpe) y con la complicidad de televisoras (Televisa y TV Azteca) y radiodifusoras afines al sistema y que se benefician de él.

    Para julio de 2012 el PRI recurrió a sus viejas artimañas para imponer a su impopular, ignorante y torpe candidato en la Presidencia de la República. Carretadas de dinero fluyeron generosamente para comprar el voto ciudadano y a la sazón la tan ambicionada silla presidencial. Los estudiantes de la Universidad Iberoamericana le manifestaron abiertamente su repudio al candidato priísta a la Presidencia de la República cuando éste los visitó en sus instalaciones. Desde un primer momento, los jóvenes universitarios se percataron del regreso de la intolerancia, la corrupción, el autoritarismo y la represión a las principales instituciones del país. Desafortunadamente no se equivocaron. Conocen bien y a la perfección al viejo dinosaurio. Saben de su truculenta y negra historia de corrupción, impunidad, crímenes de lesa humanidad y de tantas otras atrocidades cometidas a todo lo largo y ancho del territorio nacional.

    En vísperas de cumplirse 46 años de los lamentables acontecimientos del 2 de octubre de 1968 en el que jóvenes universitarios fueron asesinados a mansalva por fuerzas gubernamentales (en este caso por el Batallón Olimpia, conformado y entrenado para resguardar las Olimpiadas de ese año), la sociedad guerrerense y mexicana se entera (no sin asombro, zozobra y desazón) del asesinato de tres jóvenes y de la desaparición de 43, todos ellos estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa en el estado de Guerrero. Días antes, para ser precisos el 30 de junio del presente año, la opinión pública se había enterado de la ejecución sumaria o extrajudicial de 22 jóvenes por parte de efectivos del Ejército en Tlatlaya Estado de México, gobernado por el priísta Eruviel Ávila Villegas.

    Como en los peores días de la guerra sucia de las décadas de los 60 y 70, cuando el Ejército mexicano arrasó con comunidades enteras en el estado de Guerrero en su desesperada búsqueda de los líderes guerrilleros Genaro Vázquez Rojas y Lucio Cabañas Barrientos, el gobierno estatal de Ángel Aguirre Rivero (un priísta converso que llegó a la gubernatura impulsado por el PRD y por Andrés Manuel López Obrador en un juego de pragmatismo político muy cuestionable) y el gobierno federal de Enrique Peña Nieto (que cuando fungió como gobernador del Estado de México reprimió violentamente a manifestantes de San Salvador Atenco), recurren al uso desproporcionado de la fuerza pública y a la criminalización de los movimientos sociales (bajo el argumento de la presencia de grupos guerrilleros que los respaldan) para acallar la protesta popular ante tantas medidas gubernamentales que son adversas y lesivas para los sectores populares (obreros, campesinos, pequeños comerciantes y profesionistas).

    El PRI no ha cambiado, sigue siendo el mismo de siempre: mentiroso, represor, cobarde, violento y sanguinario. La policía preventiva municipal de Iguala, misma que gobernaba el prófugo perredista José Luis Abarca, con toda probabilidad no actuó por cuenta propia, debió haber recibido órdenes e instrucciones desde las altas esferas de los poderes estatal y federal (para el joven sobreviviente de Ayotzinapa Omar García, en los hechos participaron también miembros de las fuerzas armadas) para acallar de tajo la protesta de los normalistas de Ayotzinapa que les resulta muy incómoda y molesta.

    Para el padre Solalinde Guerra, un valiente luchador social y activo defensor de los derechos humanos de migrantes, y que dice tener testimonios de testigos presenciales de los acontecimientos acerca de que los 43 normalistas fueron metidos en fosas para después colocarles maderas encima, rociarles diésel y prenderles fuego, a muchos de ellos todavía vivos, “el gobierno actual es tan corrupto, tan simulador y se ha convertido en una verdadera amenaza para su pueblo, que no es un hecho aislado”. Y prosigue: “En lugar de caminar con nosotros, buscar la justicia, se ha convertido en una amenaza y peligro para la ciudadanía. No creo en el gobierno, veo corrupción en todos lados (…) ellos saben perfectamente todo, ellos saben que en esas fosas que han encontrado restos calcinados ahí están los muchachos”.

    Los jóvenes de la Universidad Iberoamericana ya lo sabían, presagiaban lo peor de lo peor para el país con el regreso del PRI a la Presidencia de la República. Desafortunadamente no se equivocaron. Únicamente el líder de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador, hizo a un lado la historia por pragmatismo político para impulsar a Ángel Aguirre Rivero, que desde siempre militó en el PRI, como candidato del PRD a la gubernatura del paupérrimo estado de Guerrero. Es corresponsable de los acontecimientos. Manda el mensaje de que únicamente le interesa el poder por el poder. Quítate PAN y PRI para que me ponga yo y todo siga igual o peor que antes en el país. Lamentablemente, las principales fuerzas políticas ya han comenzado a lucrar políticamente con el caso Ayotzinapa y en un país de amnésicos y desmemoriados todo quedará en nada. La impunidad volverá a campear y Enrique Peña Nieto seguirá publicitando aquí y allá que en México todo marcha a la perfección: que se respetan escrupulosamente los derechos humanos, que tenemos una economía pujante y en crecimiento, y que el nivel de vida de los mexicanos es igual o mejor que el de alemanes, japoneses, franceses o gringos. El dinosaurio represor y sanguinario ha regresado. Que se cuiden todos. Viene Peña Nieto con su séquito de pistoleros, sicarios, mercenarios, narcojueces, narcogobernadores y narcoalcaldes.

    Email: mramales2000@yahoo.com.mx