Opinión.

PALESTINA Y LA DIGNA LUCHA POR SER UN ESTADO RECONOCIDO POR LA ONU-EEUU.

 

Por Ricardo García Jiménez/APIM.

Para Palestina conseguir ser el Estado libre y soberano número 194 ante las Naciones Unidas tiene una significación muy importante porque sería reconocer a este pueblo como Estado miembro con plenos derechos y obligaciones. Es reconocer que el Estado de Israel vuelva a las fronteras que existían en la década de 1960 y poder exigir la liberación de sus habitantes ante los férreos embates de los EEUU. 

Lograr el reconocimiento de ser un Estado por un organismo supranacional como es la ONU es importante y seguramente sentaría un precedente en la política y el derecho internacional. Pero ¿qué cambia si se le da ese reconocimiento? Primero el respeto a la vida de centenares de miles de palestinos. Además el poder tratar de dar solución a la gran cantidad de temas de gran peso político y humanitario que se han tratado de manera somera en organismos como la ONU o la Corte Internacional de la Haya sin que se hubieran producido cambios favorables al desarrollo de una vida digna para los palestinos. Y claro está el poder derribar el muro de la infamia que sigue avanzando con la complicidad de las potencias Occidente en cabezadas por los Estados Unidos de Norteamérica, como los ataques sobre los territorios palestinos que dejan en su expansionismo la crisis humanitaria tan criminal que ha sido testimoniada a través de cientos de fotos que circulan por internet.

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  • PALESTINA Y LA DIGNA LUCHA POR SER UN ESTADO RECONOCIDO.
  • Recordemos que este horrible genocidio comenzó hacia fines de la década de 1940, toda vez que después de finalizada la Segunda Guerra Mundial (SGM), los países aliados vencedores tenían el problema de cómo lidiar con los judíos que fueron confinados en los campos de concentración de la Alemania nazi, y fue con la creación de la ONU y sus posteriores resoluciones como la 181 con la que se aprobó el injusto y asimétrico plan de partición de Palestina en 1947 que creó el Estado de Israel, mismo que alojo a los judíos que se convirtieron en un problema para los países ganadores de la SGM, pero a la vez se condenó a los palestinos a ser un pueblo errantes sin tierras.

    Y fueron con las presiones de la comunidad internacional que las resoluciones 242 y 338 de la ONU que se expuso la alarmante situación de las fronteras que el Estado Israelí fue expandiendo a través de la fuerza de su ejército, sin que palestina tuviera ninguna capacidad para impedir el avance a punta de balazos de Israel en la región.

    Fue en 1974 cuando la ONU reconocido a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) como entidad representativa del pueblo palestino para poder negociar una momentánea tregua entre los pueblos en conflicto, pero la ONU fue cauta de no reconocer un Estado palestino; y más recientemente la ONU tampoco ha tenido el gesto de reconocer como estado a la Autoridad Nacional Palestina (ANP), que es justamente lo que ahora está en discusión.

    Pero la cuestión no es sólo acceder a la estadidad entre esas naciones, aunque por supuesto es preciso celebrar esta iniciativa para frenar la matanza de pueblo palestino, dado que son numerosos los asuntos de gran espesor que aún siguen pendientes por la falta de un reconocimiento jurídico de ese pueblo.

    Y como una forma de administrar el conflicto y las exigencias internacionales a través de los años la ONU estableció el “Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino” (29 de noviembre) designado por la ONU (Res. 32/40 B, 1977) para palear las indignaciones internacionales ante los cruentos asesinatos hacia los palestinos.

    Pero ¿esta estratagema de la política internacional cambio en algo las condiciones de ese pueblo? No. Ya que una serie de informes solicitados por la ONU para establecer el real número de víctimas y castigar a los responsables directos de los daños humanos y materiales ocasionados por guerras e invasiones, como el Informe Goldstone (producido el 23/09/2010, sobre el brutal ataque de Israel a Gaza en enero 2009) arroja resultados estremecedores. Aunado a lo anterior se puede afirmar que hasta el día de hoy no ha existido alguna penalización a los agresores por la corte internacional.

    Ante tal panorama es desilusionante reconocer que en el foro de las Naciones Unidas han sido muy pocos los Estados miembro que tomado seriamente las demandas reales de Palestina por ser una Estado libre y soberano. Por eso, la actual encrucijada que se presenta como una nueva oportunidad para el logro de ese deseo de su población pueda darse sin condicionamiento alguno y son millones de personas en todo el mundo los que ahora esperan un tratamiento más sensato y efectivo de esta lacerante cuestión que ha indignado al mundo entero.

    Y es quizás gracias a que varios estados latinoamericanos han reconocido a Palestina en los últimos años como estado soberano e independiente, situación que pueda apuntar que las cosas puedan tomar otro rumbo diferente a pesar de la declarada oposición del Premio Nobel de la Paz Barack Obama, mandatario de los EEUU. La expectativa es enorme, pero siendo realistas y con los antecedentes desfavorables en la historia de la ONU con respecto al caso de Palestina, la razón nos dicta que es muy desfavorable el que se emita una resolución en el sentido deseado.

    Ante tal problema ha habido propuestas de solución al caso Israel-Palestina como la plantada por Said y Warschawski que señalan la creación de un Estado binacional, no la existencia de dos Estados, esta propuesta puede ofrecer una solución momentánea al problema, pero no definitiva. Hay que señalar que antes de pensar y evaluar si la solución es un Estado Binacional o Dos Estados, como se intenta establecer ahora en la ONU, hay que tener en cuenta que todo este proceso debe ir acompañado de una toma de conciencia que supere la “negación” de una de las partes que se encuentran inmersas en este conflicto que ya data de varias décadas.

    De no mediar éste salto de conciencia ninguna solución será viable, sólo se construirá sobre la mentira y la simulación, y eso no conducirá a ningún lado. Ya que la historia ha dado ejemplos vivos de estas difíciles reconciliaciones cuando en medio del conflicto ha existido la aniquilación de cientos o miles de individuos que luchan por su independencia y autonomía.  

    No puede haber reconciliación sin reconocimiento por parte de Israel, sus dirigentes y su población, de la injusticia cometida en contra del pueblo palestino; y del mismo modo por parte de la Autoridad Nacional Palestina, ejercicio de memoria y construcción de causes que puedan llevar a una salida justa. Pues de nada sirve condenar sólo el  proceder de Israel dado que no es el único responsable de la situación desoladora imperante en Palestina, sin ánimo de minimizar el colonialismo del sionismo judío y no judío, en Israel y fuera de él.

    Recordemos también que la tesis de los Dos Estados separados no prosperó en Oslo (1993) ni tampoco en Camp David (2000). ¿Podrá darse esa posibilidad ahora? No sabemos.

    Pero ese es el auténtico reto que enfrenta el tratamiento del asunto Israel-Palestina en la ONU. Aquí, con todo,  hay dos escollos que sortear: primero, la propia Asamblea General, donde se necesita conseguir los dos tercios de los votos; segundo el  antidemocrático Consejo de Seguridad -donde EEUU ya anunció su veto, ratificado por el provocador discurso de Obama en la inauguración de la 66º Asamblea General. Por eso el panorama no parece ser alentador.

    Más allá del auspicio y la reivindicación de estos lugares como instancias políticas de comunicación y coexistencia internacional, como lo es (o debería ser) la ONU, el procedimiento en el que están embarcados los miembros de la Autoridad Nacional Palestina tiene que ir acompañado necesariamente de ambos lados de una política estratégica y
    efectiva para la región. No se puede seguir dejando la representación en manos de otros que dilaten (o sigan dilatando) la solución del problema.

    De lo contrario seguirá existiendo el mismo problema pero con diferente condición jurídica. Hasta ahora lo que hay es esto: un estado, que es un estado que ocupa un territorio de otro pueblo (Israel) y una población (palestinos) que sólo tiene la categoría jurídica de entidad política (la OLP) y no de estado.

    Si se logra el reconocimiento de Palestina como Estado pleno de derechos pero sin el acompañamiento efectivo de la cooperación internacional que garantice y sostenga el desarrollo real de ese estado, tendremos dos estados (Israel y Palestina), dos sujetos de derecho internacional, pero en condiciones profundamente asimétricas.

    La comunidad internacional, y especialmente las grandes potencias que ocasionaron la tragedia palestina, deben garantizar la viabilidad del Estado palestino en caso de que éste
    finalmente vea la luz del día. Pero este reconocimiento, sin política de desarrollo que lo sostenga y que permita la reconstrucción material y espiritual de ese pueblo, puede paradójicamente terminar por jugar en contra de sus heroicos y respetables anhelos de libertad, democracia y bienestar. Por eso es preciso no abandonar a Palestina en el desconcierto y la polarización internacional.