Opinión.

 

LA POLÍTICA MONETARIA DEL BANCO DE MÉXICO Y EL CAPITAL FINANCIERO.

Por Martín Carlos Ramales Osorio/APIM.

Nos hemos enterado en los últimos días, que el Banco de México ha venido retirando dinero de la circulación. El argumento de su titular, el Chicago Boy Agustín Carnstens, es que esta medida la toma el instituto central ante el proceso electoral en marcha, que trae consigo un aumento del gasto para financiar las respectivas campañas.

El aumento del gasto puede provocar un aumento de la demanda agregada y, por tanto, de la inflación, que es lo que en realidad preocupa al Banco de México. Hay que recordar que la principal preocupación de las autoridades económicas del país (léase Hacienda y Banxico) es la estabilidad macroeconómica: equilibrio presupuestal y en balanza de pagos, inflación baja y estable, y estabilidad cambiaria (es decir, mantener el valor del peso frente al dólar; o incluso aumentarlo).

Y en eso ha venido trabajando el instituto central, dirigido por uno de los soldados del capitalismo neoliberal: Agustín Carnstens; y lo ha venido haciendo desde que el Banco de México logra su autonomía (allá por 1994-95) y que se adopta para el país un esquema de tipo de cambio flexible (en donde el valor del peso frente al dólar queda determinado por las leyes de la oferta y la demanda).

 

  • dinero
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  • Lo anterior, en el contexto de perfecta movilidad del capital financiero a nivel internacional como lo es hoy en día, convierte a la política monetaria en sumamente eficaz para objetivos de política económica (bajar la inflación o disminuir el desempleo), en tanto que los efectos de la política fiscal se cancelan, al menos desde la perspectiva de la teoría económica convencional dominante.

    En consecuencia, para lograr el objetivo de la desinflación de la economía, la única política que puede lograrlo es la política monetaria del Banco Central. Sin embargo, al Banco de México más que preocuparle el poder adquisitivo del salario, lo que en realidad le preocupa es el bienestar de los capitalistas financieros transnacionales que especulan en bolsa; y el capital financiero se mueve de un país a otro en busca de los más altos rendimientos, de las tasas de interés más elevadas.

    Aquí viene lo interesante del asunto: ¿cómo hacer subir las tasas de interés hasta ubicarlas por encima de las prevalecientes en otros países? La respuesta es: disminuyendo la oferta monetaria, retirando dinero de la circulación. Siempre que disminuye la oferta de jitomate mientras que la demanda permanece constante, el precio del jitomate se incrementa. De manera similar, la disminución de la oferta monetaria hace aumentar el precio del dinero que recibe un nombre particular: tasa de interés.

    De esa manera, al retirar dinero de la circulación el Banco de México hace subir la tasa de interés; si la política monetaria es suficientemente restrictiva, la tasa de interés doméstica se ubicará por encima de la prevaleciente en otros países por lo que empezarán a entrar capitales especulativos al país (en términos de la jerga de la contabilidad de la balanza de pagos, este tipo de capitales se conocen con la denominación genérica de Inversión Extranjera de Cartera; de alguna manera hay que disfrazarlos, son los amos del mundo, son los que mandan).

    Por tanto y en consecuencia, la Inversión Extranjera de Cartera (IEC) ha fluido con celeridad hacia la economía mexicana, especulando con acciones de empresas (mercado accionario) y con papel gubernamental (mercado de dinero) en la Bolsa Mexicana de Valores (en 2012, de los pasivos totales de la cuenta de capital la IEC representó el 67% de los mismos; y la mayor parte de la IEC (poco más del 82%) se invirtió en papel gubernamental y un porcentaje menor (el 18% restante) en acciones de empresas). Los principales beneficiarios de la política monetaria restrictiva del Banco de México son, pues, los capitalistas financieros transnacionales. Pero si estos están ganando, alguien debe de estar perdiendo.

    ¿Quiénes están perdiendo? Retomemos el planteamiento de que entran capitales especulativos al país. Al entrar capitales al país, el peso se aprecia (o lo que es lo mismo, el peso gana valor frente al dólar porque la entrada de capitales significa un aumento de la oferta de divisas; y siempre que aumenta la oferta de algo y todo lo demás permanece constante, disminuye su precio); y un peso caro encarece las exportaciones pero abarata las importaciones de bienes y de servicios (con un peso caro, menos extranjeros vienen de turistas al país).

    En consecuencia, la apreciación del peso hace que disminuyan las exportaciones netas (diferencia entre valor de exportaciones e importaciones) y, por tanto, la demanda agregada, la producción y el empleo (o alternativamente aumenta el desempleo). La balanza comercial y en cuenta corriente registrará un déficit (definido como el exceso de importaciones sobre exportaciones) (en 2012, el déficit en cuenta corriente su ubicó en aproximadamente 11,500 millones de dólares, y para el primer trimestre de este año ya rebasaba los 5,500 millones), tal como se puede constatar de una revisión rápida de la balanza de pagos de México.

    En consecuencia, ¿quiénes están perdiendo? Las empresas nacionales (y extranjeras) que producen para el mercado exterior, por lo que también se sacrifican empleos perjudicando a la clase trabajadora. Adicionalmente, el aumento de la tasa de interés que propicia el retirar dinero de la circulación, incide negativamente sobre la demanda de bienes de inversión (los empresarios tomarán menos fondos prestables del sistema financiero para invertir en bienes de capital). Al disminuir la demanda de inversión (y probablemente también la de consumo), disminuye todavía más la demanda agregada, la producción y el empleo (o aumenta todavía más el desempleo).

    La política monetaria restrictiva del Banco de México, incide negativamente tanto sobre el componente externo (exportaciones) como interno (demanda de inversión y de consumo) de la demanda agregada. Así que los grandes especuladores transnacionales ganan lo que pierden trabajadores y empresas de todo tamaño que producen tanto para el mercado interno como para el mercado exterior. Un juego de suma cero en todo su esplendor.

    ¿Qué el Banco de México está preocupado por bajar la inflación para propiciar un aumento del poder adquisitivo del salario? Puro discurso, mero disfraz. Para muestra un botón: según un estudio del Centro de Análisis Multidisciplinario de la UNAM, hacia enero de 1982, meses antes de que Miguel de la Madrid inaugurara políticas económicas de corte neoliberal, el salario mínimo diario (mismo que ascendía a 6.47 pesos) compraba 280 piezas de pan, 8 kilos y medio de huevo, casi 12 kilos de frijol, 18.6 litros de leche o 6.7 litros de aceite; treinta años después, hacia febrero de 2012, el salario mínimo diario apenas alcanzaba para comprar 38.9 piezas de pan, 3.2 kilos de huevo, 2.7 kilos de frijol, 4.6 litros de leche o 2.6 litros de aceite. La inflación baja y estable un mito del Banco de México y de su titular, El Gordo Carnstens, más que una realidad.

    El objetivo oculto, no explícito, del Banco de México: beneficiar al capital financiero transnacional en detrimento del bienestar de obreros y campesinos; así como de micros, pequeños y medianos empresarios. La política monetaria, un auténtico desastre y una total contradicción; pues supuestamente el motor del crecimiento económico son las exportaciones (de ahí los múltiples acuerdos de libre comercio que ha firmado el país con distintos países y regiones del mundo), mismas que requieren de un peso barato (depreciado) en vez de un peso fuerte (apreciado)…