Opinión.

 

Los partidos y candidatos, sin compromiso con los ciudadanos.

 

Por Ricardo García Jiménez/APIM/.

Ante el inicio de los tiempos electorales para la renovación de alcaldías y el congreso local, en el Estado de Oaxaca, los políticos que integran la militancia de todos los institutos políticos no han estado a la altura del cambio que el país y la entidad oaxaqueña requiere. Su escueto, débil y oportunista compromiso hacia la ciudadanía se resume sólo a frases de slogan, aparecer en redes sociales simulando que trabajan por la gente y dándose baños de pueblo retratándose con niños, ancianos, amas de casa, campesinos o regalando bastones, sillas de ruedas, anteojos es lo que caracteriza en estos tiempos su proceder con la ciudadanía.

Tanto panista, priista o perredistas se consideran merecedores de representar a los oaxaqueños en el congreso local o encabezar la dirección de algún municipio. Para muchos de ellos para lavar sus pasados tormentosos se dicen escritores en medios de comunicación, montan sus radios y televisiones en internet, mostrándose conocedores de la realidad y los problemas locales, se presentan como virtuosos de una ética y la moral inquebrantable, se muestran como padres o abuelos cariñosos, como esposos fieles, muestran su compromiso con la ciudadanía rodeándose de niños y gente necesitada.

 

  • sillas
  • Los partidos y candidatos, sin compromiso con los ciudadanos.
  • Pero muchos de estos “políticos” carecen de un liderazgo político, carecen de una inteligencia media, están privados de una cultura amplia, desconocen de los asuntos legislativos y de los procesos administrativos a seguir cuando de gestiones se tratan ante los diferentes niveles de gobierno. Muchos de estos políticos tienen ante sí el reto de ser receptores de las frustraciones, quejas, reclamos y propuestas de los ciudadanos comunes y corrientes, para luego plantear políticas públicas que realmente satisfagan las necesidades sociales. Pero ante el perfil de muchos de ellos, la solución de las demandas se presenta difícil de dar salida.  

    Ante ello podemos señalar que los partidos políticos y los políticos viven una crisis de identidad, lo que desde nuestro punto de vista, hace evidente la necesidad de que cada instituto debería iniciar un proceso de reflexión para replantear si los “elegidos” están a la altura de las exigencias de una ciudadanía cada día más demandante. Pero sabemos que no, los dirigentes de los partidos, como de los precandidatos y candidatos, sólo ven a estas instituciones como franquicias o medios para sus ambiciones personales.       

    Considero que de todos los problemas que enfrenta nuestro país, el desprestigio de la política es, sin duda, uno de los más graves, ya que atenta, como la inseguridad, la desigualdad y la pobreza, contra la legitimidad del Estado, ya que ante la falta de credibilidad de los partidos y políticos, el Estado queda vapuleado.

    Se puede afirmar que el descrédito y desprestigio de los partidos políticos, por lo general, son vistos como entidades corruptas, parasitarias, oscuras y muy poco representativas de los intereses de la población. Por lo que, los diversos políticos y los partidos tienen ante sí el gran reto de modificar lo que los ciudadanos perciben de ellos, para de esta manera contribuir al cambio en el sistema político.

    PRI: El viejo régimen Reloaded

    La alternancia entre PRI y PAN no se ha traducido en una mejora en la gobernabilidad democrática, ya que el modelo de gobierno priista se diseñó sobre un supuesto fundamental: Presidente fuerte - Partido fuerte.

    De esta manera se están presentando signos muy claros de un Reloaded del viejo régimen, ya que la inercia del pasado, solo durante 12 años estuvo en un Stainback, pero que con los errores de la administración permitióacrecentar el regreso del PRI.

    No obstante, los partidos políticos han jugado un papel fundamental en este deterioro, ya que no han estado a la altura de las necesidades del país, por esto se requiere una ley que los regule, que haga más transparente su funcionamiento y que profundice la participación ciudadana.

    La falta de liderazgo del actual Presidente de la República, el constante enfrentamiento de poderes, así como entre el gobierno y los partidos, y los pocos resultados de la pluralidad, demuestran la urgente necesidad de transitar hacia un nuevo régimen político, pero en el caso de los priistas, su cultura y sus prácticas políticas al interior de esa institución imposibilitan cambios, ya que la práctica antigua de la imposición, la utilización de las bases sociales y de militantes, la simulación, descaro y la falta de cumplimiento de los compromisos es los ha distinguido a los priista que configuran un perfil de estos políticos.  

    El tránsito de este sexenio, va de mal en peor, está consumiendo las últimas reservas políticas del sistema, incrementando las tensiones sociales sin resolver, los problemas económicos y políticos, y las negociaciones de las fuerzas políticas no van a tener un canal para resolverse, cuando el régimen y sus “políticos” han sido curtidos bajo la sombra de caudillaje y el autoritarismos de los cacicazgos regionales.

    PAN: patadas de ahogado

    El sistema político está mal diseñado y los legisladores de este instituto fueron capaces de actualizarlo, debido a que aún prevalecen las posiciones ideológicas irreductibles de los partidos, las cuales no han permitido ni siquiera que haya un acercamiento con la reforma del Estado.

    La muestra del atraso que vivió el sistema político con la administración panista se quedó corta ante la gran expectativa que había generado la llegada de un nuevo partido a la presidencia de la republica con Vicente Fox en el año 2000.

    Los panistas carecieron de una visión y compromiso con la ciudadanía, ya que al igual  que los priistas, rehuyeron a la discusión de los temas que agobiaban a la ciudadanía. Su reduccionismo mental y su egolatría "anclada en el pasado medieval", los condeno a la intolerancia que violento los derechos humanos al tratar de dar solución por la vía a del violencia institucional a la solución de problemas como el narcotráfico.

    Pero además de las falencias del sistema como tal, propiciaron una crisis de identidad al interior PAN, ya que con el afán de fortalecer sus bases de militantes, incorporó masivamente a malabaristas, convencieros, arribistas y mercenarios que minaron sus propios principios de partido que se tradujo en funcionarios de la burocracia federal en usureros de la política pública.

    Muy recientemente el Comité Ejecutivo Nacional del albiazul, depuro su padrón de militantes ante esa realidad que dejo mal parado a esa institución. Muchos de los tradicionales panistas han coincidido en señalar que: "… con las malas direcciones de partido estamos manchando nuestra imagen con nuestras actitudes y actos, por lo que hoy tenemos la obligación de revertir ese ejercicio y empezar a limpiarla, porque la ciudadanía se cansa y se harta de lo que ha acontecido".

    PRD: El descrédito de la “Izquierda”.

    Los partidos políticos, así como las instituciones de gobierno, atraviesan por una crisis de credibilidad social donde la única salida para darle viabilidad al sistema político es la recuperación de la confianza ciudadana, reconocieron perredistas.

    Una de las expresiones más preocupantes del descrédito de la ciudadanía hacia este partido, es que el PRD se ha convertido en una copia casi exacta del PRI, así como su incongruencia al aprobar y apoyar al actual gobierno federal con políticas públicas que son contrarias a interés y benéfico popular.

    Es reprochable que el PRD no asuma como suyos los problemas que enfrenta nuestro país, el del desprestigio de la política es, sin duda, uno de los más graves, ya que atenta, como la inseguridad, la desigualdad y la pobreza, contra la legitimidad del Estado. Y el PRD y sus militantes les ha faltado estar en los momentos claves, del lado de pueblo.

    Una parte muy importante de este descrédito de los perredistas, es el sus políticos, que por lo general son vistos como corruptos, parasitarios, oscuros y muy poco representativos de los intereses de la población.

    Esta crisis que atraviesa el PRD se hubiera detenido si el partido hubiera sido consecuente con sus postulados de ser un partido de izquierda, y no haber acogido a tanto bribón oportunista en sus filas que mancharon la obtención de la presidencia en el 2006. El PRD actualmente se presenta como un partido inconsecuente cuando entabla alianzas o coaliciones con partidos como el PAN, que políticamente e ideológicamente son antagónicos. Señal que los ciudadanos leen como dudosa.

    En el PRD existen resistencias burocráticas y de camarillas que se oponen al cambio del sistema político, por lo que las "fuerzas reformadoras" en este instituto son expulsadas o arrinconadas para que no muevan la estructura rígida que ahí prevalece.

    En conclusión, los partidos políticos son un instrumento de la sociedad, capaces de ser receptivos a las demandas sociales, promover los cambios que reclama la sociedad, ser más transparentes, más democráticas, más abiertos, y desde luego, más preparados en sus cuadros. Pero la realidad es más tozuda que los ideales, ya que la verdad los partidos perdieron el rumbo de ser los medios que recojan las demandas ciudadanas, más bien se han convertido en las franquicias de las familias de usufructúan estas instituciones.

    El perfil de los militantes de las instituciones políticas, ha venido a la baja, no existe una clara distinción entre los militantes de uno u otro partido, la constante es el uso del poder para el enriquecimiento y el arribo a puestos dentro de los congresos o la burocracia. Hoy el perfil de los políticos es la simulación, la mentira y el engaño. Las propuestas a la ciudadanía es lo de menos, esta es sustituida por el márquetin político, y la burda e inocua imagen que quieren proyectar a los ciudadanos para congratularse y obtener su voto.