Opinión.

FELIPE CALDERÓN: MARCHA FÚNEBRE O LAS GOLONDRINAS

 

Por Martín Carlos Ramales Osorio/APIM.

En poco más de tres meses el actual inquilino de Los Pinos, Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, de aquí en adelante simplemente Fecal, abandonará la residencia oficial, despojándose de la investidura de Presidente de la República, para convertirse en un ciudadano más, únicamente que con pensión vitalicia (según una investigación realizada por el Senado de la República en 2007, mantener a Luis Echeverría, Miguel de la Madrid, Carlos Salinas, Ernesto Zedillo y Vicente Fox costaba, en promedio, 51 millones 823 mil pesos anuales por cada uno de ellos; cada ex presidente tiene una remuneración mensual equivalente al salario de un secretario de Estado en funciones, y beneficios que incluyen a un equipo de 103 personas por cada uno de los ex mandatarios para atenderlos; según la investigación del Senado, con esta tendencia al terminar el sexenio del presidente Felipe Calderón el gasto en Luis Echeverría, Miguel de la Madrid, Carlos Salinas, Ernesto Zedillo y Vicente Fox rebasaría los mil 554 millones 691 mil pesos al año, un promedio de 310 millones 938 mil 200 pesos por cada uno de ellos: www.eluniversal.com.mx/nacion/153652.html) y bajo el resguardo y cuidado del Estado Mayor Presidencial (EMP).

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  • MARCHA FÚNEBRE O LAS GOLONDRINAS.
  • Con semejante pensión y prestaciones, difícilmente la familia Fecal la pasará mal, tiene más que asegurado su porvenir. No tiene nada de que preocuparse ni de que angustiarse, pues tiene asegurada más que la comida, el techo y el abrigo, a contrapelo de la golondrina de la canción: “A dónde irá veloz y fatigada la golondrina que de aquí se va. No tiene cielo, te mira angustiada sin paz ni abrigo que la vio partir”.

    Más bien al terminar su gestión, bastante gris y mediocre en términos de resultados, dejará a millones de mexicanos sumidos en el desempleo, la pobreza y la inseguridad (a merced de narcotraficantes, secuestradores, violadores y ladrones de toda cepa y calaña).

    El número de mexicanos en pobreza alimentaria aumentó en 6 millones 461 mil 701 personas entre 2006 y 2010, los primeros cuatro años de su administración. Otro tanto ocurrió con la pobreza de capacidades y con la pobreza de patrimonio: casi 8 millones de mexicanos se sumaron a la larga fila de los pobres de capacidades durante 2006-2010, y más de 12 millones se incorporaron a la respectiva fila de los pobres de patrimonio.

    De esa manera, poco más de 21 millones de mexicanos apenas si ganan actualmente para comer (o son pobres alimentarios), poco más de 30 millones son pobres de capacidades (ya que sus ingresos son insuficientes para adquirir la canasta alimentaria y efectuar los gastos necesarios en salud y educación) y casi 58 millones de compatriotas son pobres de patrimonio (definida como la insuficiencia de ingreso para adquirir la canasta alimentaria y efectuar los gastos necesarios en salud, educación, vestido, vivienda y transporte).

    Y es que durante el calderonato, la economía simple y sencillamente no creció, ni en términos del PIB total a precios constantes y mucho menos en términos del PIB por habitante (durante los primeros cinco años de la administración calderonista, ambos indicadores habían crecido a tasa promedio interanual del 1.53 y del 0.07% respectivamente), por lo que aumentó el desempleo (por la razón de que no solamente no se crearon empleos, sino que incluso se perdieron plazas de trabajo) arrojando como secuela pobreza y más pobreza. Círculo vicioso de pobreza que se ha visto reforzado por importantes aumentos de precios: el gas, las gasolinas, las tortillas y recientemente el huevo.

    Por si todo lo anterior no bastara, la torpe política de seguridad pública de Fecal ha convertido al país en un gran y siniestro cementerio, con saldo de poco más de 95 mil homicidios ocurridos y registrados entre 2007 y el año anterior (2011). Por tanto y en conclusión, Fecal pasará a los libros de historia como un presidente ilegítimo (ya que se hizo del poder a través de un muy bien documentado fraude electoral), autoritario y violento (ya que sacó a militares, marinos y policías a las calles tanto para perseguir delincuentes como luchadores sociales), como incompetente (dados los resultados negativos de su gestión en prácticamente todos los rubros del quehacer gubernamental), como el presidente del desempleo y la pobreza y, finalmente, como el presidente que dejó al país en un verdadero baño de sangre.

    Así es que al irse, más que cantarle las golondrinas los mexicanos deberíamos hacer sonar una marcha fúnebre pero en honor de nuestros más de 95 mil muertos (muchos de ellos probablemente inocentes) y lamentarnos profundamente por nuestros millones de desempleados y pobres que apenas si tienen para comer. Desafortunadamente, no siempre vendrán tiempos mejores. El futuro luce como muy incierto. El próximo presidente, Enrique Peña Nieto, representa más de lo mismo: desempleo, encarecimiento en el costo de la vida, pobreza, corrupción, represión e inseguridad. Al tiempo.