Opiniòn.

LA REFORMA LABORAL EN TURNO ¡EL GOLPE QUE VIENE!

 

Por Perseo Rosales/APIM.

Desde el pasado 8 de marzo la clase trabajadora española empezó a resentir los efectos de la aplicación de una reforma laboral que modificó por séptima vez la relación entre los patrones y sus empleados, la cual según el Sr Mariano Rajoy, jefe del Gobierno Español, se propone: "acabar con la rigidez del mercado de trabajo y sentar las bases para crear empleo estable", pero que a juicio de diversos analistas ibéricos, el llamado Real Decreto Ley 3/2012 es la etapa más reciente del proceso flexibilizador iniciado desde 1994 para afianzar el carácter barato y temporal de la contratación, facilitar los despidos y comprimir las contribuciones a la seguridad social.

Ya que en México, el todavía presidente espurio luego de su sarta de habladas contra el priismo se ha empeñado en congraciarse con Peña Nieto, por eso instruyó a los diputados del PAN para consensar con la bancada del supuestamente “nuevo” PRI el impulso de una reforma laboral similar, por ello lo sucedido en España se convierte en un importante referente de lo que nos espera en nuestra función de trabajadores que únicamente vivimos del esfuerzo físico y/o mental propio.

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  • LA REFORMA LABORAL EN TURNO ¡EL GOLPE QUE VIENE!.
  • A priori, la opinión en los medios alternativos y en las redes sociales dice que se trata de una propuesta regresiva, lesiva, contraria a los intereses y aspiraciones del trabajador mexicano ya que facilita los despidos ampliando la gama de causales, promueve los contratos basura y particularmente la contratación por tiempo parcial que permitiría a los patrones pagar un salario base costeando las horas extras en 8 o 9 pesos por hora sin otorgar más prestaciones, asimismo, no permitiría que un trabajador genere antigüedad, limitaría el derecho de huelga y en caso de litigios laborales propondría a los patrones pagar hasta un tope de 12 meses de salarios caídos cuando el juicio se alargue. Pero explorando con más detenimiento y atando cabos nos damos cuenta que la mano prianista ya está empujando con todo la aprobación de tal reforma, hasta el punto de estrangular las conquistas laborales y con ello reducir la estabilidad de empleo que muchos deseamos.

    Con base en la experiencia española deducimos que la reforma al menos consideraría los hechos económicos (por ejemplo una devaluación), técnicos (por ejemplo una maquinaria reciente), organizativos (por ejemplo una nueva administración), de mercado (por ejemplo un nuevo competidor) y de fuerza mayor (por ejemplo una inundación) como fuentes de cambio con alguna incidencia en la actividad del patrón, si tal incidencia es negativa y además persistente por un semestre, esos hechos se convierten en causales de despido permitiendo que el patrón pueda ajustar su plantilla de trabajadores, reestructurar sus costos y recibir bonificaciones de hasta 50% en sus aportaciones a la seguridad social.

    También deducimos que podrían promoverse los contratos de formación y aprendizaje, justificados por la necesidad de un primer empleo que tienen los universitarios y específicamente los jóvenes de hasta 25 años, particularmente este tipo de contratos serían bastante benéficos para el patrón porque comprobaría la calidad de la mano de obra pagando un salario equivalente hasta un 75% de la jornada pactada considerando que esto representa la máxima proporción de trabajo efectivo, el restante 25% digamos que es el costo de dejar que los jóvenes demuestren sus capacidades y aprendan del trabajo; asimismo, el patrón que mantenga hasta un máximo de tres años una plantilla de trabajadores con este tipo de contrato, también recibiría bonificaciones en las aportaciones y cuotas al Seguro Social e Infonavit.

    Para quienes trabajan o tienen una experiencia previa, lo sucedido en España nos dice que habría un contrato de prueba o de trabajo, por tiempo indefinido o por tiempo parcial. Todo contrato de prueba daría al patrón la posibilidad de evaluar en una área específica por un periodo no mayor a seis meses, las capacidades y productividad de un trabajador, pudiendo repetir una vez más la evaluación en otra área, después el patrón sabría si le conviene o no otorgarle un contrato de tiempo indefinido, de tiempo parcial o simplemente dar las gracias al trabajador a prueba.

    En el caso del tiempo indefinido, según la experiencia española, el patrón estaría obligado a emplear de tiempo completo y como mínimo seis meses a los trabajadores que tengan algún tipo de instrucción o de capacitación comprobable con documentos y como mínimo dos meses a quienes no puedan comprobarlo. Cubierto ese tiempo mínimo, en cualquier momento puede proceder su despido con base en las causales antes descritas sin que haya lugar a indemnizaciones. En el caso del tiempo parcial, la reforma establecería que bajo ninguna circunstancia el trabajador podría realizar horas extraordinarias cuya suma igualen la jornada pactada, por eso el contrato contabilizaría horas de trabajo a partir de dos y hasta un máximo de cinco horas dando oportunidad, que a voluntad y conveniencia del patrón, el trabajador podría completar una jornada de hasta ocho horas, contabilizando las extraordinarias sin más prestaciones. En cualquiera de estas modalidades de contrato, si el patrón mantiene por más de un año su plantilla de trabajadores, la reforma le daría deducciones fiscales y bonificaciones en las cuotas empresariales a la seguridad social

    Con la reforma también se reconocería que la existencia de pérdidas actuales o el hecho de que un patrón anticipe pérdidas mediante estados financieros proforma, así como la disminución persistente de los ingresos o las ventas durante un semestre, provocarían cambios que justificarían una contribución para superar la situación económica negativa del patrón, mediante la modificación de las condiciones laborales, dando oportunidad a un procedimiento de despido colectivo y en el peor de los casos, a limitar el derecho de huelga con medidas paliativas como la recolocación o los paros técnicos forzosos.

    La ironía de la reforma laboral en turno no consiste en que los patrones –muchos de ellos representados por el Consejo Coordinador Empresarial y la Coparmex- aunque sean evasores fiscales contribuirían menos a la seguridad social, ni que los diputados panistas que luego de las elecciones federales apenas lograron convertirse en la tercera fuerza política nacional, traten de desquitar su oneroso sueldo mensual de $148,450 haciendo labor con el priismo; lo irónico consiste en la actitud de Calderón, ese autollamado presidente del empleo, quien traicionó sus propias promesas y a los electores desempleados que lo eligieron, porque no promovió los cinco millones de empleos que necesita la sociedad mexicana, por el contrario, con esta ocurrencia de último momento se volvió un tipo cínico y perverso, haciendo un trabajo sucio antes que los costos sociales alcancen a su relevo.