LA CUESTIÓN DE LAS DROGAS Y LA GUERRA DE CALDERÓN.

Por Martín Carlos Ramales Osorio
mramales2000@yahoo.com.mx

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Felipe Calderón Hinojosa, el autodenominado “presidente del empleo” y que ha conducido al país hasta la categoría de un “Estado fallido” (como fallida es su política económica para generar crecimiento económico y empleos bien remunerados, así como para contrarrestar los nocivos efectos de la crisis financiera internacional con epicentro principal en USA; y como fallida es también su política social para cerrar la brecha entre ricos y pobres), pretende solucionar el problema del narcotráfico desde una perspectiva meramente policiaca y militar, cuando en realidad el problema tiene muchas aristas y es más complicado de lo que comúnmente se cree y se percibe a primera vista.

Es más, y pensándolo bien, el ejército y la policía son más bien parte del problema que de la solución; pues los narcotraficantes, dado su enorme potencial económico, han penetrado las filas del ejército y de la policía comprando lealtades de agentes, comandantes y miembros del ejército, entre ellos a mismísimos generales de la institución castrense.

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  • LA GUERRA DE CALDERÓN.
  • En consecuencia, por ese lado las cosas no caminan nada bien; aunque el presidente Felipe Calderón y el general secretario de la SEDENA se esfuercen por demostrar exactamente todo lo contrario: que la lucha (su lucha) contra el narcotráfico, es todo un éxito probado y comprobado. La realidad, sin embargo, es otra muy distinta.

    Desde el punto de vista estrictamente económico, por cada cártel del narcotráfico que es descabezado el negocio de las drogas se hace más rentable. La explicación es la siguiente: la oferta total de estupefacientes disminuye, por lo que el precio de las drogas (marihuana, cocaína, heroína, etc.) se incrementa; no obstante, el consumo o la demanda permanece casi inalterada (para el adicto, la droga es sumamente necesaria y hasta imprescindible, no puede renunciar a ella tan fácilmente), por lo que aumentan los ingresos totales por ventas de los pocos cárteles que van quedando en el mercado, lo que a su vez hace que aumenten sus utilidades o sus ganancias netas.

    En consecuencia, asistimos a una guerra cada vez más violenta entre los distintos grupos de narcotraficantes, que cada vez son menos gracias a la acción del gobierno de Felipe Calderón. Y no es que esté mal acabar con los narcotraficantes, sino que todo parece indicar que el gobierno de Felipe Calderón pretende acabar con la competencia de algún cártel amigo. Han caído numerosos cabecillas de cárteles importantes, pero del famoso “Chapo” Guzmán nadie sabe. Se fugó de Puente Grande bajo el gobierno de Vicente Fox, pero el actual gobierno federal ha sido incapaz de volverlo a capturar, a pesar de todo el despliegue de militares, de policías federales y de sofisticados servicios de inteligencia que informan al gobierno sobre la cuestión.

    Una guerra integral contra el narcotráfico debe desincentivar sobre todo el consumo o la demanda, muy probablemente a través de la difusión de programas educativos que generen conciencia entre jóvenes y adolescentes acerca del peligro que entrañan las drogas para la salud física y mental. Tal vez la legalización del negocio estaría bien. Abundaría la oferta. Los precios serían bajos. El negocio no sería rentable y por tanto no sería negocio. El gobierno podría desincentivar ambos lados del mercado a través de un alto ISR y de un elevado IVA también. Recursos que podría invertir para generar empleos para la población joven del país que ante la falta de oportunidades en la economía legal se incrusta en el peligroso negocio de las drogas. Pero, ¿a qué le tiras cuando sueñas mexicano?