JUAN PABLO II Y LA VUELTA A LA IDOLATRÍA.

Por Ricardo García Jiménez.

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Hace un par de días arribaron a esta Ciudad de Huajuapan de León, Oaxaca, las reliquias de Juan Pablo II. Desde el 25 agosto hasta el 15 de diciembre del presente año estos objetos recorrerán el territorio nacional llegando a los principales centros diocesanos donde podrán ser admiradas, entre las reliquias que se muestran a los creyentes católicos se encuentran una ampolla de sangre, un solideo, unos zapatos y vestimentas del extinto Karol Józef Wojtyła.

El conjunto de piezas pertenecientes Wojtyła buscan en esencia el ser reconocidas y rendir un homenaje a su pontificado por parte de los jerarcas de la institución eclesiástica, pero más que una oportunidad de profundizar su legado, la presencia de estas piezas trazan, por una parte, una vuelta a una idolatría pagana que la iglesia católica combatió ferozmente a los ídolos y deidades que los originarios de estas tierras profesaban hace algunos siglos, y por  otra parte, perfilar una retorno a la feria o show papal como una herramienta practicada durante el oscurantismo de la Iglesia Católica, que pretendía principalmente blanquear la imagen de esta institución y de los papas en turno.

  • JP II
  • Las reliquias de Juan Pablo II .
  •  Recordemos que durante el funeral Karol Józef Wojtyła se veía esta doble manipulación en la manera como se trató el cuerpo de Juan Pablo II como una suerte de tótem: un símbolo incuestionable de su poderío y una imagen intercambiable elevada a una deidad equiparable al propio Jesús el Cristo.

    También recordemos que un poco antes y después de su muerte la nación polaca demandaba que su corazón (metafóricamente hablando) o cuerpo fuese llevado a su patria. Rito asociado más a las ordenanzas y protocolos que un Estado aplica a sus poetas, compositores o líderes de la nación que murieron en el extranjero, pero finalmente fue descartado, de hecho el mismo Juan Pablo II estuvo en contra de caer en idolatrías malsanas después de su muerte.

    Pero en la mira del alta burocracia del vaticano, se dio su pronta beatificación, realizada fast track el primero de mayo de este año, donde la aparición de las reliquias en primer plano (partes del cuerpo) era sólo cuestión del tiempo para ser admiradas, debido a que se necesitaba seguir perdurando el legado y la fe que mantenían los feligreses de todo el mundo hacia este líder carismático.

    En el Vaticano, en febrero de este año, el cardenal Stanislaw Dziwisz (ex secretario personal) sacó una ampolla con sangre de Karol Wojtyla, tomada antes de una operación en 2005, muestra que el Vaticano decidió preservar y comenzó a trazar la inauguración de una  idolatría que pudiera ser funcional para mantener unida a los feligreses entorno a una figuara como la de Juan Pablo II.

    En un canal televisivo italiano, y haciendo uso de las estrategia del show y la farándula como bue programa de reality show, le fue obsequiado a un piloto polaco de la Fórmula 1 que sufrió un grave accidente, la primera de estas reliquias, un medallón con una gota de sangre y fragmento de la sotana de Papa Juan Pablo II. Ello abrió un neo-idolatrismo a la figura de una de sus líderes más populares de los últimos siglos. 

    De igual manera que en el mundo de la política actual o en el ambiente del espectáculo, centrar la idolatría en uno de los personajes más populares sin importar las cualidades, debilidades o lados obscuros que puedan poseer, permite construir en su figura una estructura de dominación que ordene la presentación de esa cualidades supra-humanas que tienden a la construcción de idolatrías que recaen en figuras como referentes de su tiempo y de sus esferas de acción. Hoy la política y la Iglesia Católica han ido utilizando esas estrategias de construcción de imagen y publicidad reduciendo a un nivel denigrante las reliquias arcaicas adoradas por los feligreses pero con un toque moderno, el sentido de ello suponemos también, es destinado al consumo material e ideológico de una forma sin fondo.

    Hoy es penoso ver que la imagen de Karol Wojtyla ha sido modificada e incorporada a la cultura del espectáculo y el consumo. Donde los esquís que usaba el Santo Padre, su suéter, sus dulces favoritos, su bicicleta y de más objetos personales, han sido convertidos en objetos de deseo, que la cultura del consumo ha ido enriqueciendo de manera discreta incorporando encantos y magia portátiles que hoy propios y extraños admiran fascinados como “objetos santos”.

    De hecho en diferentes dimensiones del análisis de la estructura social mexicana, podemos señalar que el triunfo y aceptación de las reliquias de Juan Pablo II es debido en buena parte a que el imaginario social acepta como “fe” una hegemonía de la Iglesia conservadora, que por encima de una Iglesia abierta y de los pobres, reduce los postulados de la iglesia la adoración de estas reliquias a un acto de los sagrado, a diferencias de las clases sociales desprotegidas que su sentido de observar y adorar las reliquias va más allá que a las formas de dominación y comercialización de una imagen. Su sentido es más de esperanza que pudo destellar la figura de Karol Wojtyla.

    Pero otra lectura que puede dársele a este peregrinar de la reliquias apuntan a señalar que las piezas pertenecientes a Juan Pablo II traten de oscurecer todos los intentos de discutir las formas y modos en que el “Papa Peregrino” implemento para acabar con el comunismo y controlar toda tendencia de la Teología de la Liberación practicada en América Latina y en buena parte del territorio oaxaqueño. Como también el cubrir los escándalos del Opus Dei y las actitudes pedofilias de sus dirigentes.

    Las reliquias son la cortina de humo que sirve para eludir toda discusión sobre el Estado y el porvenir de la Iglesia católica hoy en la actualidad que se encuentra sumergida en una crisis de autoridad.

    Por lo tanto, este multi-movimiento de las reliquias peregrinas, a través del desarrollo de una cultura del consumo y el retorno a la idolatría cubren las relaciones sociales y el orden de las cosas existentes opacando el juicio de los hombres enajenándolos hacia la mercantilización de las reliquias.

    El legado de Juan Pablo II hoy en la actualidad queda confinado a un “reliquia-show” que puede ser utilizado para generar la unidad en torno a su figura. Dando con ello un vacío de liderazgo en el actual Vaticano.