Opinión.

 

¿EL FIN DE LA IZQUIERDA INSTITUCIONALIZADA?

 

Por Ricardo García Jiménez/APIM.

Si partimos de la definición que da Clearly, M. al mencionar que los partidos de izquierda se han caracterizado por ser movimientos políticos con antecedentes históricos de los resabios de los partidos socialistas o comunistas, o movimientos sociales de bases, organizaciones populistas u otras fuerzas políticas antagónicas a las fuerzas tradicionales de un conservadurismo, que tienen objetivos revolucionarios o de transformación social y político bajo un principio de equidad e igualdad para los miembros de una nación explotada, entonces surge la pregunta necesaria: ¿Qué fuerza real tiene la izquierda institucionalizada mexicana hoy fragmentada en partidos como Partido de la Revolución Democrática (PRD), el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) y los partidos del Trabajo (PT) y Movimiento Ciudadano (MC)?

Creemos que ninguna, ya que las añejas demandas sociales han sido abandonadas de su causas de lucha y la razón de ser de muchas de esas organizaciones en el momento de haber realizado pactos con los partidos de la oligarquía mexicana como el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el ultra conservador Partido Acción Nacional (PAN).

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  • El carácter obrero, campesino o pequeño burgués que se articuló para la conformación de movimientos sociales de izquierda obedeció, en todos los casos, a la singular estructura social existente a lo largo de la historia de México post de la revolución de 1910.

    Los movimientos anti oligárquicos y clericales tomaron como base doctrinaria de izquierda dos vertientes  que encausaban sus programas de lucha política: los socialistas y los comunistas. Pero producto de la tensión ocurrida durante los años de 1920, entre la adopción de un nacionalismo o un internacionalismo anti imperialista, propicio la división y fragmentación de sus luchas programáticas.

    Los primeros consideran que la lucha contra el imperialismo debía ajustarse a las condiciones locales de cada país luchando contra la oligarquía nacionales y, por tanto, debía conservar la estructura original de los primeros partidos  socialistas europeos; por otra parte, los comunistas que se inclinaron hacia el internacionalismo, tomando al marxismo-leninismo como doctrina y aceptando por tanto las 21 condiciones de la III Internacional daban por hecho la existencia de una izquierda articulada lista para la lucha contra el bloque encabezado por los Estados Unidos de Norteamérica.  

    Particularmente para el caso de México, y posterior a la segunda guerra mundial, prevalecía la idea de la transformación nacional y el logro de profundos cambios sociopolíticos, con la posibilidad no lejana del cambio de una sociedad capitalista a una sociedad socialista. Los primeros militantes de estos partidos fueron grandes artistas e intelectuales como Diego Rivera, Frida Kahlo, Tina Modotti, Siqueiros y otros militantes, mismos que fueron señalados y acusados de codearse con el capitalismo internacional que financiaba parte de sus obras.  

    Hay que considerar que para muchos estudiosos del fenómeno de la izquierda mexicana, la revolución cubana en 1959 constituye el principal hito histórico que orienta a la izquierda latinoamericana y mexicana. La revolución cubana fue considerada como un proceso político que no pretendía sólo derrocar a un dictador, sino además, seguir una línea revolucionaria de transformación de la sociedad en beneficio de las grandes mayorías, para liberarlas de todas sus trabas económicas.

    En este sentido, el papel más importante de la revolución cubana fue servir como ejemplo de firmeza y resistencia al mundo entero, no sólo al mostrar la existencia de una alternativa al capitalismo, sobre todo, al establecerse como una fuerza para promover y difundir el nuevo pensamiento revolucionario en dicho momento de la historia.

    Sin embargo, el impulso y desarrollo de estas primeras experiencias revolucionarias de inspiración cubana se van debilitando con el pasar del tiempo. Este proceso se vio fuertemente afectado por la represión estudiantil de 1968 y 1972, y durante toda la década de los años de 1970 y 1980 por la llamada guerra sucia de los gobiernos priistas contra todo intento de organización social y política fuera de los causes institucionales. También es hacia finales de los años ochenta que el debilitamiento de la izquierda mexicana es afectado por la caída de la Unión Soviética a partir de 1985, cuando comienza la Perestroika instrumentada por Mijail Gorbachov. Quien inicia un proceso de reestructuración del socialismo que derivó rápidamente hacia su desintegración. Para 1991, se desintegra la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y ello ocasiona un drástico cambio en la correlación mundial de fuerzas y el desfonde del partido comunista y los movimientos socialista en el país. Ello establece el fin de la “vieja” izquierda marxista.

    Hay que señalar que la izquierda mexicana ante este shock y su incapacidad de retomar rumbo a la lucha social, posibilito la entrada a México las estrategias neoliberales impulsadas por la nomenclatura priista comandada por Carlos Salinas.

    Entonces ¿cómo se explica el resurgimiento de una nueva izquierda sin el soporte ideológico que encause una lucha?

    Es claro que hoy en día, se encuentran partidos y actores políticos ubicados en abanicos de diferentes tendencias de izquierda a partir de intereses de grupo, grupos sociales sectorizados (campesinos, indígenas, jóvenes, obreros y trabajadores, desempleados, mujeres) y movimientos de coyuntura que demandan la solución a problemas a las altas tarifas de la energía eléctrica, agua, impuestos, la protección de áreas y reservas naturales. Es decir, hoy los movimientos de izquierda no tiene un hilo conductor ideológico. Y lo mismos pasa con los partido políticos que se dicen de izquierda que poseen agendas personales para el beneficio de sus intereses de grupo enquistados en la estructura del poder gubernamental político. Todas y cada una de estas expresiones carecen de un programa coherente con la realidad que afecta a las mayorías.

    Los principales factores que explican el surgimiento de esta nueva izquierda a partir de los años noventa se encuentra dispersa en una amplia gama de factores que comienzan con los estragos de la apertura incondicional de la economía del país a los flujos de bienes, servicios y capitales del neoliberalismo. Como ha sido ampliamente documentado, los efectos negativos del neoliberales sobre el crecimiento, la desigualdad y la pobreza fueron especialmente evidentes en nuestro país, por haber sido golpeado con mayor dureza por la crisis de la deuda que se viene arrastrando desde 1982, obligando a nuestra nación a adaptar programas de ajuste estructural (PAE) promovidos por agencias financieras internacionales.

    En consecuencia y por ejemplo, en México producto de esas crisis económicas y el descontento de amplios sectores de la población se produce el levantamiento del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en 1994 y su convocatoria en 1996 a un “Encuentro Americano por la Humanidad y contra el Neoliberalismo”, que es uno de los primeros movimientos sociales que buscan una reforma e inclusión del sector campesino indígena a los proceso de modernización del país, alejándose rápidamente del discurso marxista revolucionario de cambiar las estructuras del poder.  

    La crisis de la izquierda institucionalizada tiene años y tiene su origen desde el nacimiento del PRD, donde fuerza política de los resabios del priismo disidente y centro izquierda como Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez crearían un pacto en 1988 con la incipiente izquierda institucionalizada mexicana, logrando aglutinar, en torno a Cárdenas, al Partido Mexicano Socialista (cuyo líder era Heberto Castillo), la Coalición de Izquierda democrática, y al Movimiento de Acción Popular. Asimismo, se consiguió la alianza con organizaciones sociales, como la Coalición Obrera, Campesina y Estudiantil del Istmo (COCEI) (que había ganado los comicios locales en Juchitán de Zaragoza), la Central Independiente de Obreros Agrícolas y Campesinos (CIOAC), la Asamblea de Barrios de la Ciudad de México (creada tras los terremotos de 1985), la Unión de Colonias Populares, la Unión Popular Revolucionaria Emiliano Zapata y la Central Campesina Cardenista (fundada por sectores agrarios y campesinos inconformes con el corporativismo del PRI, para apoyar la candidatura del Frente Democrático), entre otras.

    Este aglomerado de partidos y organizaciones civiles serían, junto con la Corriente Democrática del PRI, la base del futuro PRD. Corrientes antagónicas de la izquierda institucionalizada que nunca zanjearon sus diferencias.

    Estos grupos, mejor conocidos como tribus, lograron más o menos convivir durante más de veinte años desde aquel bloque opositor que impulsó a Cuauhtémoc Cárdenas a la presidencia de la república en 1988 se confronto con la línea de Andres Manuel López Obrador, otro priista reformista que buscaba y busca llegar al poder apoyándose en los movimiento de coyuntura de ciudadanos organizados.

    Pero hoy las dos principales corrientes de la izquierda institucionalizada mexicana caminan por rumbos distintos en beneficio de un PRI que se fortalece aglutinando y cooptando a líderes de la izquierda institucionalizando dándoles a probar las miles de poder político y económico.

    La izquierda institucionalizada y bien portada camina hacia la automarginación, porque aunque Morena podría contar con un buen número de militantes de dudosa probidad, será difícil que venza a un PRI fortalecido y envalentonado para las siguientes lecciones en los distintos estados de la república mexicana. Ese es el vaticinio que marcara el rumbo de la izquierda institucionalizada.

    Pero el futuro no está dicho ya, si la historia nos enseña algo, es que siempre hay movimientos en contra de los poderes constituidos y fáticos. Y esos los que están de todo privilegio y goce del poder público es lo que posibilita los contrapesos del absolutismo. Pronto habrá nuevas sorpresas.