Opinión.

 

LOS INFAMES DEL PERIODISMO.

Por Ricardo García Jiménez/APIM.

La ética debe acompañar al periodismo, como el zumbido al moscardón
Gabriel García Márquez

Escribir e informar son labores sumamente complejas que requieren de talento creativo, modo y forma para hacer visible lo que a la luz de una cierta “verdad” oculta un hecho que es invisible para una sociedad aturdida por las voces de los aficionados del periodismo o de aquellos que venden su letra y pensar para confundir y distorsionar los hecho sociales, políticos, económicos, históricos o culturales.

Escribir e informar no es sólo es recoger y reenviar lo dicho por el poder gubernamental en boletines de prensa; escribir es desentrañar y poner entredicho lo que en esos boletines de prensa se dice.

Escribir e informar debería ser los contrapeso a los excesos del poder político que se manifiestan de diferente manera para crear una sola verdad que debemos acatar.

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  • Escribir e informar tienes sus estilos y sus géneros que son las líneas conductoras que enmarcan las maneras de abordar el tema o problema que el usuario busca para conocer y saber de él, de ahí que el escritor deba contar con una escuela que lo legitime ya que esta es quien provee las herramientas y principios que el arte de escribir exige: lo ética profesional.   

    Ciertamente que en el ámbito periodístico existe una riqueza inagotable de temas o problemas que pueden ser objeto de interés para el público lector, mismo que pueden ser ubicados en géneros como la noticia, el reportaje, la opinión, la crónica, el editorial entre otros; función que posibilita al narrador y emisor la digestión del mensaje en relación con la realidad observada. Géneros que deben contar con un sustrato crítico para la formación de una consciencia crítica sobre la vida cotidiana.

    De ahí que, los principios y aptitudes que definen y otorgan autoridad a quien dedica parte de su tiempo escribir a informar, lo aleja del simple aficionado que bien puede escribir e informar, pero nunca con la autoridad profesional y moral que te da la escuela y los principios éticos adquiridos para ejercer una profesión como es el periodismo. Esto es  saber discernir y demarcar entre el artista del mural y el grafitero, entre el bloguero y un sitio de noticias, un sonidero y un diskjockey, entre un abogado y un coyote, un médico y un curandero, un periodista y un simple escribano.      

    Sin embargo, lo más complejo y retador para las y/o los periodistas es ser congruente con la verdad histórica que muchas veces esconde la injusticia social; lo desafiante de esta profesión es evitar caer en la tentación de ser sobornado para ocultar o tergiversar la objetividad de los hechos presentados. Ya que de ceder a ese impulso el o la periodista se convertirse en una o un mercenario de la información.  

    Ser coherente con los principio de un periodismo objetivo y ético es no codearse con el poder político en turno, no caer en la vanidad y prepotencia de asumirse como la voz de los que no tienen voz, no hacer mal uso de esa posición que te confiere y reconoce la opinión pública para lucrar y amedrentar por impulso o interés económico a personas o institución alguna. De ahí que cuando se tiene claro el fin y principios del periodismo, y como señalará Mahatma Gandhi: “La verdad jamás daña a una causa justa”.

    Decir y opinar sobre los hechos que se presentan en nuestro acontecer con formas, modos y normas es abrazar la causa de un periodismo comprometido con la verdad y los derechos humanos. Hay que resaltar que el periodismo es un constructor de la memoria histórica de nuestros pueblos. Y hay que ser enfáticos al decir que no se puede vivir sin la verdad, la memoria y la libertad que han construido la identidad de una población y esa es una de las causas que los y las periodistas deben siempre considerar en su ejercicio de escribir, pues se deja un legado con una visión clara o distorsionada de los hechos que narra las historias que leerán las generaciones por venir buscando las raíces de sus identidad.   

    Por eso como señalará Rodolfo Walsh: “El periodismo es libre y objetivo o es una farsa”. Farsa que define a los infames que hacen mal uso del arte de escribir para sus obscuros y fríos propósitos personales.  

    Los y las periodistas saben perfectamente que el periodismo puede ser analizado desde el punto de vista de su funcionamiento y responsabilidad social, y dicho análisis no sólo concierne exclusivamente a la persona que labora en este ámbito, sino que las formas que adopta su práctica y los objetos, temas y problemas que considera que son de interés general, también pueden ser analizados desde la óptica del público lector que emite su propia opinión sobre el periodista y el tipo de periodismo que hacen.

    De ahí que cada cultura defina su propia y particular forma de informarse de los temas y problemas que acontecen en su contexto, suscitando un sentido crítico de cómo se presentan y tratan esos temas. Y es en esa coyuntura donde se categoriza y ubica entre aquellos infames y los periodistas comprometidos con la verdad, la justicia y los derechos humanos.

    ¡ Sea pues lo que se quiera leer !