Columna: El País de las Nubes.

INDIGENISMO Y CLICHÉS

 

Por Ramón John/APIM.

Durante décadas el famoso sonsonete que “catalogó” la forma de hablar a los indígenas provino de la cinematografía nacional, un cine que lejos de expresar la realidad política y social de las etnias en el país, la distorsionó bajo modalidades de folklorismo campirano y no sobre una condición de clase y de pluralidad cultural. Esa visión unilateral es lo que definió al cine mexicano, desde que Clasa Films Mundiales bajo la dirección de Emilio “Indio” Fernández produjo María Candelaria en 1943, interpretada por Dolores del Río y Lorenzo Rafael por Pedro Armendáriz, ambos personajes se convirtieron por obra y magia de la pantalla grande en la personificación del indio mexicano aunque jamás se definió a que etnia -de más de medio centenar-, pertenecían o bien, bajo que cosmovisión y valores regían sus patrones de conducta colectiva.

Ni hablar de las aberraciones del personaje que interpretó María Elena Velasco con su “India María”, lo más excelso para denigrar el pensamiento y comportamiento del indígena mexicano. Sin embargo dentro de la cinematografía nacional existen esos “garbanzos de a libra”, aquellas producciones fuera de lo común.

 

indy

Una de ellas es Tarahumara, cada vez más lejos de Luis Alcoriza –ya hablaremos en su momento-; y Macario –Roberto Gavaldón, 1959-, en la que encontramos una visión propia en los personajes que se le presentan a Macario –Ignacio López Tarzo-, La Muerte, Dios, y El Diablo, arropadas en imaginario indígena y no al tipo occidental, también no se insiste en ese hablar del indio tan machacado que se presenta en Raíces –Benito Alazraki, 1953-, La Perla –Emilio “Indio” Fernández, 1945-, o Ánimas Trujano –Ismael Rodríguez, 1961-, entre otras más.

Eso es en el cine, ¿cuál es la situación actual? La televisión se quedó con esa visión del indio en su modito de hablar y en la ropa de manta; en este 9 de agosto, Día Internacional de los Pueblos Indígenas, varios analistas han coincidido que no hay nada que celebrar –tema inexistente en la tv-, al contrario, los pueblos indígenas están en un auténtico estado de sitio en defensa de lo que es su territorio, su identidad, su legado cultural, su historia, del despojo de sus recursos naturales a través de las transnacionales con la complicidad de los gobierno neoliberales, y por supuesto de la represión selectiva y de “baja intensidad” dentro de esta etapa de neocolonialismo bajo el eufemismo de la “globalización”. Sin embargo uno de los embates de más impacto para la diversidad cultural es el proceso de aculturación, donde la migración, los medios masivos, y la desaparición de la lengua o idioma es una realidad instrumentada hace décadas, no debemos olvidar que durante los gobiernos emanados de la revolución, se tenía la intención de incorporar al indio al “progreso nacional” y para ello se creó al entonces Instituto Nacional Indigenista, ahora Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas.

Hoy como ayer, el día es utilizado para la demagogia oficialista, para lucimiento del presidente en turno, del gobernador mestizo y la mayoría de presidentes municipales que consideran al municipio y sus agencias como un feudo y no como un cogobierno para con las comunidades. Que en un afán populista se disfrazan de indígenas, ya sea huichol o tojolobal, da lo mismo si se apellida Calderón, Fox, Zedillo, Salinas, o incluso Peña Nieto; no tardarán en aparecer esas fotos como si de verdad entendieran y asumieran la identidad que pretenden usurpar, y que solo conocen por televisión, esa es una realidad actual de los pueblos indios, donde se carece de auténticos proyectos y mecanismos reales para el fomento y desarrollo de su cultura, en este rubro la Constitución y la ley secundaria es letra muerta. Pero no todo es pesimismo en el horizonte de los pueblos indígenas en México, hay un antes y después: 1994, EZLN; y esa es otra historia que abordaremos en su momento y en otra entrega.