GLOBALIZACIÓN Y LA NUEVA IZQUIERDA LATINOAMERICANA

 

Por Ricardo García Jiménez/APIM.

Esta reflexión parte del hecho de dilucidar el término “Progresismo”; mismo que se deriva del concepto Progreso para ubicar los cambios y sesgos que la Nueva Izquierda (NI) latinoamericana ha tenido al fragmentarse en diferentes expresiones o corrientes en torno a asumirse y apropiarse de los principios del progresismo como discurso y practica social-ideológica-política como una forma de reinventarse u ocultarse falazmente y mostrarse como un movimiento reivindicador de las causas y demandas de los grupos vulnerables de la sociedad.

El progreso es un término que va asociado al avance de la ciencia y la liberación del hombre, en un sentido evolucionista, que veía con optimismo el avance del espíritu y el desarrollo de la ciencia para moldear la nueva sociedad y la metamorfosis del sujeto. Pero la idea de progreso nos remite al mundo moderno occidental, principio que es acuñado por Augusto Comte (positivista) para incidir en la construcción de una “sociedad justa”, principio que buscará la secularización del pensamiento y la acción del hombre para crear un espejismo de que las sociedades están en un continuo proceso de superar las diferentes etapas por las que ha transitado para arribar a estadios de perfeccionamiento que superen a los anteriores.

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  • Pero el progreso originalmente fue un conjunto de ideas y principios que se configuraron desde la intelectualidad y las clases sociales de arriba con un pulso conservador, reformista, sin buscar cambios profundos de las estructuras vigentes de una sociedad dada en un tiempo de terminado. El progreso aposto por la renovación espiritual y el avance de la ciencia y la tecnología, mismas que propiciarían el reacomodo de las clases sociales sin perder su sustrato de preferencia y el derecho de clase sociales hegemónicas.

    El principio del Progreso o Positivismo en Latinoamérica fue acomodándose lentamente después de la mitad del S. XIX bajo la máxima de “Orden y Progreso”, con un sentido conservacionista de las jerarquías sociales emanadas de la herencia colonial que buscaban en un juego dialéctico el no cambiar las instituciones y el sistema económico de explotación.

    Por lo tanto, el progreso se vinculó en la construcción del Estado-Nación en cada país con el despliegue de un sistema capitalista adaptado a cada una de las condiciones de las naciones de hoy existentes en Latinoamérica, pero cuyo propósito era solo ajustarse a la visión euro-centrista del mundo.

    Ya entrado el S. XX el progreso y el positivismo fue vinculándose con las intereses desarrollistas de los países capitalistas en formación que ponían énfasis en la industrialización de las naciones, impulsando una educación productivista de las masas y de un desarrollo social segmentado, políticas que fueron alentadas por las elites conservadoras que hablaban de renovación pero sin un cambio de las instituciones sociales construidas desde la instauración de cada uno de los Estados Nacionales Latinoamericanos. Desde esas primeras décadas del siglo veinte surgieron segmentos del proletariado que abrazaron una bandera de lucha política cobijada por ideologías marxistas y leninistas para desnudar los ropajes engañosos del progreso.

    La acción establecida “desde arriba” por los Ideólogos del Progreso se resistieron a una mirada “desde abajo”, mucho más abierta e inclusiva, que buscaba el cambio de fondo de las estructuras y el orden social vigente, sobre todo en ciertas coyunturas históricas debido a una toma de conciencia de su condición de explotación e inamovilidad social de los abajo.

    Es así que esos movimientos que luchaban por un cambio radical de la sociedad, usaron el término “Progresismo” o “Progresistas”, en un sentido peyorativo, esgrimiendo sus programas de lucha política y social con una visión desde abajo, del pueblo y parta el pueblo.

    Ciertamente que el progresismo y los progresistas son términos ideológico-políticos que se agruparon en doctrinas filosóficas, principios éticos e ideológicos identificadas con la Revolución Francesa de 1789, en alusión a los cambios radicales de las estructuras sociales de los regímenes monárquicos para transitar a una nueva forma de Estado y Gobierno como fueron las bases de la republica representativa. En términos sociales, el progresismo tiende a ser identificado con la lucha por las libertades individuales. Asimismo, en términos económicos, los progresistas buscaban clausurar el régimen de explotación esclavista y feudal existente hacia fines del S. XVIII y principios del XIX. Actualmente, se entiende al progresismo en general como una ideología opuesta al conservadurismo social, económico y político impulsado por el neo-capitalismo.

    Actualmente el progresismo y los progresistas han retomado caminos distintos y alejados de la izquierda ideológica y política que le dio su origen. Esta discrepancia que muestran también se ha expresado en las maneras y en los cómos encarar los procesos de integración o apartamiento de la globalización. La situación actual es heterogénea ya que los grupos que se conocen como la Nueva Izquierda partidaria, actúan buscando su incorporación a los va y vienés de los cambios de las sociedades modernas mediante reformas paulatinas y no por cambios profundos de las estructuras sociales; señal contraria a la de aquellos grupos de Izquierda Ortodoxa (IO) que buscan cambios profundos en la estructura social, económica y política vigentes pero con apegados a los principios de la primera izquierda histórica.

    Esa heterogeneidad que presentan las izquierdas se encuentran en la raíz misma de la ideología, filosofía y los principios; como también de los programas de lucha política que hace una diferencia entre la manera de asumirse como una izquierda ortodoxa, una izquierda moderada o una nueva izquierda disputándose la bandera de lucha del progresismo social.

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  • Una parte de la izquierda latinoamericana comenzó (década de 1990) a replantearse y cuestionarse su papel y actuación en la esfera política a la falta de una guía ideológica como lo fue la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

    Un sector de la izquierda (los ortodoxos y trasnochados dice los de la NI) tenía claras sus ideas sobre su integración u oposición a la globalización. Su proyecto político iba mucho más allá de la simple liberalización comercial, buscando aplicar como principio de lucha la defensa de la nación, sus recursos naturales, su identidad y protección de las lenguas nativas e historias de cada etnia, como el balance en la cuenta pública de los logros institucionales y el cumplimiento de las políticas sociales de los gobiernos en turno.

    También el cómo manejar las inversiones y el endeudamiento público, las políticas sociales de erradicar o administrar la marginación y la pobreza de los sectores más desprotegidos, políticas de respeto a los derechos humanos como la protección de las mujeres, migrantes y ancianos; políticas de apoyo al sector campesino.

    Este cuestionamiento por parte de la izquierda ortodoxa tiene una visión desde adentro y desde abajo hacia arriba, desde adentro del sistema y su relación con lo exterior. Buscando romper la dependencia y la injerencia de la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM).

    Una de las primeras luchas y demandas sociales que puso en evidencia esta fragmentación de las izquierdas ante la toma de posición se dio cuando México ingreso al TLCAN; las posiciones y manifiestos de la izquierda se dieron y dividieron cuando hizo su irrupción el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) que revindicaba el derecho de la pueblos indígenas de seguir formando parte de una nación multiétnica ante la eminente expansión del Neoliberalismo. Las posiciones y manifestaciones de las izquierdas fueron variadas y contradictorias.

    Esa misma situación se mostró también en países como con Chile, Perú, Colombia y otras naciones centroamericanas cuando Estados Unidos impuso los TLC’s obligando a las izquierdas ortodoxas a explorar otras opciones económicas y políticas alejadas de la tutela de los Estados Unidos y de organismos internacionales partidarios del liberalismo, pero también estas experiencias mostraron el papel integracionista que la Nueva Izquierda que vio una oportunidad para poder negociar los acuerdos y cláusulas que integrarían los acuerdos comerciales como fue el intento de la creación del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), lideradas por EE.UU. con apoyo de Canadá.

    Pero esta coyuntura sirvió como aprendizaje y permitió la incisión y arribo de una izquierda latinoamericana moderada, que conquistó varios gobiernos del cono sur, que cambiaran sus posturas para la creación de bloques regionales conducidos por los Estados Unidos, mismo que sirvió para frenar al ALCA y desarrollar experiencias bajo la idea bolivariana de tratados de comercio entre los pueblos latinoamericanos comenzando con la creación del Banco del Sur, que fue un mecanismo propio de pagos recíprocos, como también el Sistema Único de Compensación Regional (SUCRE). O incluso proyectos más ambiciosos como la Alianza Bolivariana para América (ALBA). Estas iniciativas eran un plan de colaboración y complementación política, social y económica entre países de América Latina y el Caribe, promovida inicialmente por Venezuela en contrapartida al ALCA.

    Es así que el ALBA en sus principios y objetivos se propuso la creación de dispositivos que aprovecharan las ventajas cooperativas entre las naciones asociadas para compensar las asimetrías que presentan los países asociados.

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  • Mediante la cooperación y creación de fondos compensatorios destinados a la corrección de las desventajas que presentan esos países mediante el Tratado de Comercio de los Pueblos (TCP) con base en doctrinas de la izquierda ortodoxa, pero en la práctica con un sentido de integración en bloque participando con las reglas del capitalismo.

    Es así que esta tendencia de la izquierda del cono sur, que busca alejarse de las directrices de los organismos internacionales y del gobierno norteamericano, los posesiono en el concierto internacional de países como una Izquierda Moderada, ubicada dentro un bloque de la izquierda, cargada del centro al extremo más radical de la unidad modular de la izquierda.

    Los países que integran esta afinidad de países disidentes están integrados por Bolivia, Venezuela, Argentina, Nicaragua, Brasil, Uruguay, Paraguay y otros Estado Asociados, manteniéndose alejado de este bloque Cuba. Pero a medida que el impulso inicial de la izquierda fue reemplazado por el pragmatismo del progresismo de la NI negociadora con los gobiernos derechistas y pro Neoliberalismo comenzó la distinción de cada una de esas izquierdas.

    Muchas posturas y visiones que se tenía de la izquierda se fue aclarando paulatinamente, pero fue la NI la que se institucionalizo rápidamente y vieron la ventaja de formar parte de las estructuras del poder gubernamental alejándose de las bases sociales y la resolución de los principales problemas que padecen esos países como la marginación y la pobreza. Los partidos que comulgan con izquierda de países como México, Colombia y Chile representan el más claro ejemplo de la NI que sabe negociar con el poder para sacar ventajas de sus intereses como grupo.

    Esta NI muestra la divergencia entre la izquierda progresista y la izquierda apegada a las ideas del progreso, y que de echo existe una línea muy delgada para distinguirlas.

    Distinción que nos permite ubicarlas como una izquierda que resiste sobre las bases de una postura ortodoxa y fiel a los principios de la izquierda marxista que niega su integración a la globalización; una izquierda moderada a los a los procesos de la globalización que se conforman en un bloque y utiliza los esquemas y reglas del capitalismo; y una izquierda que establece su aceptación casi irrestricta a la globalización. De ahí la confusión al señalar que la izquierda es una. No, sino que realmente son varias izquierdas que se mimetizan en un galimatías de recitar en forma retorica las bases ideológicas de la izquierda ortodoxa, pero en la práctica se muestran más apegadas a los partidos de centro y derecha.

    El propósito de esta reflexión no es reducir y excluir las diferentes expresiones de la izquierda latinoamericana, sus posturas y retoricas ante la hegemonía de los procesos globalizantes impulsado por los Estados Unidos y países Europeos que integran en conjunto el G-8.

    No, sino que estos países siguen abigarrando junto con la Nueva Izquierda o Izquierda institucionalizada, el priorizar la importancia de las exportaciones de las materias primas para equilibrar e impulsar la industrialización de las naciones latinoamericanas en asociación con los Estados Unidos, siendo esto interpretado como una violación a la soberanía de las naciones que intentar competir entre ellas dentro de un bloque (MERCOSUR) por acceder a los mercados globales, mismas que se ven obstaculizadas primeramente por la NI que existen en cada uno de esos países como pequeños apéndices de los países que integran el G-8.

    Estas izquierdas que buscan vorazmente apropiarse y entregar el café, azúcar, frutales, las zonas mineras que producen cobre, hierro, plata entre otros minerales, así como el agua, petróleo, y otros recurso importantes para la industrialización a esas naciones.

    Por lo tanto, esta dinámica impide una integración productiva y comercial genuina entre países latinoamericanos por los bloqueos que la NI realiza. Los gobiernos resisten llegar a compromisos regionales para regular la oferta de sus mercancías y materias primas, como también los precios de sus materias primas.

    Frente a la globalización, existen algunos intentos por recuperar la autonomía y gestión de los recursos para poder formar una base económica con beneficios sociales hacia sus poblaciones y después el poder exportar de los excedentes a los mercados internacionales.

    Pero, en líneas generales de los principios del progresismo quedó anclado en las reglas de la globalización, ya que la necesita para mantener esos flujos exportadores y también de capital, imposibilita el desarrollo hacia dentro de las naciones que se encuentran sujetas a los acuerdos de la Organización Mundial de Comercio (OMC).

    Finalmente, la mejor manera de romper con las trampas del progreso y del progresismo es retomar el espíritu original del pensamiento de la izquierda para enfrentar y/o acceder a la globalización en los mejores términos y condiciones para los países.

    Esto puede ser mediante el fortalecimiento de organismo o bloques que permitan beneficios para los miembros de sus naciones. Entre las prioridades están la regulación y protección de las materias primas o recursos naturales; el desarrollo de cadenas industriales compartidas entre países afines a esta identidad del trabajo hacia la población y la reorientación de la producción agropecuaria y desarrollo industrial de abajo hacia arriba y de dentro hacia afuera que permitan crear mercados globales pero con otras reglas.