Columna: El País de las Nubes.

 

UN BUEN FIN PARA LAS FALLAS DEL MERCADO.

Por Ramón John/APIM.

Ahora que acaba de concluir ese gancho de mercadotecnia llamado El Buen Fin, es necesario replantear varias de las fallas en el diseño del libre mercado que se han instrumentado en nuestro país con miras a hacerlo compatible con la globalización; sobre todo fallas que se acentúan en estados con altos índices de atraso social y económico como sucede en Oaxaca, que evidencian, cuestionan y ponen en entredicho ese discurso de crecimiento económico y desarrollo social impulsados por las corporaciones privadas.

Una de las principales fallas es la carencia de bienes, servicios y cobertura que se padecen en las decenas de municipios, aquí es necesario resaltar que mientras el Estado se expandía en personal administrativo y operativo llamado peyorativamente burocracia, tenía la característica de hacerse presente en la mayoría de las poblaciones, llámese ciudad, municipio o comunidad.

No obstante esa expansión entró en crisis a principios de la década de los ochentas, por lo cual inició un proceso de modernización del aparato estatal con el adelgazamiento de la burocracia, caracterización utilizada por los neoliberales para señalar lo obsoleto que era contar con una administración pública en exceso, siendo culpada de todos los males que hoy en día “justifican” la fobia hacía todo lo que signifique Estado de parte de la tecnocracia, con o sin razón tienen en mente una sola palabra: privatización.

  • buen
  • El Buen Fin.
  • Entre ellas se destaca lo que próximamente vendrá como reforma energética para de una vez por todas, poner fin a la intervención estatal en el caso de los últimos resabios de ese modelo identificados con Pemex y CFE, a fin de desmantelar lo que queda de la administración pública paraestatal. Y no es que se tenga nostalgia de ese estatismo asfixiante, sino que un Estado subdesarrollado y dependiente como el nuestro debe tener un equilibrio entre Estado y mercado para que en complemento, subsanen las carencias de la sociedad.

    ¿En que se traduce todo lo anterior? Ante la apología que en los medios se desplegó con El Buen Fin, aquí en el estado de Oaxaca –como ya hicimos mención- en decenas de municipios no existen oficinas de las principales empresas para que ofrezcan sus bienes y servicios, como son bancos, telefónicas, tiendas departamentales, y varias más cuya lista es larga.

    Citemos un claro ejemplo, aquí en la región Mixteca en Huajuapan de León, Tlaxiaco y Juxtlahuaca podemos encontrar sucursales bancarias y de Telmex que son las más representativas, además una que otra de importancia regional y estatal como las casas de empeño y cajas de ahorro, sin embargo en los demás municipios de la región se carece absolutamente de todo, el usuario o cliente se tiene que desplazarse largas distancia para contar con la atención requerida que incluyen gastos en pasaje y alimentación, porque las empresas privadas no quieren invertir para instalar sucursales en todos los municipios, porque tendrían que contratar más personal para ser más eficientes, porque solamente les interesa la ganancia en las principales ciudades y consideran poco atractivo invertir en los municipios, porque existe un paternalismo para que las empresas privadas de este tipo no se comprometan al auténtico desarrollo municipal, y sobre todo, que no se les señale como empresas burocratizadas.

    Eso es lo que no se aprecia en las principales ciudades de los estados o en el Distrito Federal, tan solo para el caso de telefonía celular como son los Centros de Atención a Clientes de Telcel, el más cercano se encuentra en la capital Oaxaca; con relación a las tiendas Coppel para hacer válida una garantía se estima un plazo de treinta días; o el monopolio de la telefonía fija que en el DF existen cinco o seis empresas y aquí nos tenemos que conformar con una que por obsoleta no puede abastecer a las comunidades de tan necesario servicio.

    En fin hay tantas cosas por describir, que si quisiéramos alcanzar los niveles de desarrollo como en los países de primer mundo, también la empresa privada tiene que reforzar al municipio, un buen fin para esas fallas del mercado.