Opinión.

Efervescencia Electoral, Y del abstencionismo nadie dice nada.

 

Por Jesús Russell Mariano*/APIM.

2013, año de elecciones para Diputados Locales y Concejales en Oaxaca, momento en que todo político  está atento a las posibilidades de registro entre una u otra planilla,  algunos conservando su militancia en su partido otros cambiando de partido para así encajar dentro de las listas de los candidateables, época de negociaciones y amarres, sin embargo, pocos o nadie se preocupa del electorado, ese sector de la población que define y decide el triunfo para uno u otro candidato.

Al hablar de los electores, enmarco mi texto en esa parte del electorado que NO sale a emitir su voto, hago referencia al abstencionismo, pero entonces ¿Quién o quiénes son los promotores encargados de fomentar la participación ciudadana en las decisiones política? Interrogantes como esta demandan de una respuesta inmediata, de una explicación objetiva y clara que permita al lector entender la situación real que enfrentan los comicios locales y más aún los intermedios.

La respuesta a nuestra interrogante la encontramos en dos instituciones, prioritariamente, el Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana del Estado de Oaxaca y los Partidos Políticos. La primera encargada de vigilar y organizar las elecciones en el Estado es también el instituto que por excelencia debiera tener un programa que fomente la participación ciudadana en los comicios como electores y observadores del buen desempeño en la realización de tal actividad, así también, en periodos no electorales es la encargada de fomentar la inserción de los ciudadanos en asuntos políticos y sociales.

  • boletas
  • .
  • Por otra parte los Partidos Políticos, en sus estatutos y demás documentos oficiales, hacen énfasis en la participación social, en la inclusión, pero esto no es llevado a la práctica, pues se limitan al trabajo, específicamente, con sus militantes,  olvidando el resto de la sociedad que no milita en algún partido,  la razón de no ser partícipe de alguno de ellos es causa del mal resultado, que los funcionarios electos por partidos políticos, han obtenido en el desempeño de sus actividades, y es también, promover la participación ciudadana, una de las prioridades en la agenda de cada partido político.

    El resultado del trabajo de las instituciones políticas para/con la sociedad civil, específicamente en participación ciudadana, se puede considerar como nula u obsoleta, basta con revisar el número de votantes y militantes para darnos cuenta que este no ha incrementado en la última década, y más aun haciendo referencia a las elecciones intermedias, aquellas donde únicamente se eligen diputados y concejales.

    Es en estas fechas cuando los, una vez registrados, precandidatos y después candidatos,  salen a las calles a pedir el voto, a exponer sus planes de trabajo, a ofrecer soluciones a problemas ancestrales, a cambiar las viejas prácticas políticas por una política integral sin exclusiones, en pocas palabras a venderse como los mejores servidores públicos, ojo solo en campañas. Frente a tal situación que la sociedad se sabe de memoria, pues el “todos son iguales” no se hará esperar y con justa razón.

    En lo particular y en términos estadísticos, solo cabra resaltar que en las elecciones intermedias del 2001 y 2007 respetivamente, hubo distritos y municipios con cerca del 70% de abstencionismo, es decir que del total de la población, en lista nominal, solo acudieron a sufragar el 30 %, de 10 solo 3 emitieron sus votos, entonces  quienes obtuvieron el triunfo lo hicieron con menos del 15% de los electores, es realmente deplorable tal situación, pues ello responde a nuestro cuestionamiento inicial y expone la falta de programas que incentiven la participación ciudadana en asuntos políticos, y si los hay, son obsoletos y es necesario innovar o generar nuevas estrategias que cumplan el objetivo, pues del abstencionismo nadie habla  todos callan.

    ¿Será que conviene, tal actitud, a sus intereses políticos?

    Con tales resultados la representación y la legitimidad de los funcionarios electos con tal margen de abstencionismo, no queda en duda, podríamos decir que la representación no existe y la legitimidad en que la basamos, temas que expondré en un próximo texto.