Opinión.

 

¿EL REINICIO DE LA GUERRA FRÍA?

Por Ricardo García Jiménez/APIM.

Desde un par de meses los medios de comunicación internacionales han venido dándole un siguiendo los acontecimientos desarrollados en Crimea y Ucrania, donde la figura protagónica de esta disputa territorial ha sido Vladimir Putin. Los analistas internacionales han venido cuestionando las maneras en como éste político ruso ha instrumentado mecanismos para crear la aceptación de opinión internacional de que estas naciones buscan adherirse a Rusia. Los analistas internacionales más allá de los mecanismos y justificaciones de esa adhesión coinciden en preguntar si esto no es el reavivar nuevamente “La Guerra Fría”.

Al menos existen cuatro puntos de análisis que pueden dar respuestas a esta alerta que pone a una parte del mundo en vilo.

Uno. Recordemos que Mikhail Gorbachov pacto con George Bush, Margaret Thatcher, Helmut Kohl y François Mitterrand para que un proceso gradual se diera la reunificación de Alemania como preludio a la ciada del Comunismo, pero los países de Occidente deberían abstenerse de intervenir en los territorios de influencia de Rusia. Una vez que Gorbachov fue sacado de la jugada de Occidente fue la docilidad de Boris Yeltsin a los Estados Unidos que permitió una injerencia más directa de los norteamericanos.

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  • Ante la eminente caída de “La Cortina de Hierro” el sistema económico de Rusia se desarticulo por completo, surgiendo la independencia de varias regiones rusas en países que buscaban su independencia. Ante esta situación el Fondo Monetario Internacional (FMI) hizo un préstamo de 3,5 mil millones de dólares para apoyar a la moneda rusa que sufrio su más aguda devaluación. El crédito fue canalizado a través del Banco de América, que distribuyó el dinero a varias cuentas rusas de las cuales nunca se supieron si el depósito fue hecho y/o cómo se distribuyó ese dinero. Mas sin en cambio, la referencias señalan algunos políticos y ex generales rusos compraron empresas públicas rusas y jamás se dio una protesta  por parte del FMI y los EEUU.

    Después de Yeltsin, Vladimir Putin jugo un doble papel durante una buena parte de la década de los años 2000 a 2010 apoyando la invasión de Washington a Afganistán. Él permitió que aviones norteamericanos Blackbird y helicópteros Black Hawk volasen por el espacio aéreo ruso, autorizando a los Estados Unidos usar bases militares en las antiguas repúblicas soviéticas de Asia Central. En reciprocidad, en noviembre de 2001, Putin visitó a George W. Bush en su rancho de Texas, y en un gesto de publicidad Bush declaró: “Putin es un nuevo líder que trabaja por la paz mundial... trabajando en estrecha colaboración con los Estados Unidos.”

    Unas semanas más tarde de manera intempestiva Bush anunció que Estados Unidos se descartaba del Tratado de Misiles Anti-Balísticos, para desarrollar un sistema en Europa del Este para proteger de la amenaza de Irán a los miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), estrategia que en realidad fue vista como dirigida contra Rusia. 
    En 2002 Bush invito a siete países de la extinta Unión Soviética (incluidos Estonia, Lituania y Letonia) a unirse a la OTAN, situación que los rusos vieron como un bloque para cercarlos. En 2003 se produjo la invasión de EEUU a Iraq, sin el consentimiento de las Naciones Unidas y las objeciones de Francia, Alemania y Rusia, convirtiendo a Putin en un crítico abierto de la alegación de los Estados Unidos,  que la acción militar se destinaba a la promoción de la democracia y la defensa del derecho internacional.

    En 2006, la Casa Blanca pidió permiso para aterrizar el avión de Bush en Moscú para abastecer combustible, pero dejó en claro que el presidente de EEUU no tenía tiempo para saludar a Putin, lo que motivo desaire que fue comentado a nivel internacional. En 2008, el Kosovo emitió la declaración unilateral de independencia de Serbia, con el apoyo de los Estados Unidos, en contra de las posturas rusas.

    Luego Bush pidió a la OTAN la adhesión de Ucrania y Georgia, una bofetada en pleno rostro a Moscú. En ese mismo año de 2008, Putin intervino militarmente cuando Georgia trató de recuperar el control de la región pro rusa de Osetia del Sur que los separatistas rusos tomaron bajo su control, junto con otra región separatista, Abjasia.

    Más recientemente Barack Obama trató de remendar los daños causados ​​por la administración Bush en las relaciones bilaterales con Rusia. Pidió un “Borron y Cuenta Nueva” en las relaciones con Rusia. En abril de 2010, Estados Unidos y Rusia firmaron un nuevo Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START), disminuyendo sus arsenales nucleares. Rusia respaldó las sanciones de la ONU contra Irán y desistió de la venta de sus misiles antiaéreos S-300 a Teherán.

    En 2011, era claro que Estados Unidos estaban expresando sus puntos de vista sobre las elecciones parlamentarias rusas. Todos los medios de comunicación occidentales estaban contra Putin, quien acusó a Estados Unidos de inyectar cientos de millones de dólares en los grupos de oposición. El entonces embajador de EE.UU. en Rusia, Michael McFaul, calificó esto una gran exageración. Explicó que de millones de dólares se habían proporcionado solo a grupos de la sociedad civil.

    Putin fue elegido de nuevo en 2012, ya obsesionado con la amenaza occidental a su poder, y en 2013 le dio asilo al denunciante Edward Snowden, de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA). Obama canceló una reunión cumbre prevista, algo sin precedentes en los últimos 50 años de cumbres entre EEUU y el Kremlin. Y mientras todo esto sucedía, estalla la Primavera Árabe. Rusia da su beneplácito a la acción militar en Libia, pero sólo destinada a proporcionar ayuda humanitaria.

    Hasta aquí lo que podemos observar es que en la geopolítica internacional los EEUU ha ido cercando y acotando cada vez más la injerencia rusa en el mundo, reduciendo su poderío a su propio territorio dando como resultado que los rusos estén más preocupados en la integración de su parlamento y contener a los grupos políticos apoyados por los norteamericanos.   

    Dos. La acción política de los estadounidenses y el control de la economía rusa ha frenado el crecimiento del ejército ruso y el mantenimiento de las bases nucleares, situación que hecho que los rusos de forma unilateral hayan empezado a cerrar esos centros de operaciones. La falta de una guerra en realidad produjo a los rusos la creación e influencia de un poder local. Ciertamente que Rusia tiene la extensión territorial más grande que cualquier país, misma que abarca desde de la Unión Europea hasta el Extremo Oriente. Es rival de China en Asia, tiene conflictos territoriales con Japón, y se ubica frente a Estados Unidos en el Estrecho de Bering. Es un productor importante de petróleo; además es  miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU y tiene un arsenal nuclear. Pero hoy cualquier intento por debilitarla está relacionada con una guerra más económica (de mercados) que ideológica, situación que la coloca en desventaja con los Estados Unidos.

    Rusia ya no es una amenaza como lo fue la extinta Unión Soviética. Su PIB es 15% del de la Unión Europea, que tiene cerca de 500 millones de habitantes y representa el 16% de las exportaciones mundiales. China tiene 1,3 mil millones de personas y el 9% del comercio mundial.  La población de Rusia es de 145 millones y se está reduciendo en cerca de un millón de personas cada año y controla solo 2,5% de las exportaciones mundiales. 

    Tercero. Rusia es actualmente un Estado muy frágil, donde la corrupción controla la política, y tiene problemas económicos son estructurales. Su parte occidental es más rural, mientras que la más industrializada es la región oriental.

    Cuarto. Putin es un ex oficial de la KGB, que siente que Rusia recibió un trato injusto después del colapso de la Unión Soviética. Todos los esfuerzos para llegar a un entendimiento con Occidente han sido bloqueados de forma continua como nos muestra la historia, actualmente la OTAN y la red de bases militares que rodean a Rusia, constituyen un claro cerco a su territorio. Por lo tanto,  los conflictos en Crimea y Ucrania, y la respuesta que Putin y el parlamento ruso han hecho, es sólo una reacción instintiva en respuesta a no dejar perder más territorios donde existen importantes yacimientos de minerales y petróleo.  

    Recordemos que Viktor Yanukovich, el presidente de Ucrania desde febrero de 2010 hasta febrero de este año, es muy al estilo de Putin. Fue depuesto por las protestas masivas en las calles, patrocinada y apoyada por Occidente.

    Por lo tanto, Putin está desempeñando un papel de defensor de la soberanía rusa, situación que le permite actuar y estar en la opinión mundial apoyando a las minorías rusas. La pregunta entonces es si en aquella región del mundo es el escenario para el comienzo de una Guerra Fría.
      
    Es claro que este conflicto ya no es de interés de los ciudadanos rusos, porque están absortos en tratar de sobrevivir día a día ante la falta una economía que les brinde la seguridad de sus familias.

    Aquí los únicos ganadores en este juego de guerra son las empresas energéticas que buscan apropiarse de los recursos. Ellos están empeñados en una campaña mundial para lograr la independencia del petróleo ruso.