Opinión.

EL ASCENSO Y DERRUMBE DEL PAN ¿QUÉ SUCEDIÓ?
Primera parte.

 

Por Perseo Rosales Reyes/APIM.

Desde su fundación en 1939 el Partido Acción Nacional se mantuvo como una organización política de tinte humanista e ideas de democracia cristiana afines al conservadurismo de la iglesia católica; partido opositor, aunque sin caer en la comparsa del PRI y marginal hasta que en 1977, gracias a la primer apertura democrática impulsada por Don Jesús Reyes Heroles consiguió una presencia notable en el espectro político, sin embargo su gran momento empezaría en noviembre de 1987, fecha en que postuló como candidato a la Presidencia de la Republica al memorable Maquio, cuyo activismo le permitió pasar de la ideología al ejercicio político y a la corresponsabilidad en las decisiones de estado, aprovechando coyunturas y condiciones hasta encumbrarse como partido gobernante y primera fuerza política del país, pero al margen del éxito imprevisto, al PAN le bastaron 25 años para agotar todo su capital político y derrumbarse estrepitosamente regresando a su nivel histórico de los años ochentas.

La incapacidad de Miguel de la Madrid al afrontar la renovación moral del gobierno, su empeño por revertir el déficit público adelgazando el estado, privilegiar la apertura económica a pesar de la fallida reconversión industrial y la coerción para adherir a los sectores populares a un pacto de solidaridad económica sin importarle el deterioro social, abonaron el terreno de la inconformidad política a tal grado que el priismo sufrió una fractura notable cuando Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo, hasta entonces prominentes priistas, renunciaron a su militancia y encabezaron el Frente Democrático Nacional (FDN) que casi le arrebató la presidencia al funesto Carlos Salinas de Gortari.

 

  • caida
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  • En la elección de 1988 técnicamente el PAN nada tenía que exigir; el FDN se instaló como la segunda fuerza política obteniendo una votación del 31%, muy alejado del 17% que obtuvo el candidato panista. Por aquel tiempo Luis Héctor Álvarez, presidía al PAN con un estilo muy diferente al de su antecesor porque promovía las protestas, por eso le cayó como anillo al dedo que Don Manuel de Jesús Clouthier convocara a la resistencia civil, la huelga de hambre y las manifestaciones masivas exigiendo con determinación anular la elección, tal activismo le atrajo numerosas simpatías de la sociedad civil, que en los siguientes siete meses la dirigencia panista capitalizó oportunamente como moneda de cambio, aumentando su peso y presencia en la vida política nacional.

    Cuando esa elección presidencial quedó entrampada por las marrullerías del Secretario de Gobernación Manuel Bartlett Díaz, sembrando la idea del fraude en el imaginario colectivo, Luis H Álvarez, Carlos Castillo Peraza y Diego Fernández de Cevallos orientaron al partido hacia un rol netamente funcional; tanteando el momento previo a que las presiones sociales o las coincidencias entre Cárdenas y Clouthier se fortalecieran, enfocaron su acción actuando en una línea convergente a los intereses salinistas. El punto crítico fue sin duda convalidar el resultado de la elección argumentando un falso radicalismo de Cuauhtémoc Cárdenas, asimismo legitimar la presidencia de Carlos Salinas de Gortari a cambio de concertar con el panismo las decisiones vitales de su gobierno. Así empezó el ascenso del PAN al primer círculo del poder.

    En octubre de 1992 los integrantes del denominado Foro Democrático y Doctrinario, Pablo Emilio Madero, Gabriel Jiménez Remus, Juan de Dios Castro, Jesús González Schmal, Bernardo Bátiz y otros renombrados personajes, ideólogos del panismo, mediante una carta renunciaron a su militancia, desencantados por la forma en que el partido se posicionaba dentro del espectro político nacional. Acusaban con mucha razón a su dirigencia de: “un indebido y antidemocrático acercamiento con el gobierno y apoyo abierto a la política estatal; injerencia creciente de los empresarios en la vida del partido y autoritarismo interno, burocratización del partido e intransigencia con los grupos y opiniones divergentes…”; con la sapiencia obtenida por sus años de actividad opositora y marginal sentenciaban que: “el PAN ya no es el partido de inspiración humanista (…), que se oponía con valor y con espíritu de libertad e independencia al régimen (…), es pro-salinista, pro-liberal y pragmático”.

    El contenido de esa carta describió la clave del éxito panista. Al abandonar su posición de choque adoptando una actitud de oposición política institucionalizada, el PAN obtuvo dividendos planeados e inesperados. Mediante elecciones ganó la gubernatura de Baja California, Chihuahua y por concertación obtuvo Guanajuato; asimismo, la reprivatización de la banca, la desincorporación y remate de paraestatales, la reforma electoral y especialmente la modificación en las relaciones iglesia-estado fueron consideradas victorias culturales que crearon una enseñanza favoreciendo una nueva visión del partido, la cual dio oportunidad a otra clase de panistas poco doctrinaria, muy pragmática y tan utilitaria que cuando Carlos Castillo Peraza, ya siendo ex–presidente del PAN, derrotado y empujado casi al ostracismo, regresó para contemplar la sede nacional de su añorado partido, le confió a un amigo: “no vaya a ser la de malas que este nuevo edificio vaya a ser el mausoleo y Fox el sepulturero”. El ideólogo más polémico del PAN nunca supo que el verdadero enterrador de su partido no fue Vicente Fox, sino un tipo que él consideraba su más cercano colaborador, discípulo y mejor relevo: Felipe Calderón Hinojosa.