Opinión.

¿LA CORRUPCIÓN COMO PARTE DE LA CULTURA SOCIAL?

 

Por Ricardo García Jiménez/APIM.

Según al diccionario de la Real Academia Española (RAE) La Corrupción es la acción y efecto de corromper (depravar, echar a perder, sobornar a alguien, pervertir, dañar). En otro sentido, la corrupción es la práctica que consiste en hacer abuso de poder, de funciones o de medios para sacar un provecho económico o de otra índole.

Se entiende como corrupción política al mal uso del poder público para obtener una ventaja ilegítima. El tráfico de influencias, el soborno, la extorsión y el fraude son algunas de las prácticas de corrupción que se dan en las esferas de la administración pública, que se ven reflejadas en acciones como entregar dinero a un funcionario público para ganar una licitación o pagar una dádiva o coima para evitar una clausura, cambiar los hechos redactados en una denuncia o averiguación previa.

A la corrupción se encadenan otros delitos, ya que el corrupto suele incurrir en la práctica para permitir o solicitar algo ilegal. Por ejemplo, un policía resulta corrupto si recibe dinero de un hombre para que le permita robar en una casa sin intromisión policial. En este caso, se juntan dos delitos: el acto de corrupción y el robo.

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  • La corrupción se presenta de varias y manifiesta de diferentes formas. Lo que caracteriza a esta práctica, en general, es la forma en que quienes acuden y hacen uso de la corrupción se apropian de los bienes públicos de manera fraudulenta, extorsionan al funcionario para omita o distorsione algún procedimiento legal. Considero que la corrupción no es parte de la cultura de un pueblo, sino que es el resultado de las condiciones estructurales que predominan en una determinada sociedad.

    Ciertamente que la corrupción se observa más evidencia en las prácticas políticas con las que se conducen ciertos líderes y militantes de los distintos partidos políticos que aspira al poder, o cuando estos llegan a los espacios de la admiración pública. Los distintos grupos sociales pugnan por alcanzar el poder político y usan -entre sus herramienta- la corrupción. Pero lo más preocupantes es que la corrupción es legaliza, institucionaliza y/o legitima (los valores sociales prevalecientes en cada momento histórico lo acepta).

     La corrupción en México y en el resto del mundo es generalizada. Puede ser perseguida como delito, pero paradójicamente protegida por la ley y/o aceptada por la sociedad. En este sentido, hay quienes pretenden decir que la corrupción es parte de la cultura. Por ejemplo, cuando llegamos a una oficina gubernamental, de cualquiera de los distintos niveles de gobierno, si uno quiere que un trámite salga rápido, debe uno pagar “una mordida” para que no siga el tiempo y los causes que marcan las normativas. De ahí que esta conducta llega a confundirse como algo Natural. Pero no hay algo más alejado de la realidad que esa forma de ver y aceptar la corrupción.

    Según el informe Barómetro Global de la Corrupción 2013 de la organización Transparencia Internacional, señaló que México es un país de corruptos y corruptores.

    A nivel internacional nuestro país está ubicado en la posición 105 a diciembre del año pasado. Y a pesar de que en 2009 México ocupaba el lugar 89, en 2010 pasó al 98 y en 2011 cayó al lugar 100, las cifras revelan que más de la mitad de la población piensa que el cohecho se agravó en el año con la llegada del PRI al poder federal.

    De acuerdo con la Organismo, en nuestro país 91% de los habitantes considera que los partidos políticos son extremadamente corruptos. Y esto se debe a que dichos órganos requieren dinero para realizar sus campañas políticas en tiempos de elecciones, lo que se convierte en una forma de cultivar la corrupción.

    De acuerdo con el informe, los partidos obtienen fondos de los carteles del narcotráfico situación que podrían y ha influenciado en las acciones de estas instituciones.

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  • Seguidos en orden descendente se encuentra las policías del país con 90 por ciento de las opiniones que los enjuician como corruptos. Además, el 61% aceptó haber sobornado a un uniformado para evitarse trámites engorrosos, multas o hacer frente a las sanciones.

    En febrero se divulgó un video del año pasado, en el que un estadounidense fue “mordido” por un policía mexiquense con 620 pesos. Un mes después, otro video mostró a un policía de Naucalpan, Estado de México, recibiendo dinero por parte de un sujeto.

    Ver video:

    Por otra parte, el 87 % de los encuestados ubican en el tercer sitio de corrupción a funcionarios públicos. Tan sólo en este año y luego de que Andrés Granier Melo dejara el gobierno tabasqueño, cuatro ex funcionarios junto con el exgobernador han sido implicados en delitos graves por malversación de fondos, defraudación fiscal, lavado de dinero y enriquecimiento ilícito.

    Asimismo el 80% de los mexicanos considera corrupto al sistema judicial. Cuando en 2006 murió el ex ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Ernesto Díaz Infante, esperaba ser sentenciado por segunda ocasión por los delitos de cohecho y contra la administración de justicia. En 2003 fue condenado a ocho años y seis meses de prisión por haber recibido un soborno de 500 mil dólares y usar sus influencias para obtener la libertad del empresario Alejandro Braun, quien en 1986 violó y asesinó a una menor de seis años en Acapulco, Guerrero.

    El pasado 22 de mayo, Ana María Orozco Castillo, ex pareja del Ministro en retiro Genaro Góngora Pimentel acusó al padre de sus dos hijos de encarcelarla a través del “tráfico de influencias”, bajo el cargo del delito de fraude genérico. La mujer estuvo un año en prisión.

    En el quinto lugar de los más corruptos están con un 83 por ciento el poder legislativo. Los diputados y senadores poseen una imagen negativa ante la opinión de los entrevistados, ya que estos impulsan a los partidos desde sus filas en el Congreso para allegarse de más poder político y económico aceptando y corrompiendo a otros en distintas bancadas.

    En este rubro sobresalen dos casos emblemáticos: el senador y dirigente interino de Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM), Carlos Romero Deschamps, cuyo tren de vida de él y de sus hijos es por demás ostentoso. Según los medios posee tres yates, maneja el gremio con opacidad, y en 2012, votó la Reforma Laboral sin leerla.

    Hace un par de meses, un diario capitalino reveló que Ernesto Cordero, ex coordinador blanquiazul en el Senado, utilizó dinero público para la compra de botellas de champú para evitar la caída del cabello, así como dulces, cigarros, servicios de tintorería, incluso una playera de los Xolos de Tijuana.

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  • Con 55% de la apreciación de los entrevistados se ubican en el sexto lugar de corrupción a los Medios de comunicación. Es casi “Uso y Costumbre” que los grandes medios de comunicación sucumban ante los famosos “chayotes” o embutes que el poder político o empresarial les otorgue para el control editorial de sus publicaciones.

    En su libro Los presidentes, el reportero Julio Scherer García ubica el origen del uso de la palabra chayote para referirse a la ayuda con la que los personeros del poder suelen cortejar (con éxito) a los reporteros. De ahí que exista una complicidad mutua entre medios, reporteros, periodistas y poder político. Por ejemplo, este año, el reconocimiento de Amex (Asociación Mexicana de Editores y Periódicos AC) al Gobernador de Veracruz, Javier Duarte, a principios de abril por su “defensa a los periodistas”, causó sorpresa y enojo. El Diario de Juárez, Notiver y otros diarios, que, supuestamente avalaron el galardón, acusaron al Gobierno estatal por usar su nombre sin su consentimiento, y se deslindaron.

    En fin, ninguna institución social o política estuvo cerca de ser calificada con bajos índices de corrupción, los medios de comunicación, la industria y el sistema educativo también son considerados como corruptos, al igual que los militares, el sector salud y las ONGs.

    En 2010 directivos empresariales y del Foro Económico Mundial (FEM) afirmaron que la corrupción es una práctica que se mantiene por las fallas e ineficiencias de los gobiernos, y su costo en México equivalía entonces a 9% del Producto Interno Bruto (PIB), mientras las empresas erogaban hasta 10% de sus ingresos en sobornos.

    El informe presentado por Transparencia Internacional analizó los niveles de corrupción en 176 países, ubicando al país como una de las naciones más corruptas de América, por debajo de países como Canadá, Barbados, Estados Unidos y Chile, los cuales incluso están colocados entre los mejores 20 evaluados.

    Como puedo observarse, la corrupción en el caso de nuestro país se ha arraigado tanto que suele confundirse como un hecho naturalizado. Pero la corrupción está asociada, como ya se indicó más arriba, a una debilidad del sistema ético y moral; la falta de una clara delimitación entre lo público y lo privado; la existencia de un ordenamiento jurídico inadecuado a la realidad nacional; la inoperancia práctica de las instituciones públicas; la existencia de una cultura de la ilegalidad generalizada y reducida a grupos sociales que saben que "la ley no cuenta para ellos" mismo que fomenta la corrupción y la tolerancia social hacia ella; y la persistencia de formas de organización y de sistemas normativos tradicionales, enfrentados a un orden estatal moderno, suele provocar contradicciones que encuentran salida a través de la corrupción.

    La corrupción es un fenómeno social que ataca a cualquier grupo o clase social, se presenta por la intención de enriquecerse a costa de las demás personas. Los tipos de corrupción más notorios son, entre otros, los que se presentan dentro de las delegaciones; con los agentes de tránsito; haciendo trámites como la obtención de licencias, actas de nacimiento, matrimonio, en dónde los entes públicos piden las “mordidas” a cambio de la agilización del trámite, o simplemente para llevarlo a cabo. Los países de todo el mundo ven a la corrupción como un problema difícil de erradicar. Por lo que, la corrupción es una arbitrario social latente.