Opinión.

 

LA ALIANZA PAN Y PRD, OTROS TRES AÑOS DE DESORDEN, CAOS, Y AUSENCIA DE RESULTADOS. I/II.

 

Por Ricardo García Jiménez/APIM.

Con la virtual alianza que está por concretarse entre los partidos de la Revolución Democrática (PRD) y Acción Nacional (PAN) en la entidad oaxaqueña, ante proceso electoral del 2013, vaticinamos que se repetirá una coalición que sólo ha demostrado una inexistencia de un programa político conjunto que se ha traducido en un desorden, caos y ausencia de resultados en la administración publica del gobernador Gabino Cué Monteagudo.

Este tipo de coaliciones más que dar soluciona las demandas sociales, políticas y económicas de cientos de ciudadanos oaxaqueños, han demostrado ser el medio para saciar el hambre política de unos cuantos dirigentes y líderes de estos partidos, mientras miles de oaxaqueños han sufrido la ausencia de resultados como la ingobernabilidad social, la falta de un sistema que resarza justicia y la inoperancia en el cumplimiento de las demandas relacionadas a la gestión municipal.

Lo que hoy se presenta en Oaxaca no es sino un pragmatismo político que deja afuera valores, principios e identidad política previstos en los estatutos de cada una de estas instituciones que en teoría deberían hacer distinguir a estos dos partidos como diferentes en sus programas políticos. Lo que si es claro que con este tipo de alianzas los ciudadanos no podemos esperar nada bueno de estos malos políticos que han manteniendo a la entidad apoplética.

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  • OTROS TRES AÑOS DE DESORDEN, CAOS, Y AUSENCIA DE RESULTADOS .
  • Lo que la coalición PAN-PRD ha dejado ver en cada uno de los distritos y municipios de la entidad es que, los políticos de esos partidos ven al poder político y a la administración publica estatal como el botín que debe ser dividido en cuotas o parcelas muy bien definidas para continuar incrementando ese capital político, económico y social que han dado paso a la formación de nuevos grupos de poderes regionales.

    Estas alianzas han demostrado que unas cuantas familias cercanas a los ediles y diputados locales hoy en turno, cuyos apellidos se repiten una y otra vez en los cargos, son un símil de las practicas que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) venia manteniendo desde hace más de 80 años en cada una de las regiones de la entidad oaxaqueña.
    Estos nuevos-viejos “Usos y Costumbres” se ha visto reflejado en las demandas no cumplidas de miles de oaxaqueños que sufren la falta de servicios básicos, un alto deterioro de calles y carreteras destrozadas por la falta de mantenimiento, clínicas y hospitales sin los recursos necesarios para la atención de sus usuarios, un permanente y constante deficitario servicio educativo, etc.

    Puede afirmarse que este tipo de alianzas entre PAN-PRD, responden más a no dejar que el PRI vuelva a rescatar los espacios del poder y de la administración publica, que cuidar por los intereses de los oaxaqueños. Ciertamente estas alianzas cimbran al PRI, pero también colocan al PRD en una posición donde pueda perder el capital político que ha construido sobre la imagen de AMLO; por su parte, el PAN, no tiene nada que perder, por el contrario, después de 12 años de malos gobiernos, los espacios que hoy obtenga (diputaciones, locales, municipios o regidurías) es ganancia.

    Por lo tanto, es importante que los perredistas y panistas pongan en una balanza los pros y los contras de una alianza que no tiene sentido sino es que el conservar el poder por el poder mismo. Lógica que responda a un pragmatismo utilitarista.

    Evidentemente que una alianza de esta naturaleza sería un muro de contención a la estrategia expansionista que el PRI ha venido trabajando desde hace seis años en varias entidades del país, pero que en el caso de Oaxaca, esta institución política no ha visto el rumbo claro desde el 2006. Ya que el indiscriminado uso del poder y la fuerza publica ejecutada contra de lideres, organizaciones sociales y sindicatos, como los descarados actos de corrupción y el manejo faccioso de recursos públicos para apoyar sus campañas políticas, además de las divisiones internas, ha arrastrado al revolucionario institucional a perder gran parte de municipios, diputaciones locales, federales y la magistratura estatal.

    En la entidad oaxaqueña la alianza PAN-PRD efectivamente sería un cerco que evitaría ese expansionismo priista que ahora impulsado desde el poder federal arremetería con fuerzas a una desarticulación de los micro-grupos de poder auspiciados por esta alianza. Pero con el riesgo de una inamovilidad del aparato burocrático estatal.

    Por otra parte, debemos señalar que este tipo de alianzas no promueven una competencia democrática más justa. Ya que en la construcción de plataformas políticas comunes deja afuera todos aquellos principios e idearios políticos que distinguen a los partidos unos de otros.

    El juego político y la respectiva oferta sólo esta sustentada en imagen de los candidatos donde se presenta y vende la idea del candidato “menos malo de los malos”, pero nunca en la solución a las demandas orientadas hacia la sociedad. De ahí su riesgo.

    ¡Claro! Que en el cálculo de votos que cada partido hace en miras a una contienda electoral, la sumatoria y conjunción de sufragios impide el dominio de una sola opción política como es el caso del PRI; pero esta visión es sólo desde la perspectiva de los partidos, nunca de los ciudadanos que quedan fuera de los beneficios de las alianzas políticas.

    En nuestra siguiente entrega seguiremos aportando aquellos elementos que desde nuestra consideración colocan entre dicho a las alianzas pragmáticas entre partidos que en esencia deberían ser antagónicos por sus orígenes programáticos y estatutarios.