• Historias de resistencia
EL PARÍAN, UN PUEBLO FANTASMA.

 

Por Ricardo García Jiménez /APIM. .

El Parían, San Jerónimo Sosola, Oaxaca.- La localidad del Parían es hoy en día un pueblo fantasma que como resultado de las políticas neoliberales que permitieron la privatización de Ferrocarriles Nacionales de México desde 1995, condeno la desaparición paulatina de varias poblaciones que eran en su momento estaciones y puntos de acceso de pasajeros y mercancías de la línea del Ferrocarril Mexicano del Sur (Oaxaca-México y anexas).     

El sitio lleva el nombre de Parador San Antonio en honor al santo patrono de El Parián, San Antonio de Padua. El Parían está ubicado en las márgenes de un rio que serpentea gran parte de la sierra del sur y en uno de sus extremos la vía ferroviaria sortea el mismo trayecto cruzando valles y acantilados de las enormes montañas que dibujan soberbios paisajes que unía a las poblaciones de San Pablo Huitzo, Villa de Etla, Telixtlahuaca, Tomellín y San Juan Bautista Cuicatlán, entre otros. El Parían situado en la entrada del cañón de Tomellín, en los límites de los distritos de Etla y Cuicatlán, que junto a su vegetación, el rio y el tipo de fauna existente hacen del lugar hoy en día un espacio solitario que invita a reflexionar lo que algún día fue ese lugar.

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  • Cercano a los 20 años de haberse cerrado las puertas de lo que fuera la estación del ferrocarril El Parián se observa aún en los andenes de la estación, patio de maniobras, bodegas, calles y casas ubicadas paralelas a las vías una desolación fantasmal. Como mudos testigos de este transcurrir histórico, existen vagones de tren que la lluvia, el clima y el sol han hecho que estos se oxiden lentamente como anunciado la desaparición gradual  de lo que en alguna época fuera un lugar de intensa actividad comercial y social.

    Hoy en día se llegan a contabilizar no más allá de 10 viviendas que albergan a personas de la tercera edad, jubilados de la estación férrea y de la administración de correos, que además sobreviven de la agricultura y de los recursos económicos que sus familiares les envían desde algún otro punto de la entidad oaxaqueña o desde la Ciudad de México.

    El ahora pueblo fantasma, a través de las anécdotas que cuentan los ancianos que aún viven en ese lugar, recuerdan aquellos 100 años de intensa actividad comercial donde el silbato del tren anunciaba su entrada al Parían, donde como abejas entorno a su panal, los gritos de  vendedoras que ofrecían tortas, tacos y aguas; el grito de los cargadores que acarreaban costales y bultos a los vagones; los boleteros que vigilaban que todos los pasajeros fueran y bajaran en los lugares correctos y vecinos del lugar le conferían vida a este lugar que hoy está a punto de morir. 

    El recorrer las calles de esa localidad, hace que sus visitantes sean acogidos por un sentimiento de tristeza cuando se observar que alguna vez El Parían fue una de las localidades más importantes de comercio y transportación de la región Mixteca y Cuicateca que gracias a la estación férrea estas pudieran tener un modesto desarrollo económico. Hoy sólo quedan en el viento el eco de aquellas voces fantasmales que junto con el abandono de varios hogares y el lento desgaste de los inmuebles originales de la estación daban cuenta que el Parían fue en algún momento un lugar vivo.

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  • Platicar con los abuelos del Parían es evocar a la infinidad de recuerdos que representan historias de vidas, como aquellas que señalan que el ferrocarril hizo de esta localidad el centro comercial más importante de la comarca cuya influencia económica llegaba hasta la Costa, la Mixteca y los límites con Puebla. En sus recuerdos los abuelos indican que el Parían vivió una gran bonanza en la de cada de 1940 cuando en ese entonces México entro a la Segunda Guerra Mundial, y como país aliado era importante mantener en movimiento la industria militar suministrando desde diferentes puntos de las regiones mixteca, cuicateca y costa materias primas para que los aliados continuarán la guerra.

    Era común ver, señalan los más antiguos de estas tierras, a los cargadores trasladar costales con todo tipo de semillas, metales, animales y una gama de productos artesanales a las bodegas del Parían para que después fueran subidas a los vagones. Además señalan, en la casa de los del Muro, comerciantes españoles que poseían grandes bodegas y materias primas que compraban a los habitantes de las rancherías, era cotidiano ver como se hacían los grandes negocios entre los españoles, mestizos y mixtecos que la cantidad de dinero era enorme que orillo a que en el Parían se fundaran dos bancos para las transacciones comerciales y giros postales.

    El Parián también fue importante, señalan los viejos, porque allí se concentraba el ganado, granos y toda tipo de mercancías como telas, ferretería, ropa, bebidas que venían de otras partes del país y que se mercadeaban en algunos puntos de la región mixteca y cuicateca.   Por eso esta estación era importante por la diversidad de mercancías.

    Pero con la desaparición del Ferrocarril Mexicano del Sur también murió una parte de su población, porque todos los habitantes del Parían y de sus rancherías cercanas dependían directamente de la estación férrea, que les había permitido en su momento montar negocios de abarrotes, tlapalerías, panaderías familiares famosas por la elaboración del pan de pulque o pan del Parían, fondas, telares, dos bancos y la administración de correos.

    Una vez canceladas las corridas hacia los distintos poblados de Oaxaca, Puebla y México, los negocios decayeron, donde muchos de sus propietarios dejaron de vender sus mercancías ante la baja afluencia de visitantes y con el paso del tiempo tuvieron que cerrar y abandonar el Parían.

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  • Los ancianos del lugar señalan que para el año de 1995, El Parián empezó su éxodo de grandes contingentes de personas y para fines de 2006 ya estaba casi deshabitado, porque las familias emigraron en busca de mejores oportunidades de vida para ellos y sus hijos, y solamente quedaron los abuelos o aquellos que fueron pensionados por Correos y Ferrocarriles de México.

    Con la migración de la mayoría de los pobladores, la localidad ha ido muriendo poco a poco, al punto que los servicios de agua potable, electricidad, pavimentación, salud y educación ya no son prioridad para el gobierno, señalan sus pobladores.

    Los viejos recuerdan que allá por fines de la década de los años de 1960 en la primaria del lugar había dos profesores por grado y un director, y hoy, sólo hay tres maestros que atienden a dos grados cada uno de ellos. Señalan que el total de alumno no es mayor a 15 niños. Lo mismo pasa con la oficina de correos, ya que según ellos, hacia finales de los años de 1950 existían cerca de 50 empleados, y hoy, solo hay un encargado.    

    Evocar a los recuerdos de gente que le dio grandeza de este pueblo, es observar los vestigios de la tiendas que ofrecían y compraban todo tipo de mercancías, es observar el viejo edificio donde en alguna ocasión fue un cabaret que daba vida a las noches del Parían donde entorno a una vieja corola se escuchaban la música de “toña la negra”, María Luisa Landin, Javier Solís y las grandes danzoneras alegraran el local para que las damas de la noche hicieran más apacible la espera del tren de los varones viajantes.

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  •  Hoy los escasos 50 habitantes que integran el Parían luchan heroicamente por no dejar que el tiempo, las adversidades climáticas, y la indiferencia de las autoridades acabe con lo que en algún momento fue una de las localidades más importantes de esta parte de la región Mixteca-Cuicateca. Sus habitantes, hijos, nietos desde sus nuevas ubicaciones y actividades luchan por rescatar el Parían para transformarlo en un pueblo que albergue un museo, los patios y estación del ferrocarril como un lugar de recuerdo con el fin de que sus visitantes puedan conocer lo que fue la historia de este poblado.