COSAS DE LO HUMANO.

 

Por Josué Ibarra /APIM. .

Hay infinidad de ideas que intentan describir a eso que nombramos Poesía, que dicho sea de paso, siempre será impreciso. Pero a la vez, como paradoja maldita, hay algo en esa tentativa que nos conforma y, lo más importante, es que nos hace. ¿Por qué? Porque no nos importa tanto discutirlo con los demás: tal parecería que guardamos esas ideas celosa y testarudamente, como hacer que cada quien la hace como quiere y la define como quiere. En efecto, cada quien la practica a su modo y no sólo eso: la traemos al costado toda la vida.

A mí me gusta pensar la Poesía en las palabras de José Gorostiza: <<como un objeto del que tenemos la certeza que está ahí pero no sabemos cómo nombrarla>>. Entonces buscamos miles de artificios para hacerla de nosotros, por lo que siempre recaerá en materia: la ingeniería de un barco, un avión, un motor, un software, una silla, una hamaca, un poema. Es decir, todo lo que construimos sobre el mundo se contiene en lo poético: todo está hecho con un principio poético. De ahí que siempre, las cosas que están bien dispuestas o muy bien hechas, nos colma la boca y la luz de los ojos la expresión: “Esto es mera poesía”.

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  • Entonces bajo este mi criterio, quiero resaltar que el poema o los poemarios se van a definir bajo la estructura o la composición del poeta, así como cualquier ingeniero hace funcionar su sistema.

    De esta manera, el siguiente poema intenta nombrar el estado o alma en la que se mueve lo humano.

     

    Orfandad

    Del tiempo que nos separa en la vida
    Hay algo que se parece a la soledad.

    Es el tiempo de nuestro tiempo
    que nos abandona
    que nos obliga con la palabra "qué".

    Es la insistencia de preguntarnos.
    Es la exigencia que nos separa
    y nos hace huérfanos.

    Nunca tanto estuvimos tan solos,
    o más bien, nunca hemos sentido tanto
    para después no saber qué hacer:
    Somos la víctima del cuerpo que matamos.

    Vivimos en la era del reclamo,
    de la manía de alejarnos
    para que nos reclamen.

    Hoy la palabra soledad
    se confunde con el miedo.

    Hemos dejado de ser buenos a propósito
    en una guerra que no es nuestra y es de todos.

    ¿Qué es este poema sino las ganas de hacerte llorar, Hombre?

    De hacerte capaz de ya no decir tanto que sufres
    Que tu erotismo ya no tiene sexualidad
    y que por eso te mutilas tus genitales
    y les seguimos dando niños a la tierra.

    Cuando entiendas, entonces,
    que estamos solos por soledad
    re-invetaremos el aire, el agua,
    la tierra y el fuego.

    La entropía dejará de ser teoría
    para hacerse experiencia
    y Ser de ti, de mí.

    Quiero extender más mi reclamo:
    pero qué es esto sino las ganas de ser feliz en un poema
    que asesine la desventura de mi generación.

    Por Josué Ibarra/APIM.