LA LABRANZA EN SAN JUAN DIQUIYÚ.

 

PorRamón John & Ricardo García J./APIM.

Heroica Villa de Tezoatlán de Segura y Luna, Oax.- Como parte de los rituales católicos que antecede a la temporada de la cuaresma en las comunidades de la Mixteca oaxaqueña, como lo es la localidad de San Juan Diquiyú, la elaboración de las velas, mejor conocida como la Labranza, es uno de esos rituales que tiene un gran significado para los miembros de esta comunidad, donde los integrantes de la Mayordomía del Sr. De Chalma, patrono de la comunidad, es festejado el primer viernes de cuaresma, reuniendo a la Cofradía del lugar con propósito elaborar todos aquellos ornamentos necesarios para la celebración de su patrono, pues siendo parte de las tradiciones y las costumbres, las velas no se adquieren o compran en el mercado, sino que es obligación de sus miembros elaborar cada una de ellas que se utilizan en las procesiones, los novenarios, bautizos, bodas, funerales y demás actos relacionados con la liturgia católica.

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  • Reseña Histórica

    El proceso de evangelización en la Mixteca fue esencial para consolidar la conquista cultural y espiritual de las civilizaciones de Mesoamérica; el culto a las divinidades del panteón mixteco fue sustituido por los la veneración al Cristo Jesús, la virgen María y los santos; en esta parte de la Mixteca, una vez caído el imperio de Tenochtitlán en 1521, los frailes Dominicos fueron los encargados de convertir al cristianismo a los naturales con los bautizos a grandes núcleos de población de esta región, de ahí la existencia de iglesias en espacios abiertos como en Yanhuitlán o Teposcolula. No obstante en los asentamientos de las zonas montañosas, los frailes tuvieron que buscar formas de combatir a la antigua religión e incentivar el nuevo culto para la propagación de la fe, así que había que incorporarlos no solo en el número de creyentes, sino que participaran en una forma más activa en la liturgia.

    La intensa labor de los dominicos durante los tres siglos de la Colonia no solo fue religiosa, también la complementaron con formas de organización para la grey católica indígena, ya que ante la falta de más frailes que pudieran oficiar los servicios instruyeron a los indígenas para auxiliarlos en esa labor. Esta tarea implicó enfrentar a las autoridades del virreinato al considerar el proceso de evangelización como la “oportunidad” de construir una nueva sociedad que no pudo realizarse en la España precedida a la conquista. En la Nueva España, el nuevo mundo, los religiosos organizaron a los naturales en las llamadas Cofradías, que no eran exclusivamente para las fiestas de los santos patronos, también servían como un sistema de ayuda económica para las mismas comunidades. Las Mayordomías se encargaban de los festejos del santo patrono cada año, y bajo la tutela de los religiosos, un sistema sociocultural permitido por la nueva religión hacía que los nuevos miembros tuvieran una participación sin distinciones como era en la etapa anterior con las castas sacerdotales antes de la llegada de los españoles.

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  • En la actualidad ningún miembro de San Juan Diquiyú puede citar quién o quiénes específicamente, dejaron instituida esa costumbre de la labranza, muchos de hecho no son consientes del por qué se elaboran las velas, consideramos que este ritual ha sido un legado de generación en generación, sobre todo por los usos y costumbres de carácter cívico-religioso; los mayordomos y demás socios al asumir el cargo tienen que cumplir con la elaboración como ha sido practicada desde tiempos inmemoriables.

    Organización de las Mayordomías

    En San Juan Diquiyú existen tres mayordomías: la del Sr. De Chalma, la del Sr. San Juan, y la del Niño Dios; aunque cada festejo es en fechas distintas, comparten la casa de la Cofradía y son responsables de recibir los bienes que les conceden los miembros de la Mayordomía anterior como son las cajas para guardar las velas, los aros, las cazuelas, y demás implementos. En cada una de las mayordomías el primer, el segundo y el tercer Mayordomo son quienes tienen a su cargo dirigir al resto de los socios en las labores, asignando distintas tareas de trabajo como son la comisión de embajadores para atender a las autoridades, a los invitados y a los músicos; otros acomodan las mesas y las sillas, cortan leña, preparan el lugar donde se va a cocinar los alimentos para todos los invitados, sacrificar a la res, al chivo o al borrego para la barbacoa, y van por lo que haga falta.  

    Algo que cabe resaltar es que las esposas de los integrantes de la Mayordomía también participan en las labores, sobre todo en la preparación de los alimentos; ellas se organizan de acuerdo al lugar que ocupan sus esposos y se reparten las tareas según el grado de importancia e intervención, por ejemplo: los últimos lugares lavan trastes, atienden las mesas y van a repartir comida a quienes dieron un apoyo ya sea tortillas, limosnas o cualquier obsequio como manteles, portacirios u otros.

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  • La mayordomía del Sr. De Chalma tiene 35 integrantes, se encarga de la fiesta del primer viernes de cuaresma y una vez concluida se busca a los nuevos miembros, la aportación económica para sufragar gastos oscila en cinco mil pesos. La mayordomía del Sr. San Juan hace los festejos del 24 de junio y del 29 de agosto, consta de 30 elementos, la aportación es de cinco mil pesos. La mayordomía del Niño Dios es de 30 personas y la fecha de la fiesta es el 24 de diciembre.

    Hasta el año pasado la integración de las mayordomías era un asunto tratado las autoridades civiles, los cuales se seleccionaban a quienes no tuvieran algún cargo en la agencia, en los comités de la comunidad, o bien, en otra mayordomía. Una vez conocidos los nombres de las personas, el agente y su suplente los llaman para notificarles su elección así como el lugar que ocupan, los primeros diez lugares son los más difíciles de aceptar por la responsabilidad que conlleva organizar la fiesta al santo patrono ya que tienen que coordinar a todos los socios, convencer a la banda local para que amenice con su música, contratar al grupo o sonido para el baile principal y el hecho de hacer una buena fiesta. En este año, por acuerdo de asamblea, cada mayordomía tendrá la responsabilidad de buscar a sus sucesores.

    Proceso de elaboración

    Acordada con anticipación la fecha para realizar la labranza, ante la cercanía de la cuaresma, los integrantes de la Mayordomía aportan una libra de cera virgen que se deposita en un petate al interior de la casa Cofradía y cuyo peso es verificado por los mayordomos. Desde unos días antes se consigue la leña que se va a ocupar y se hace un cálculo de cuanta gente va a participar, incluyendo las autoridades de la Agencia Municipal, Regidores, Bienes Comunales, Consejo de Vigilancia, Alcaldía Constitucional y la Comandancia, además de las otras dos mayordomías. El día de la preparación, por lo intenso de la jornada, se les invita un almuerzo; mientras concluyen los alimentos el fuego calienta las cazuelas, y las velas ya utilizadas se cortan en pedazos para ser depositadas junto con las libras de cera virgen.

    Una vez derretida la cera, en estado líquido se lleva al interior de la cofradía y comienza el baño de los hilos o pabilos colocados en dos aros, donde la mayoría de los asistentes participa haciendo varios turnos pues en el lugar el calor se concentra y conforme pasa el tiempo permite una distribución de la actividad para finiquitar el baño de pabilos. Los músicos locales amenizan las horas en que dura la elaboración siendo una jornada intensa en la que poco a poco los delgados hilos van adquiriendo la forma y el grosor aceptado.

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  • Cuando ya tienen las dimensiones pertinentes se van depositando en una mesa al mismo interior de la Cofradía, que al final serán cerca de treinta o cuarenta piezas de vela, el componente será la cera virgen de abeja, y si alguna cera no cumple con los requisitos de su pureza, no se acepta. Contabilizadas las piezas de velas, se procede a darles un baño de agua para enfriarlas y pasándolas varias veces sobre la superficie plana de la mesa, quedan más firmes y listas para su uso, sin quedar con deformaciones o exista una clara diferencia entre tamaños y medidas, todas deben tener el mayor grado de uniformidad. Este mismo procedimiento lo hacen cada año las otras mayordomías y también en fechas diferentes.

    El sentido simbólico.

    Ciertamente que la labranza consiste en la confección de velas nuevas, pero en la labranza, es algo más que “hacer velas”, es un espacio y momento que propicia la reunión de todos los mayordomos, fiscales, principales y el alcalde municipal, que como representantes de las distintas autoridades que coexisten en un mismo territorio, son testigos del derretir las velas viejas para elaborar unas nuevas que se ocuparán en la misa y procesión del santo patrono del lugar.

    Este acto simbólico de muerte y resurrección, nacer-morir-renacer comienza alrededor de las cuatro de la mañana, previo al amanecer que representa para los originarios de estas tierras, la oportunidad de iniciar un ciclo de festividades.

    Hacer velas es una actividad exclusivamente de hombres, señalan los lugareños, sin embargo, las mujeres se reúnen en la cocina para hacer el almuerzo de todos. Ellas llegan desde la noche anterior y no duermen, pues se pasan toda la madrugada trabajando guisando y preparando alimentos.

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  • Asimismo, para el desarrollo de la labranza, se contrata música para que toque durante el proceso de elaboración de las velas. La música armoniza todas aquellas divinidades que también se congregan en espíritu para que la vela cobre cuerpo y pueda, según citan los hombres, titilar buena luz cuando las velas se prendan. El titilar de la llama, es característico de estas velas, ya que el vaivén de las misma puede anunciar quien sabe leerlas, una buena temporada de siembras, un año de tranquilidad para la comunidad o vaticina cuantos de los abuelos dejaran estas tierras.

    Por eso, la elaboración de las velas, cobra una significación espacial por quienes las elaboran, pues es más que solo “hacer velas”, coinciden en señalar los hombres que intervienen en la labranza.   

    Finalmente, el rito de la labranza, es una costumbre que encierra en la elaboración de velas, varias dimensiones simbólicas que los mestizos y occidentalizados no llegamos a comprender, por ejemplo el color el tamaño y de las mismas manifiestan el color de los hombres y mujeres de estas tierras indígenas, que al prender el pábilo de la vela o cirio, como es también llamado común mente, colabora alumbrar durante las procesiones el camino del santo patrono del lugar. También es importante señalar, que la elaboración de las velas o labranza, no tiene un fecha precisa, pero según los hombres de esta comunidad, tiene que ser antes de iniciar la cuaresmo y antes de que comiencen las primeras lluvias. La labranza es pues, una manifestación cultural única que esta en riesgo de desaparecer su sentido mágico.