EL TIANGUIS TRADICIONAL DE MAGDALENA JALTEPEC.

 

Por Ricardo García Jiménez/APIM.

En el municipio de Magdalena Jaltepec, localidad mixteca perteneciente al distrito de Nochixtlan, cada sábado desde hace varias décadas se instala uno de los tianguis que congrega a cientos de habitantes de esa región, y es considerado el segundo más importante de esa parte de la mixteca.

Este tianguis o mercado tradicional es una de las antiquísima institución que hunde sus raíces en los mismos orígenes del pueblo mixteco, mismo que al día de hoy conserva los usos y costumbres en la forma de efectuar el comercio.

Para la población originaria de región el mercado de Jaltepec representa un espacio social, cultural y económico que permite conjugar un importante calendario de actividades comunitarias y económicas que realzan su sentido e identidad de quienes acuden a ese mercado a vender o comprar, ya que no existe prácticas comerciales como las que se desarrollan ahí, que comparadas a la forma en cómo se desarrolla la actividad comercial de los mercados modernos, en Jaltepec lo comercial tiene un sentido diferente, un sentido apegado al encuentro de lo humano.

Ya que según quienes acuden a este espacio, el mercado de Magdalena Jaltepec es el lugar de reunión y punto de encuentro de amigos, parientes, vecinos o gentes de otros pueblos que no se habían visto desde hace tiempo. Para ellos el tianguis es además el espacio social donde se conjugan olores, colores, sabores, significados y cierto misticismo que muestran la identidad de un pueblo.

Se puede observar que en el tianguis de Jaltepec, a diferencia de los mercados modernos, este espacio es mucho más que un lugar donde se realizan la compras de mercancías, que comparado con los productos que se expenden en las grandes tiendas comerciales al estilo de Walt-mart que sólo confiere una falsa ilusión a quienes compran sus productos, resulta contrario a los productos que ofrecen en los tianguis tradicionales ya que estas mercancías son el producto directo de una práctica cultural que va apegada a la identidad de la tierra y de quienes forman parte de ella.

Por eso el mercado tradicional, el de las comunidades que a ún poseen rasgos indígenas, es el lugar donde el esfuerzo del trabajo de la familia cercana o lejana se ve concretiza en la mercancía que intercambian por otros productos o mercancías que también son el producto del trabajo de otros como ellos. Aquí el reconocimiento y respeto al trabajo de los otros es importante, ya que su taza de equivalencia o conversión entre lo que es vendido y es comprado no está mediado por un sentido de acumulación o explotación definido por el capitalismo moderno. Es en Jaltepec donde existe todavía un “modo” de practicar el comercio que se creía casi extinto como el trueque.

Junto con el trueque, el “regateo” no tiene un sentido de lucro económico, no, sino más bien es un instrumento de encuentro humano, de respetar y hacer justo el valor de una mercancía que se va a intercambiar porque en ella se encierra el trabajo, la historia y la identidad de toda una familia y de un pueblo. Si no hay regateo no es buena la venta ni la compra dicen los comerciantes de Jaltepec. Su sentido de intercambio a través de “negociar” toma la forma de no someter ni ofender a nadie, el acto del regateo a través de la compra o del trueque denota el respeto al esfuerzo y trabajo entre iguales. Aquí todos ganan y no se busca el lucro.

Pero junto a este sistema de comerciar a través del trueque en base a lo “justo” se desarrolla a la par la compra y/o venta de mercancías con el patrón monetario que se utiliza en cualquier transacción comercial, pero los clientes y mercaderes de Jaltepec después de las 12 horas del día y hasta después de las 6 de la tarde comienzan a utilizar el trueque y el regateo para sacar las mercancías no venidas para que no se queden rezagadas. Es cuando en ese momento se da el “modo” para intercambiar mercancías entre los comerciantes.

Es cuando se cambia entre iguales: 10 tunas por 10 elotes, 6 tortillas por 10 elotes, 3 plátanos por un mago, 3 cebollas por tres jitomates, o ½ kilo de bistecs por dos sombreros de palma, medio litro de pulque por una penca de plátanos, 3 chivos por un borrego, 4 borregos por una res, 10 gallinas por un chivo. La taza de equivalencia queda sujeta a la conciencia y buen pensamiento de los comerciantes que no buscan un sentido del lucro.        

El mercado de Jaltepec es un arco iris de mercancías ya que en él se pueden adquirir huaraches y zapatos, ollas y comales, como semillas y frutas, comida preparada como carne  en canal. En Jaltepec la diversidad de mercancías es tan basta que sigue existiendo una zona específica para la venta, compra e intercambio de vacas, toros, burros, chivos, borregos, mulas, caballos, gallinas y cerdos; como en otra zona el poder también intercambiar  semillas como frijol, trigo, maíz, calabaza entre otras. Por eso este mercado es diferente como los comunes.

Los concurrentes a este tianguis forman una catarata de rostros, vestidos, sombreros y calzados muy característicos de esta parte de Oaxaca. Forman un caleidoscopio que nos remiten a nuestro pasado indígena más remoto como a nuestro presente tan diverso y complejo.

La presencia de la mujer que vende en este mercado tiene un papel fundamental en la vida del comercio y de las localidades de donde provienen, ya que ellas producen, trasportan, venden y regatean la mercancía de la que disponen a los clientes.

La mujer es motor de la economía familiar en las culturas indígenas, y es ella la encargada de adecuar, situar y hacer circular lo que en sus huertos o pequeñas parcelas producen familiarmente. La mujer mixteca es trabajadora fuerte y negociadora flexible cuando de regateo se trata, la mujer que comercia en el mercado de Magdalena Jaltepec, crea y recrea este espacio como un lugar femenino.

La naturaleza vibra y reverbera en el mercado de Magdalena Jaltepec, ya que las flores y frutos tienen el efecto transformador que acompañan a sus visitantes induciéndolos a estado  de tranquilidad. El mismo efecto de mitigar la ansiedad lo hace el pan, el chocolate de agua que pueden acompañar a unos chilaquiles con tasajo o un chilate, o disfrutar de una exquisita barbacoa de chivo o borrego.

Visitar el Mercado de Magdalena Jaltepec es vivir una experiencia de una práctica que esta por desaparecer. Estar ahí posibilita ser testigos de un acto de resistencia de sus vendedores y compradores que luchan por evitar en lo posible el ser absorbido por una práctica de un comercio injusto y lucro como está definido hoy por el libre mercado. Estar un sábado en este tianguis comprando u observando es sentir la comunión que existe entre el tiempo y el espíritu que conviven en perfecta armonía y que definen el sentido tradicional del comercio practicado todavía en municipios indígenas mixtecos.