EL TEMAZCAL, UNA TRADICIÓN QUE SE RESISTE A DESAPARECER.

 

Por Ricardo García Jiménez/APIM.

Asunción Nochixtlan, Oaxaca.- Aunque los baños de vapor han sido usados por distintas  culturas indígenas en diversas partes del conteniente americano, el temazcal ha tenido una importancia especial en las culturas prehispánicas, tanto por motivos religiosos, como un medio para la sanación de diferentes padecimientos.

En nuestra cultura se pueden encontrar vestigios de temazcales en numerosas zonas arqueológicas como las de Teotihuacán, Monte Albán, Tula, Tlatelolco, Comalcalco y Xochicalco. También se han encontrado restos en la zona maya en lugares tales como Palenque, Chichen Itza, Tikal, Tulum, Piedras Negras e Iximche. Se estima que las ruinas de los temazcales de estas importantes ciudades datan en promedio a los 1,200 años de antigüedad.

El Temazcal, del náhuatl Temazcalli o del  mixteco Ñihi, significan “casa de vapor”. En esencia es un baño de vapor de agua en el que se utilizan hierbas aromáticas propias de cada región para ungirse en el cuerpo que tiene la propiedad de limpiar impurezas y exfoliar la piel. Pero el término se refiere tanto al lugar donde se practica, como al evento en el que se participa.

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  • Para la tradición indígena el Temazcal representa simbólicamente el vientre de la Madre Tierra. Su propósito simbólico es presentar la génesis del ser, el cual se encarna en los hombres que son arrojados del vientre materno a este mundo, es decir, el temazcal muestra que el espíritu del hombre puede renacer libre si este a traviesa las puertas de los mundos en las que es necesario desprende todo mal para sanar los cuerpos físico, emocional, mental y espiritual que le ayuden a mantener un equilibrio para poder habitar este mundo.

    Pero hoy en la mixteca, en particular en la micro región de Nochixtlan, el baño de temazcal es una síntesis de aquellas prácticas ejercidas milenariamente por los habitantes de estas tierras; ayer como hoy, los baños se realiza dentro de diversas estructuras que sirven para ese propósito, que van desde unas casetas en forma de cúpula de pequeña dimensión, comúnmente llamadas toritos, construidas con mantas, petates o pieles sobre varas, hasta edificaciones de adobe,  ladrillo y cemento que permiten identificar básicamente dos diferentes estilos de la practicar de estos baños:

    • Temazcal de calor seco. En estas construcciones que generalmente posee la forma de cúpula o de iglú, pero en su parte posterior incluyen un deposito en el que introduce leña o algún tipo de combustible que sirve para calentar piedras (de origen volcánico o de río) las cuales una vez calentadas se les rocía una infusión de yerbas diversas y evaporiza el líquido que impregna el interior de la estructura.
    • Temazcal de calor húmedo. En estas construcciones presentan una forma cúpula o de iglú, pero a diferencia de la anterior, se introducen las piedras previamente calentadas al rojo vivo y se depositan en un recipiente ubicado dentro y al fondo de la construcción para que también con la infusión de yerbas se rocíen y esta evapore envolviendo el interior del recinto, en ambos casos la temperatura se regula según el tipo de ceremonia y/o uso que se le esté destinado.

     

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  • Los participantes de estos baños son conducidos por un sudador o temazcalero que continuamente vierte la infusión de plantas sobre las piedras calientes para mantener constante la temperatura del Temazcal. El vapor es dirigido con un ramo de plantas y/o ramas de árbol de pirú con las que se abanica con movimientos suaves el vapor haciéndolo bajar y dirigiéndolo a los participantes. Simultáneamente el temazcalero habla y entona cantos para invocar a los dioses de los cuatro puntos cardinales y a los dioses de los cuatro elementos para que el vapor sea “Un vapor bueno” y ayude a los propósitos de la sanación del asistente.

    En la actualidad esta práctica sobrevive gracias a la tradición de las distintas comunidades indígenas de la región mixteca en particular, su uso ha sido tanto terapéutico y relajante como un ritual de consagración a sus deidades, y a últimas fechas se ha sofisticado su aplicación en la medida que se practica en toritos de cemento o barro destinaos a grupos que buscan experiencias espirituales como medio alternativo a sus enfermedades físicas o espirituales aplicando masajes, hidroterapia, aromaterapia, visualizaciones y ejercicios de meditación.

    Pero hay que señalar que atrás de toda práctica cultural existe un ritualismo que confieren una identidad y sentido a la existencia de los practicantes, por lo tanto, el baño de temazcal es hoy una herencia de un conocimiento ancestral que dibuja en quienes practican de él, una visón simbólica del mundo y de la realidad a través del baño de vapor.

    El ritual como lo practican en esta parte de la mixteca se inicia con el encendido del fuego y se acompaña con música elaborada con instrumentos autóctonos y cantos emanados de la tradición, pero ante la ausencia de estos instrumentos, solo se utiliza la flauta de viento. El encendido implica, según la sabiduría antigua, aprender a trabajar con los espíritus del fuego, el agua, el aire y la tierra y a generar las condiciones para la liberación y transmutación de lo que no sirve en el cuerpo.

    De ahí la importancia que quien cuida el fuego e introduce las piedras, quien las recibe, quien sahúma a los participantes, quien deposita medicina (yerbas) en cada piedra, quien trabaja en el  acomodo a las piedras, quien cuida el ombligo del temazcal y quien corre el ritual a quien se le consagra para depositar el agua en las piedras, es buscar la armonía entre todos los elementos y los dioses bajo un conocimiento preciso. Por eso quienes participan en la ritualidad del temazcal deban poseer una sabiduría que les permita desarrollar a cabalidad las diferentes etapas que contempla esta práctica. 

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  • En un primer momento este ritual contempla que el temazcalero deba bendecir el evento, el lugar y a los participantes así como solicitar permiso al “gran dador de vida” o a la naturaleza para realizar el temazcal. Cada participante es purificado previamente con ayuda de incienso, luego de lo cual se puede ingresar al mismo. Esta etapa se lleva a cabo, generalmente, fuera del temazcal y podría decirse que la única etapa fría.

    En U segundo momento en temazcales de calor húmedo, las piedras son calentadas sobre una pila de carbón hasta el rojo vivo, luego las piedras no ingresan hasta el comienzo de llamada “la primer puerta”. En esta etapa, los participantes ingresan al temazcal solicitando permiso a los dioses utilizando la palabra “ometeotl” que significa, en nahuatl, “dos energías”. El ingreso y egreso del temazcal se realiza en sentido de las manecillas del reloj respetando lo que se conoce como el trayecto de la serpiente.

    Una vez que han ingresado todas las piedras (entre 13 y 15) la puerta de ingreso es cerrada. Así como el ombligo del temazcal que se encuentra en el cenit o  la parte superior de la cúpula es tapado con un petate o cobija. Cabe destacar que los participantes pueden ingresar desnudos o con ropa interior, señalando que al cerrarse la puerta el interior del local queda totalmente obscuro.

    Antes de cerrar la puerta, la medicina que va a ser utilizada, yerbas varias, son mostradas a cada uno de los participantes quienes la reciben, respetando siempre el sentido de las manecillas del reloj. En el interior se canta y se inhala lentamente el vapor impregnado con el olor y el efecto curativo de las yerbas medicinales. Se utiliza un tambor y un caracol de mar o a faltra de estos, como ya se indicó una flauta de viento para hacer la música. Una vez que el temazcalero considera que el ciclo ha sido terminado, se mencionan el número de la puerta, en nahuatl, y se grita “Puerta”. Después de lo cual la puerta es abierta, lo que refresca el lugar.

     

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  • Simbólicamente quienes practican del temazcal son considerados “guerreros” ya que el estar dentro del local es un enfrentamiento a los miedos, la oscuridad, el calor y la incomodidad que  puede sentirse, es una disposición y también afinar las capacidades y facultades del participante por controlar tanto sus fobias como su inquietud, a la par que respira lentamente para evitar quemarse. Como el calor se irradia y el efecto lo eleva hacia arriba, la parte más fresca del temazcal se encuentra en el piso donde la temperatura se mantiene entre 23 y 25°C, cuando una persona no soporta el calor se recuesta al piso, donde se cree, la madre tierra lo cobija y cuida, calmando la ansiedad por la dificultad de respirar.

    Posteriormente el  temazcalero pueda usar la palabra y compartir de la filosofía del temazcal. Nuevamente comienzan los cantos y dependiendo del tipo del temazcal es posible que después de cantar se abra un espacio “de pelea” para que los participantes se enfrenten al calor maldiciendo o evocando palabras que ayuden a combatir el calor. Además, dependiendo de la altura de los temazcales, los participantes pueden realizar ejercicios suaves, sin embargo, hay que recordar que el incremento de la temperatura así como la falta de aire fresco provoca que el ritmo cardíaco se eleve, lo que significa que realizar ejercicios de pie supone un gran esfuerzo sobre todo porque la cabeza se encuentra muy elevada lo que significa un contacto directo con la parte más caliente del temazcal.

    En esta otra etapa se presenta como el declive del calor, la maduración de los pensamientos que en ella se dan  la cual se pude utilizar perfectamente para meditar y entrar en contacto con uno mismo. Los participantes suelen tirarse al piso para sentir un regreso gradual a la temperatura normal.

    El final de esta etapa significa también el final del ritual del temazcal aunque en algunas tradiciones se consideran una quinta y sexta puertas, además el orden y franquear cada una de las puertas definen la entereza y sagacidad del “Guerrero”

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  • . Así las personas salen del temazcal agachados, o en cuclillas, el egreso se hace respetando el sentido de las manecillas del reloj. Una vez afuera, los guerreros o participantes son bañados con agua fresca, lo que sugiere el último combate contra el último de los miedos, el miedo al cambio brusco, al choque térmico, el abandono del estado de confort que supone el vientre materno.

    El conocimiento de la tradición de los temazcales es transferida de manera oral de una generación a otra, el evento puede variar de región a región, pero siempre se le va agregando nuevas conocimientos que se descubren para que estos puedan cumplir con las expectativas generadas. Esta tradición indígena es una de las tantas que resiste por no desaparecer ante las nuevas culturas que el capitalismo moderno trata de combatir. Por eso el uso de estas prácticas es celosamente cuidada por los originarios de estas tierras.

     

    Fotos: Ricardo García Jiménez/APIM.